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Sagradas Escrituras: Hombre y mujer

By Pbro. Mario Montes M. / Animación bíblica, Cenacat Octubre 26, 2023

Todos conocemos el pasaje de la creación del hombre, tal y como lo afirma Gén 1,26-27, cuando dice (en boca del Creador), lo siguiente: Y Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo”. Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer. Preguntémonos: ¿Sería una pareja, como nos imaginamos o ellos tienen una fuerte carga simbólica?

Como vemos, la obra culmen de Dios de la creación es la pareja humana y ocupa el último lugar, la cima de la pirámide cósmica (Gén 1,26-31); es la puerta que, en el universo, da acceso al Creador. La forma en que el autor expresa la creación de la humanidad, manifiesta hasta qué punto le fascinó esta obra divina. La va presentando en tres pasos consecutivos: deliberación, realización y contemplación. Veamos:

En primer lugar, el Creador piensa en lo que va a hacer y lo comunica a su corte celestial (ver 1 Re 22,19- 23; Jb 1,6); de ahí el plural hagamos. Al decir 'Adam=hombre equivale a humanidad; este sustantivo no admite plural y su femenino significa tierra, no mujer. El hombre será creado a imagen y semejanza, términos que no son sinónimos: selem= imagen una copia plástica -estatua- y demut=semejanza indica una correspondencia o parecido. Ambas características son propias del ídolo, imagen que se parece al modelo y lo hace presente.

En segundo lugar, sigue la ejecución de la obra. El autor se recrea en ella y la formula en prosa rítmica, con pretensiones poéticas: Y creó Dios a los hombres a su imagen; a imagen de Dios los creó; varón y hembra los creó. Por tres veces reitera el verbo crear, indicando el culmen de lo creado; dos veces a imagen, en referencia al modelo. Enseña que la diferencia entre los sexos pertenece al orden divino y que esa diferencia es algo bueno, pues responde a lo que el Creador pretendía al formarlos tal como son, sexuados, capaces de amar, vivir y dar vida. En el presente texto no hay ni asomo de la creación de un andrógino, sino de seres individuales y sexuados. Andrógino es el ser que reúne los dos sexos en el mismo individuo o persona.

Finalmente, Dios los contempla y asocia a su obra; los hace partícipes de su soberanía: los bendice y les otorga poder sobre el resto de las criaturas: Y los bendijo, diciéndoles: “Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra” (Gén 1,28).

 

Enseñanzas de esta “pareja especial”

 

El relato de la creación constituye el proyecto de Dios a la humanidad para que construya una sociedad según los criterios divinos. Cuando Dios dice: "hagamos a los hombres a nuestra imagen y semejanza" (Gén 1,26), se dirige directamente a nosotros, que estamos leyendo este conocido pasaje. Dios nos hace una propuesta: "Hagamos a los hombres". Es decir, el Señor afirma: "Ustedes y Yo construyamos una sociedad plenamente humanizada". El Señor nos ofrece su ley y su ayuda para comprometernos en la construcción de la sociedad pacífica y solidaria. Dicho en términos del Nuevo Testamento, el Señor nos compromete a edificar el Reino de Dios.

El compromiso específico del ser humano (Gn 1,26-31) El relato destaca la importancia del ser humano describiendo su origen mediante la triple utilización del término "crear" (Gén 1,27). Dios no establece diferencias entre el varón y la mujer: ambos tienen el mismo rango. La especificidad de la creación del hombre, radica en un matiz crucial, dice el Señor: "a nuestra imagen, según nuestra semejanza" (Gén 1,26.27). Los términos "imagen" y "semejanza", indican que el ser humano es semejante a Dios, porque es el único ser de la creación capaz de entender lo que Dios manda y, además, cumplirlo. La persona entiende la voz de Dios y, por eso, puede vivir según el proyecto divino, preguntándose si lo que hace sirve para que la sociedad y el mundo se conviertan en algo "muy bueno" (Gén 1,31)

El Señor añade una característica a la condición humana: "Para que domine sobre los peces del mar, las aves del cielo, los ganados, las bestias salvajes y los reptiles de la tierra" (Gén 1,26). El hombre es el punto culminante de la creación, pues domina sobre la tierra y los animales. El verbo "dominar" no significa "oprimir" ni "aplastar"; la palabra "dominar" significa propiamente "cuidar", “mimar” (“chinear”, como decimos los costarricenses) procurar que la creación continúe siendo "muy buena" (Gén 1,31). Toda persona debe cuidar el mundo y chinear la historia para descubrir las huellas de Dios.

Por otra parte, Dios no deja solo al hombre, sino que se compromete con él para que lleve adelante el proyecto divino. Y el compromiso divino se llama bendición: "Dios los bendijo" (Gén 1,28). La bendición contiene la solidaridad de Dios con el hombre para que se sienta envuelto por su ternura. Dios afina las características de su bendición: "Crezcan y multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven por la tierra" (Gén 1,28).

Destaquemos otro aspecto de la bendición divina: "someter". El término "someter", en este primer relato de la creación, no alude a la acción de "tiranizar", “abusar” o "subyugar", sino que se asemeja al término "velar". El hombre debe velar o cuidar para que la creación se desarrolle según el proyecto de Dios, y velar también para que nada ni nadie no le aparten a él del proyecto divino. Someter la tierra indica "estar por encima de la tierra", es decir, velar para que las riquezas terrenales no aparten el corazón humano del plan de Dios.

No se trata entonces, de una pareja humana que vivía sola en los comienzos del mundo (aunque podamos imaginarla así), sino la creación de la humanidad, varón y mujer, tal y como existen ayer, hoy y siempre, a quien Dios asoció a su obra creadora y los hizo amigos y aliados. Esto significa y simboliza este bello y conocido texto del libro del Génesis.

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