Cuando se niega a Dios, la primera víctima siempre es el ser humano. Lo había afirmado con tono desafiante el ateo J. P. Sartre, “si no existe Dios, es igual matar hombres que mariposas”.

“Monseñor: los días pasan, pero los comentarios acerca del suicidio asistido de la joven Noelia, allá en España, aún no han concluido. No es una curiosidad vana la mía. Le he escuchado en varias ocasiones y sin duda me va a ser útil conocer su reacción y comentario acerca del doloroso y sorprendente caso Noelia. Muchas gracias, Monseñor. Bendígame”.
Nuria Campos L. - Santa Ana
Estimada Nuria: teniendo en cuenta el reducido espacio de nuestra página del ECO, primero le presento lo esencial de la moral católica acerca de la eutanasia o suicidio asistido, y luego, unas breves reflexiones acerca de este tan comentado acontecimiento, con las más variadas y sorprendentes opiniones.
La Iglesia Católica, en sus claras afirmaciones, parte del principio fundamental e incuestionable de que la persona humana no es “cosa” de que se pueda disponer. Por lo tanto, “una acción o una omisión que de suyo o en la intención, provocara la muerte para suprimir el dolor, constituye un homicidio gravemente contrario a la dignidad de la persona humana y al respeto del Dios vivo, su Creador. El error de juicio en el cual se puede haber caído de buena fe, no cambia la naturaleza de esta acción homicida que se ha de rechazar y excluir siempre” (Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica no. 2277).
Esta afirmación “tajante” de nuestro Catecismo de la Iglesia, no debe ser entendida como que favoreciera lo que hoy en día, llamamos “encarnizamiento terapéutico”. Éste consiste en la aplicación de medidas médicas desproporcionadas e inútiles y, a veces, dolorosas, que prolongan artificialmente la vida, la agonía y, a veces, el sufrimiento del paciente.
Un ejemplo. Si en la pantalla del “monitor” aparece lo que llaman pantalla plana, que avisa que el cerebro ya no tiene ninguna actividad, es inútil acudir a medios mecánicos para enviar oxígeno a los pulmones y hacer que el corazón pueda tener latidos…
En este caso, no se pretende provocar la muerte, sino que se acepta simplemente no poder impedirla.
Otro caso distinto es el del enfermo cuya muerte se considera inminente. Esa situación no justifica que se interrumpan los cuidados necesarios. Al respecto, los llamados “cuidados paliativos”, constituyen una forma privilegiada de la caridad desinteresada que hay que alentarlos (cfr. Nuevo C.I.C. 2279).
Ahora bien, estimada Nuria, la propuesta de la eutanasia o suicidio asistido, como supuesto “derecho”, nace y se alimenta de una extremadamente pobre y falsa concepción de la vida humana, que ya no es considerada en su relación con Dios. Con otras palabras, se le considera al ser humano como no abierto a la trascendencia, es decir, al más allá, a la vida eterna que Dios nos ha ofrecido y que nos espera. A nuestro vivir se le ve como un caminar hacia la nada, es decir, como a un puro ciclo biológico propio de todos los animales… En esta lógica de la “nada después de la muerte”, cuando, por ejemplo, una mascota se enferma de muerte, para evitarle el sufrimiento, la “dormimos”, la eliminamos.
Cuando a la persona humana la “desligamos” de su relación con Dios Creador, quien le ha dotado de inmortalidad, es decir, de vida después de la muerte corporal, la rebajamos al más extraño de todos los seres, ya que es, sin ningún lugar a duda, el que más sufre en este nuestro planeta y el que más causa sufrimiento a los seres de su especie… Y para que ya no sufra, se le propone el “suicidio asistido”, a saber, realizado con gasto público y, además, se le ofrece, por parte de la autoridad civil, como un inesperado “derecho”. Sería un caso más del derecho a la asistencia médica social o pública.
Es lo que le aconteció a Noelia. Su familia, en su primer período de vida, no fue capaz de ofrecerle lo que más conviene para una niña… Fue entregada así, para su cuidado, a una estructura gubernamental en la que experimentó un verdadero “infierno”, y cuando quiso escaparse de él, echándose del quinto piso, resultó parapléjica, con la consecuencia de enormes sufrimientos… Ha sido entonces, que la autoridad pública le ha ofrecido poner fin a tanto sufrimiento… matándola.
Se trata de la absurda lógica de una sociedad que ha negado toda referencia del ser humano a Dios Creador, considerándole en la práctica, inútil.
Cuando se niega a Dios, la primera víctima siempre es el ser humano. Lo había afirmado con tono desafiante el ateo J. P. Sartre, “si no existe Dios, es igual matar hombres que mariposas”.