Renovamos nuestro compromiso de ejercer el ministerio episcopal en clave sinodal, como servicio humilde a la unidad y al discernimiento del Pueblo de Dios. Invitamos a los fieles laicos, a la vida consagrada y a los ministros ordenados a asumir con responsabilidad y esperanza este camino compartido, para que la Iglesia en Costa Rica sea una Iglesia que escuche, discierna y salga al encuentro de las realidades del país, ofreciendo, desde el Evangelio, signos concretos de fraternidad, justicia y esperanza.
Valoración del proceso electoral
Valoramos positivamente el clima democrático en que se han desarrollado las elecciones del pasado domingo 1 de febrero reconociéndolas como una expresión significativa de la vida democrática del país. Agradecemos a las autoridades electorales, a quienes participaron en la organización del proceso y a los ciudadanos que ejercieron responsablemente su derecho al voto, contribuyendo a un clima de respeto institucional y de convivencia pacífica, que es patrimonio valioso de nuestra nación.
Se evidenció, en términos generales, respeto por la legalidad, una adecuada articulación de las instituciones involucradas, atención a necesidades particulares de algunos sectores de la población y un sano patriotismo que, salvo casos excepcionales, supo vivirse con sensatez, entusiasmo y auténtico sentido del deber cívico.
Al mismo tiempo, miramos este proceso electoral con realismo y sentido crítico, conscientes de los desafíos que revela: el desencanto de grupos de ciudadanos, un sector de la población que todavía se abstiene de votar, la polarización social que provoca actitudes y mensajes perturbadores y la fragilidad de la confianza en la política. Estas realidades nos interpelan como sociedad y también como Iglesia, llamada a formar conciencias, a promover el diálogo y la participación responsable, especialmente entre las nuevas generaciones.
Consideramos oportuno recordar a las autoridades civiles y a la sociedad costarricense en general que:
“Una auténtica democracia no es sólo el resultado del respeto formal de las reglas, sino que es fruto de la aceptación convencida de los valores que inspiran los procedimientos democráticos: la dignidad de toda persona humana, el respeto de los derechos humanos y la asunción del bien común como fin y criterio regulador de la vida política. Si no existe un consenso general sobre estos valores, se pierde el significado de la democracia y se compromete su estabilidad” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 407).
Encomendamos al Señor la futura gestión de la señora presidente electa, de sus vicepresidentes y de los nuevos diputados de la República, para que el Espíritu Santo los ilumine y fortalezca en la responsabilidad que han asumido al servicio del país, que les conceda discernimiento para tomar decisiones acertadas, valentía para promover lo que construye la paz y la unidad nacional, y un profundo amor por Costa Rica y su pueblo.
Los grandes retos nacionales
Nuevamente señalamos los grandes retos nacionales pendientes, que reclaman una atención urgente y un compromiso decidido de todos los sectores del país. Entre ellos destacan el aumento de la violencia y la inseguridad ciudadana, la lucha contra la pobreza y la creciente desigualdad social, la generación de empleo digno y estable, la crisis del sistema educativo, el fortalecimiento de la salud pública, la delicada situación de la Caja Costarricense de Seguro Social y del régimen de pensiones, así como la atención a las personas en condiciones de vulnerabilidad y el cuidado responsable de nuestra casa común.
Estos desafíos no son solo problemas técnicos o económicos, sino cuestiones profundamente humanas y éticas, que interpelan la conciencia nacional y exigen políticas públicas sostenidas, diálogo social y una visión de largo plazo. Superarlos requiere reconstruir la confianza en las instituciones, fortalecer la participación ciudadana, combatir la corrupción y promover una cultura del encuentro y de la escucha que ponga en el centro la dignidad de toda persona, especialmente de los más pobres y vulnerables.
Invitamos a las nuevas autoridades y a todos los actores políticos a ejercer su responsabilidad con honestidad, competencia y espíritu de servicio, recordando que:
“La experiencia enseña que, cuando falta una acción apropiada de los poderes públicos en lo económico, lo político o lo cultural, se produce entre los ciudadanos un mayor número de desigualdades en sectores cada vez más amplios, de modo que los derechos y deberes de la persona humana carecen de toda eficacia práctica” (Pacem in Terris, 55).
Desde la Iglesia, reafirmamos nuestra disponibilidad para acompañar estos procesos desde el Evangelio, promoviendo valores de justicia, solidaridad, responsabilidad y paz social. Invitamos a los distintos actores sociales y a toda la ciudadanía a asumir corresponsablemente estos retos, convencidos de que solo caminando juntos será posible construir una Costa Rica más justa, fraterna y esperanzada para las generaciones presentes y futuras.
Llamado a la concordia y a la unidad nacional
San Pablo, al dirigirse a la comunidad de Corinto, reconoce la riqueza de dones presentes en ella y afirma que “a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común” (1 Co 12,7). Con las debidas distancias, también nuestra nación necesita hoy unidad en el compromiso por el bien de todos, aportando cada uno lo mejor de sí.
Nuestro país necesita reencontrarse en aquello que nos une: el respeto a la dignidad de cada persona, la vocación democrática, la búsqueda del bien común y la tradición de diálogo y paz que han marcado nuestra historia. En el actual contexto social es urgente recuperar la cultura del encuentro que privilegie la verdad, la justicia y la solidaridad por encima de intereses particulares o ideológicos.
Invitamos especialmente a quienes ejercen responsabilidades públicas, a los líderes sociales y a los comunicadores, a ser artesanos de paz y de reconciliación, promoviendo un lenguaje responsable y actitudes que favorezcan la convivencia. Reiteramos nuestra disposición a acompañar y a tender puentes de diálogo para que Costa Rica siga siendo una nación donde las diferencias se vivan como riqueza y donde la unidad sea fruto del respeto, la fraternidad y la esperanza compartida.
Finalmente, invitamos, desde ya, a todo el pueblo costarricense a vivir y celebrar con fe el centenario de la coronación pontificia de Nuestra Señora de los Ángeles, patrona de nuestra patria, que será el próximo 24 de abril. Que su intercesión maternal nos acompañe y fortalezca ante los desafíos que debemos afrontar en los distintos ámbitos de nuestro acontecer nacional.
Dado en el Seminario Nacional Nuestra Señora de los Ángeles, en San José, el viernes 6 de febrero, de 2026.
Obispos de Costa Rica











