Por la defensa de la educación superior y las oportunidades de la juventud limonense
A la Presidencia de la República, al Ministerio de Hacienda, al Ministerio de Educación Pública y a la Asamblea Legislativa.
Como Obispo de la Diócesis de Limón, y en comunión con la Pastoral Social Diocesana, nos dirigimos a ustedes para expresar la preocupación que nos causa la situación presupuestaria del Centro Académico de Limón del Tecnológico de Costa Rica (TEC). A la fecha de esta carta, los recursos que el Estado debe girar para su funcionamiento no han llegado. Si esto se mantiene, la sede tendrá serias dificultades para continuar sus labores, y cientos de jóvenes de nuestra provincia que hoy asisten a clases podrían ver interrumpida su carrera.
El TEC abrió su sede en Limón en 2014. Desde entonces, buena parte de su estudiantado proviene de hogares de escasos recursos, para los cuales la universidad parecía, hasta hace poco, una meta lejana. Muchas de esas familias han hecho grandes esfuerzos para sostener a una hija o a un hijo en las aulas, con la tranquilidad de que podían hacerlo sin que tuviera que mudarse a otra provincia. Lo que se ha construido durante doce años depende ahora de que las autoridades nacionales actúen con prontitud.
De acuerdo con la información que conocemos, los recursos correspondientes al último trimestre de 2026, cercanos a los 492,9 millones de colones, no han sido girados. A esto se suma que en la Asamblea Legislativa se tramita el expediente 25.803, el cual contempla una reducción de esos mismos fondos. Recordamos que el financiamiento de las sedes regionales de las universidades públicas tiene sustento en el artículo 24 del título IV de la Ley 9635, reformado por la Ley 9732. Pedimos que esas disposiciones se tengan presentes en la búsqueda de una solución. Sin el giro de estos recursos, la sede no tiene cómo cubrir sus gastos ordinarios. Si la situación se extiende, cientos de estudiantes podrían quedar a mitad de su formación, con efectos que irían más allá de las aulas y que sentirían también sus familias y las comunidades de donde provienen.
Quienes acompañamos la vida de las comunidades limonenses sabemos lo que representa para una familia que alguno de sus miembros llegue a la universidad. En las parroquias de la provincia escuchamos a personas que trabajan en las fincas, en el muelle o en el comercio, y que hacen sacrificios cotidianos porque confían en que el estudio dará a sus hijas e hijos una vida distinta de la que ellas tuvieron. Para la mayoría de esos hogares, pagar el alojamiento, la alimentación y el transporte de un estudiante en Cartago o en San José está fuera de su alcance. La sede de Limón es, para muchas de esas familias, la única posibilidad real de acceder a la educación superior. De ahí la importancia de conservarla y de procurar su fortalecimiento. Limón ha convivido por mucho tiempo con el desempleo y con la falta de oportunidades para su juventud. En ese contexto, una sede universitaria representa una de las pocas vías que tienen las personas jóvenes para formarse en su propio territorio y poner luego ese conocimiento al servicio de sus comunidades. Debilitarla significaría retroceder en un camino que a esta provincia le ha costado mucho abrir.
Desde hace generaciones, la Iglesia ha caminado junto a las familias de esta provincia, en los barrios del puerto, en las comunidades bananeras y en los territorios indígenas de Talamanca. En ese camino hemos aprendido que anunciar el Evangelio implica también hacerse cargo de lo que preocupa a la gente, del empleo que no llega y del futuro de sus hijas e hijos. Jesús, al iniciar su misión en la sinagoga de Nazaret, dijo que había sido enviado a anunciar la buena noticia a los pobres (Lc 4,18). El Concilio Vaticano II recogió ese mismo espíritu al inicio de la constitución Gaudium et Spes, cuando afirmó que los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de las personas de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres, son también los de quienes siguen a Cristo. El mismo Concilio afirma que en la declaración Gravissimum Educationis, afirma que toda persona, sin importar su condición ni su origen, tiene por su propia dignidad un derecho inalienable a educarse. La Doctrina Social de la Iglesia relaciona esta enseñanza con el bien común, que entiende como el conjunto de condiciones sociales que permiten a cada persona y a cada comunidad desarrollarse plenamente. Según esa misma doctrina, quienes gobiernan deben cuidar primero a quienes tienen menos medios para defenderse por sí mismos. En una provincia como la nuestra, una sede universitaria pública forma parte de esas condiciones.
El papa Francisco volvió muchas veces sobre este tema. En Evangelii Gaudium pidió rechazar una economía de la exclusión, y en Fratelli Tutti recordó que la política debe ponerse al servicio de las personas más frágiles. El papa León XIV ha continuado esa línea de enseñanza. Nos preocupa que, en la discusión del presupuesto, el TEC de Limón aparezca como una partida más que puede reducirse. Para quienes vivimos aquí, esa partida tiene nombres. Conocemos a jóvenes que son los primeros de su familia en entrar a una universidad, y a madres y padres que cuentan los años que faltan para verlos graduarse.
No desconocemos las dificultades fiscales del país ni la obligación que tienen las autoridades de cuidar los recursos públicos. Sabemos que gobernar exige tomar decisiones difíciles y que no todas las necesidades pueden atenderse a la vez. Sin embargo, la educación superior de una región que ha esperado tanto no debería estar entre las primeras partidas en recortarse, y menos aún cuando una ley de la República ya establece cómo debe financiarse. Por esa razón pedimos que se cumpla lo dispuesto en la normativa vigente y que se tomen, sin más demora, las medidas que permitan al Centro Académico de Limón seguir funcionando.
Por lo anterior, como Obispo de Limón y como Pastoral Social Diocesana, hacemos un llamado respetuoso y firme.
- Al Poder Ejecutivo y al Ministerio de Hacienda, para que realicen las gestiones necesarias y giren los recursos del último trimestre de 2026, conforme a la legislación vigente.
- A la Asamblea Legislativa, para que al conocer el expediente 25.803 valore las consecuencias de la reducción propuesta y preserve los recursos que el TEC requiere para funcionar en Limón.
- Al Poder Ejecutivo y al Poder Legislativo, para que garanticen el financiamiento de 2027, de modo que la institución tenga estabilidad y su comunidad estudiantil pueda continuar sus estudios sin incertidumbre.
- A las instituciones involucradas, para que dialoguen con respeto a sus respectivas competencias y encuentren una solución que mantenga abierto este centro universitario.
Hacemos este llamado desde la cercanía con nuestro pueblo y sin ánimo de confrontación. Nuestra intención es contribuir a que las instituciones encuentren un acuerdo. Tenemos confianza en que el diálogo y el respeto al ordenamiento jurídico permitan llegar pronto a una solución responsable. Como Iglesia que peregrina en Limón, ofrecemos nuestra presencia y nuestro acompañamiento a todo esfuerzo que vaya en ese sentido. Pedimos a quienes deben decidir que tengan presentes a las personas que hoy estudian en la sede y a las familias que las sostienen. Sería lamentable que una institución que ha hecho tanto por la juventud limonense tuviera que suspender sus labores por falta de recursos.
Esperamos que las autoridades atiendan esta preocupación con la seriedad que merece. La continuidad del TEC en Limón forma parte del desarrollo que esta provincia necesita y al que tiene derecho. Pedimos al Señor que ilumine a quienes tienen en sus manos esta decisión, y que nos conceda trabajar unidos por el bienestar de nuestro pueblo.
Dado en Limón a los 4 días del mes de noviembre del 2026.
+ Mons. Javier Román Arias Pbro. Manuel Zamora Salazar
Obispo de Limón Director de la Pastoral Social
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