La celebración fue presidida por el obispo de Ciudad Quesada Monseñor José Manuel Garita, quien en su homilía tomó el ejemplo de vida de San Carlos Borromeo para sintetizar cinco actitudes necesarias para una vivencia auténtica del ministerio sacerdotal. Las compartimos a continuación:
La primera actitud es la autenticidad: "sé lo que eres. Nuestro ministerio es muy serio, exigente, sublime y sagrado. Por ello, haz de ser un sacerdote transparente, veraz y creíble. Que exista coherencia entre lo que predicas y lo que vives, entre lo que celebras en el altar y lo que realizas en la vida cotidiana. En el sacerdocio no hay lugar para la doblez, la incongruencia, el anti-testimonio y el escándalo. El pueblo de Dios necesita sacerdotes que iluminen, edifiquen, motiven y, sobre todo, que, como verdaderos pastores, conduzcan a los fieles a Cristo y al cielo".
La segunda actitud es la fidelidad: "mantén para siempre la palabra que hoy das al Señor. En esta ordenación asumirás compromisos que no deben quedarse en la emoción de este día. Ser fiel significa perseverar cuando haya cansancio, sostener la esperanza cuando aparezcan dificultades y continuar sirviendo cuando no encuentres los resultados que esperabas. La fidelidad se construye cada día en las decisiones pequeñas, en la oración constante, en la obediencia eclesial, en la comunión con el obispo y los hermanos sacerdotes, y en la entrega generosa a las comunidades que se te confíen. Que nunca olvides la palabra dada hoy a Cristo y a su Iglesia".
La tercera actitud es la santidad: "ofrece siempre un testimonio creíble. San Carlos Borromeo comprendió que la renovación pastoral debía comenzar por la propia conversión. Querido Isaías, no basta con saber mucho, predicar bien o realizar numerosas actividades. Necesitas ser un hombre que busque sinceramente a Dios y permita que el Evangelio transforme su corazón. Cuida tu conducta, tus relaciones, tus palabras y la manera de tratar a cada persona. Que tu vida hable de Cristo incluso antes de que abras tus labios para anunciarlo".
La cuarta actitud es la caridad pastoral: "entrega tu vida con verdadero espíritu misionero. Jesús no dice que el buen pastor conserva la vida para sí mismo, sino que la entrega por sus ovejas. El sacerdocio no es una posición que alcanzar ni una función que desempeñar, sino una vocación de servicio y entrega total. No seas un sacerdote funcionario, preocupado solamente por cumplir horarios o administrar actividades. Sal al encuentro de las personas, escucha sus alegrías y sufrimientos, confiesa largas horas, visita a los enfermos, acompaña a las familias, busca a los alejados y abre caminos para que los jóvenes encuentren a Cristo. Sirve con amor, sin buscar protagonismo ni recompensa, y recuerda que el pueblo que se te confía pertenece al Señor".
La quinta actitud es la vida interior: "sé siempre y de verdad un hombre de Dios. Esta es, quizá, la actitud que sostendrá todas las demás. Antes de ser un hombre de actividades, sé un hombre de oración; antes de hablar de Dios a los demás, aprende a permanecer con el Señor. Cuida la celebración diaria de la Eucaristía, la Liturgia de las Horas, la meditación de la Palabra, la adoración eucarística, la devoción filial a la Virgen María y la celebración frecuente del sacramento de la Reconciliación. No permitas que las urgencias pastorales apaguen el fuego de tu intimidad con el Señor. Si dejas de beber de la fuente, tarde o temprano tu ministerio se convertirá en cansancio y tus palabras perderán su fuerza. Recuerda que no eres dueño de la misión, sino un discípulo de Cristo, enviado a trabajar en su viña".
Monseñor Garita terminó su homilía recordando al nuevo sacerdote que su ordenación no es solamente la culminación de un tiempo de formación, sino el comienzo de una vida enteramente entregada a Cristo y al servicio de su pueblo: "Desde hoy, de una manera nueva y sacramental, estás llamado a ser signo de Jesús, Buen Pastor, que conoce a sus ovejas y da la vida por ellas. No olvides nunca que el sacerdocio es un don inmerecido, una gracia que te precede y te acompaña, pero también una responsabilidad que compromete toda tu existencia para siempre", concluyó.

















