

Cuando ocurrió la emergencia por el terremoto de Cinchona, en enero de 2008, el Padre Edwin Aguiluz se unió a las brigadas de ayuda y escogió ir a un barrio de migrantes donde la ayuda gubernamental no llegaba.
Deseaba estar con la gente más necesitada y compartir con ellos su sufrimiento. Un día le ofrecieron un “sanguche y un fresco de tamarindo”, pero el agua estaba contaminada y él se intoxicó. Su vida estuvo en peligro y pasó varios días en el Hospital México. Esta anécdota describe hasta qué punto estaba dispuesto a llegar para servir al prójimo.