Rafael es católico y quienes lo conocen destacan su amabilidad y buen trato. Sin embargo, cuando entra a Facebook parece convertirse en otra persona. Si encuentra una publicación que considera ofensiva para sus creencias participa en discusiones interminables que terminan en insultos, comparte memes para ridiculizar a quienes piensan distinto y escribe comentarios cargados de sarcasmo.
Estos son solo algunos ejemplos de comportamientos que no son coherentes con los de una persona de fe; los cuales, además, en vez de generar acercamiento, provocan división y no ayudan a transmitir el mensaje de Cristo.
Las redes sociales (RRSS) como Facebook, Instagram, X, Tik Tok y otras, pueden ser herramientas muy útiles para salir al encuentro, compartir el Evangelio y acercar a otros al Señor. Lamentablemente, también son utilizadas para generar bandos, informaciones falsas y debates superficiales.
De hecho, los valores que orientan las relaciones en el plano físico no varían en el entorno virtual: respeto, amabilidad, empatía y escucha.
El documento Hacia una plena presencia, publicado en 2023 por el Dicasterio para la Comunicación como una reflexión pastoral sobre la interacción en las redes sociales, subraya que “el uso de las redes sociales es complementario al encuentro en carne y hueso”.
No se trata de ver solo lo negativo. Justamente, los medios y plataformas digitales ofrecen una gran oportunidad para el anuncio de la Buena Nueva, es algo que parroquias, comunidades y fieles pueden aprovechar mucho.
Entonces, surgen las preguntas: ¿Cómo podemos crear experiencias en línea más saludables en las que las personas puedan participar en conversaciones y superar los desacuerdos con un espíritu de escucha recíproca? ¿Cómo podemos capacitar a las comunidades para que encuentren modos de superar las divisiones y de fomentar el diálogo y el respeto en las redes sociales?
Si bien el documento del Dicasterio no busca ser una guía con pasos definidos, sí que ayuda a motivar una reflexión sobre estos temas, con el objetivo de promover un “enfoque constructivo y creativo que fomente una cultura de amor al prójimo”.
De acuerdo con el Dicasterio, la presencia de los cristianos en plataformas digitales debería incluir tres relaciones vitales: “con Dios, con el prójimo y con el ambiente que nos rodea”.
El numeral 44 señala: “Nuestras relaciones con los demás y con el ambiente deberían nutrir nuestra relación con Dios; y la relación con Dios, que es la más importante, debe ser visible en nuestra relación con los otros y con el ambiente”.
El encuentro con el otro
A pesar de que las redes sociales funcionan como “puntos de encuentro”, las plataformas tienden a agrupar a los usuarios con base en gustos, intereses u otras características, entonces se produce un encuentro, pero principalmente entre personas afines.
De esta forma, “se corre el riesgo de impedir que los usuarios encuentren realmente al “otro” que es diferente”.
“Todos hemos visto sistemas automatizados que pueden crear estos “espacios” individualistas y, en ocasiones, fomentar comportamientos extremos. Los discursos agresivos y negativos se difunden con facilidad y rapidez, y ofrecen un terreno fértil para la violencia, el abuso y la desinformación”, menciona al respecto el numeral 16 de Hacia una plena presencia.
Ante esto, el documento advierte sobre un camino que conduce a la indiferencia, a la polarización y al extremismo. “Aislarse en los propios intereses no es el camino para restaurar la esperanza. El camino a seguir pasa más bien por el cultivo de una “cultura del encuentro” que promueva la amistad y la paz entre personas diferentes” (Num. 19).
Precisamente, acoger al “otro” —es decir, a alguien que sostiene posiciones opuestas o que parece diferente— no es una tarea sencilla. Esto -como señala el texto- requiere un esfuerzo voluntario.
Los cristianos pueden y deben dar el primer paso para superar la indiferencia, porque “creemos en un Dios que no es indiferente” (Num 22- Hacia una plena presencia).
La escucha
Frecuentemente, en redes sociales las personas opinan de manera inmediata e imprudente, sin haber profundizado o sin conocer las diferentes versiones de los hechos. De igual manera, los usuarios están constantemente bombardeados de nuevas informaciones, por lo que no se toman el tiempo suficiente para digerir un tema.
El documento del Dicasterio aconseja hacer una pausa. “Ante la sobrecarga de estímulos y datos que recibimos, el silencio es un bien precioso, ya que asegura un espacio para la concentración y el discernimiento. La necesidad de buscar el silencio en la cultura digital aumenta la importancia de la concentración y la escucha” (Num. 35).
No se trata de abstenerse de utilizar las redes sociales, sino de escuchar. “Mediante la escucha -agrega- acogemos al otro, le ofrecemos hospitalidad y le mostramos respeto. Escuchar es también un acto de humildad por nuestra parte, puesto que reconocemos la verdad, la sabiduría y el valor más allá de nuestras propias perspectivas limitadas. Sin la disposición para escuchar, no somos capaces de recibir el don del otro”.
