

De pequeño iba a coger café y a jugar en el campo. Pero cuando era adolescente, comenzó a notar a unos frailes franciscanos, le llamaba la atención la manera cómo vivían, sobre todo la fraternidad que tenían entre sí.
Tras finalizar sus estudios universitarios, siguieron escuchando el llamado del Señor y tomaron una decisión crucial. “Él quería proponerme una felicidad que definitivamente era mayor”, dice uno de ellos.
Tener cinco años de edad, ver una película sobre el Padre Pío, levantarse y decir en voz alta: “¡Yo también quiero ser sacerdote!”. Trabajar durante 10 años en enfermería y no poder ignorar el llamado del Señor. Hacerse preguntas existenciales durante la adolescencia o empezar a servir en la Iglesia desde muy pequeño.