

Hacer de la iglesia un lugar seguro es responsabilidad de todos. De los obispos, párrocos, religiosos, religiosas, agentes de pastoral, laicos… No se trata sólo de evitar que se cometan abusos, sino de crear espacios donde tanto niños como adultos se sientan protegidos.
La prevención y la tolerancia cero no puede quedarse solo en discursos, en una prédica que se la lleva el viento. Deben implementarse medidas concretas, visibles, medibles, accesibles y sostenidas en el tiempo.
La familia es un gran tesoro que todos debemos cuidar, en especial en estos tiempos donde es atacada por diversas ideologías que no creen en ella como pilar y base fundamental de la sociedad.
Es tiempo de hacer del encuentro familiar un hábito. Leer la Biblia, ir a Misa juntos, orar, ayunar, compartir en armonía. Poner nuestras limitaciones y adversidades, unidos en oración, delante de Dios. Caminar unánimes en las decisiones y pasos que vayamos a dar.
Quizás se necesite recuperar la economía, la unidad, la paz, la armonía o el amor. Cualquier situación será sanada cuando te vuelvas de todo corazón al Señor y desarraigues de tu casa toda pelea, división y competencia. Hazlo con la responsabilidad y el compromiso ante Dios de recuperar la relación con aquel que da sentido a la vida, y tu hogar será un lugar de refugio para los integrantes de tu familia.