Pensar antes de publicar
Las redes sociales pueden servir para desarrollar la prudencia, por ejemplo, antes de comentar una publicación con tono ofensivo, se puede meditar y analizar si quizá no sería mejor escribirlo de otra manera.
“Desde la perspectiva de la fe, qué y cómo comunicar no es solo una cuestión práctica, sino también espiritual. Estar presente en las plataformas de redes sociales invita al discernimiento. Comunicar bien en estos contextos es un ejercicio de prudencia, y exige una reflexión orante acerca de cómo interactuar con los demás” (Num. 41 - Hacia una plena presencia).
Esto -explica el documento- no significa evitar hablar de temas delicados o polémicos en RRSS o de desviar la atención de problemas concretos que padecen muchas personas como el hambre, pobreza, la migración forzada, la guerra o la enfermedad.
Se trata de promover una visión integral de la vida humana, incluida la esfera digital. De hecho, pueden ser medios para justamente hablar de esas realidades y generar solidaridad entre las personas cercanas y lejanas.
Un ejemplo es cuando un sacerdote o un laico pide ayuda a través de un videomensaje para colaborar con una silla de ruedas para una persona que la necesita.
Compartir contenido coherente
Efectivamente, hay católicos que aprovechan las redes sociales para crear contenido relacionado con la fe, ya sea para compartir historias, brindar comentarios bíblicos, hacer defensa de la fe, promover proyectos misioneros, solo por citar algunos ejemplos.
No obstante, en ocasiones también caen en interacciones hostiles, burlas, desinformación y hasta palabras violentas. Claramente, esto también representa una contradicción con el mensaje cristiano.
Sobre esto, el numeral 65 explica: “En primer lugar, hemos de recordar que todo lo que compartimos en nuestros posts, comentarios y “me gusta”, mediante palabras habladas o escritas, con películas o imágenes animadas, debe ajustarse al estilo que aprendemos de Cristo, quien transmitió su mensaje no sólo con palabras sino con todo su modo de vida”. Precisamente, Jesús revela la comunicación en su nivel más profundo: “la entrega de sí mismo en el amor”.
Buscar la verdad
A veces aparecen publicaciones con mensajes falsos como: “El Papa reemplazó el ayuno de carne en Semana Santa”, o con títulos sensacionalistas como: “Sacerdote humilla a Testigo de Jehová”. Tampoco se trata de ganar “me gusta” a como dé lugar.
“El cómo decimos algo es tan importante como el qué decimos. La creatividad consiste en asegurarse de que el cómo corresponda al qué. En otras palabras, solo podemos comunicar bien si “amamos bien”, se lee en el numeral 65.
Para esto es muy importante comunicar la verdad. El documento insiste en el deber de buscar fuentes fidedignas e información veraz, tanto para crear contenido como para compartir información.
“Para comunicar la bondad, necesitamos un contenido de calidad, un mensaje orientado a ayudar, no a perjudicar; a promover acciones positivas, no a perder el tiempo en discusiones inútiles” (Num. 66 - Hacia una plena presencia).
Ser creativos
Los creadores de contenido católicos pueden poner su creatividad al servicio de contenidos atractivos y apegados a la verdad. Jesús mismo utilizaba parábolas para compartir su mensaje.
Todo cristiano es en cierta forma un “microinfluencer”, dice el texto, pues tiene un mensaje para compartir y puede influir positivamente en la vida de las personas.
Cuidado con el narcisismo digital
Los creadores de contenido en general pueden tener la necesidad de recibir atención constantemente en RRSS y caer en lo que se conoce como narcisismo digital. Así, de manera persistente buscan la validación y la admiración de los otros, manifestadas con “me gusta” o “compartidos”.
El narcisista digital suele presentar una imagen idealizada de sí mismo y se siente por así decirlo superior o más importante de lo que realmente es.
El Padre Glenm Gómez, especialista en Comunicación, señala que “la cultura de la auto-promoción y el éxito individual, tan prevalente en las plataformas digitales, es un reflejo de las mismas tendencias que se observan en el mundo fuera de línea”.
En el campo eclesial surge el concepto de «narcisista espiritual», en referencia a aquellas personas que usan la fe para hacerse autopromoción, es decir, personas que se ponen a Cristo en un segundo plano.
Consultado al respecto, el Padre Glenm expone que “el narcisista espiritual está más interesado en ser visto que en ser un verdadero instrumento de la fe”.
El sacerdote recuerda que la verdadera evangelización digital implica humildad, autenticidad y un compromiso genuino con el prójimo, no con la propia exaltación.
“La pregunta que debe hacerse el narcisista espiritual es si su presencia en el “sexto continente” sirve a Dios o simplemente a su propio ego”, concluyó.
















