

Esta frase del Evangelio (Mt 25,36) resuena en el corazón de quienes, dentro de la Iglesia, han hecho suyo el apostolado de la Pastoral Penitenciaria. Hombres y mujeres que sirven a Cristo en las cárceles del país, llevando esperanza donde todo parece perdido, y animando una fe capaz de transformar los corazones y convertir el mal en bien, porque “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Rm 5,20).
Aunque el juicio en su contra se suponía que se realizaría el 15 de febrero, esta mañana el régimen sandinista condenó a Mons. Rolando Álvarez, obispo de Matagalpa, a 26 años de cárcel. Todo aparenta que en este caso ni siquiera hubo un juicio.