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Lunes, 26 Enero 2026
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Las piñatas surgieron como herramientas catequéticas

By Enero 26, 2026

La dinámica es más o menos la siguiente: A una persona le vendan los ojos, le dan unas vueltas, y le dan un palo para que golpee una piñata, el objetivo es reventarla para que caigan los dulces que lleva dentro y los participantes se lancen por ellos. Curiosamente, esto tiene un origen catequético.

Pero antes de explicarlo, habría que remontarse unos mil años atrás, en la antigua China. Allí, para las celebraciones del fin del Año Nuevo Chino se acostumbraba crear figuras de papel con forma de animales, rellenas de semillas, que rompían y luego quemaban, la gente recogía las semillas porque consideraban que daba buena suerte y buenas cosechas.

Se dice que Marco Polo llevó esta tradición a Italia en el Siglo XIII. Poco a poco se adaptó a las celebraciones religiosas cristianas europeas, principalmente para la Cuaresma. Básicamente, elaboraban recipientes u ollas de barro, los llenaban de dulces o frutas y los rompían para que los niños cogieran todo lo que pudieran. Por cierto, la palabra piñata proviene del italiano pignatta, que significa olla.

Durante la Colonización Española, los españoles notaron que los indígenas tenían tradiciones similares, que consistían también en romper recipientes durante sus ceremonias. Los misioneros entonces vieron una oportunidad para evangelizar a los pueblos originarios.

Tomaron recipientes de barro, los cubrieron de papeles de colores. Algunas fuentes explican que la idea era representar el demonio y las tentaciones, que se presentan de forma llamativa. Romper los recipientes era una manera de decir que rompían con el pecado.

La Fundación Casa de México informa que la forma tradicional de las piñatas (es decir, la de siete picos) surgió en el siglo XVI en Acolman de Nezahualcóyotl, Estado de México, cuando los frailes comenzaron a celebrar las “misas de aguinaldo” (bolsita de dulces) o “posadas” durante los días previos a la Navidad.

Los siete picos representan los siete pecados capitales: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza. Los colores brillantes representan la tentación. Las vendas recuerdan que la fe guía en medio de la oscuridad. El palo que se usa para romperla es un símbolo de la virtud que destruye el pecado. Y los dulces representan la bendición de Dios y los bienes que se reciben de lo alto.

Así, los misioneros aprovechaban también para explicar las virtudes que hay que cultivar para vencer los pecados capitales: contra la soberbia, la humildad; contra la avaricia, la magnanimidad; contra la ira, la paciencia; contra la envidia, la generosidad; contra la lujuria, la castidad; contra la gula, la templanza; contra la pereza, la diligencia.

Si bien con el tiempo las piñatas han perdido este sentido catequético, siguen estando muy presentes en las fiestas de cumpleaños y fiestas en general, y tanto adultos como niños se lanzan por el contenido.

Danny Solano Gómez

Periodista, licenciado en Producción de Medios, especializado en temas de fe católica, trabaja en el Eco Católico desde el año 2009.

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