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Sábado, 02 Marzo 2024
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Hoy domingo 21 de enero 2024, la Iglesia Católica celebra el llamado Domingo de la Palabra, por quinta vez consecutiva. La Carta Apostólica en forma de Motu proprio Aperuit illis, entregada por el Papa Francisco el 30 de setiembre de 2019, explica que “dedicar concretamente un domingo del Año litúrgico a la Palabra de Dios nos permite, sobre todo, hacer que la Iglesia reviva el gesto del Resucitado que abre también para nosotros el tesoro de su Palabra para que podamos anunciar por todo el mundo esta riqueza inagotable”. Una jornada, por lo tanto, dedicada “a la celebración, reflexión y divulgación de la Palabra de Dios”, que “haga crecer en el pueblo de Dios la familiaridad religiosa y asidua con la Sagrada Escritura”. Se celebra el Tercer Domingo Del Tiempo Ordinario, por decisión expresa del Papa Francisco.

 

En el día de San Jerónimo

Es un día elegido conscientemente, porque el 30 de setiembre se conmemora al gran padre y doctor de la Iglesia Jerónimo. En particular, en 2019 se celebró el 1.600 aniversario de su muerte. San Jerónimo, autor de la Vulgata, es decir, la primera traducción completa de la Biblia en lengua latina, a petición del Papa Dámaso I a finales del siglo IV, puso en orden y sustituyó las versiones anteriores en lengua hebrea y griega. Las Escrituras se pusieron así al alcance de todos y todos pudieron leerlas y comprenderlas. Y así es como el Papa Francisco, en el Aperuit illis, cita una de las frases más famosas e icónicas de San Jerónimo: “La ignorancia de las Escrituras es ignorancia de Cristo” (cf. Del Prólogo al Comentario al profeta Isaías).

 

Empezar por las pequeñas cosas

MENSAJE
DE SU SANTIDAD
FRANCISCO
PARA LA CELEBRACIÓN DE LA
57 JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ

1 DE ENERO DE 2024

Inteligencia artificial y paz

Al iniciar el año nuevo, tiempo de gracia que el Señor nos da a cada uno de nosotros, quisiera dirigirme al Pueblo de Dios, a las naciones, a los Jefes de Estado y de Gobierno, a los Representantes de las distintas religiones y de la sociedad civil, y a todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo para expresarles mis mejores deseos de paz.

  1. El progreso de la ciencia y de la tecnología como camino hacia la paz

La Sagrada Escritura atestigua que Dios ha dado a los hombres su Espíritu para que tengan «habilidad, talento y experiencia en la ejecución de toda clase de trabajos» (Ex 35,31). La inteligencia es expresión de la dignidad que nos ha dado el Creador al hacernos a su imagen y semejanza (cf. Gn 1,26) y nos ha hecho capaces de responder a su amor a través de la libertad y del conocimiento. La ciencia y la tecnología manifiestan de modo particular esta cualidad fundamentalmente relacional de la inteligencia humana, ambas son producto extraordinario de su potencial creativo.

En la Constitución pastoral Gaudium et spes, el Concilio Vaticano II ha insistido en esta verdad, declarando que «siempre se ha esforzado el hombre con su trabajo y con su ingenio en perfeccionar su vida». [1] Cuando los seres humanos, «con ayuda de los recursos técnicos», se esfuerzan para que la tierra «llegue a ser morada digna de toda la familia humana», [2] actúan según el designio de Dios y cooperan con su voluntad de llevar a cumplimiento la creación y difundir la paz entre los pueblos. Asimismo, el progreso de la ciencia y de la técnica, en la medida en que contribuye a un mejor orden de la sociedad humana y a acrecentar la libertad y la comunión fraterna, lleva al perfeccionamiento del hombre y a la transformación del mundo.

Nos alegramos justamente y agradecemos las extraordinarias conquistas de la ciencia y de la tecnología, gracias a las cuales se ha podido poner remedio a innumerables males que afectaban a la vida humana y causaban grandes sufrimientos. Al mismo tiempo, los progresos técnico-científicos, haciendo posible el ejercicio de un control sobre la realidad, nunca visto hasta ahora, están poniendo en las manos del hombre una vasta gama de posibilidades, algunas de las cuales representan un riesgo para la supervivencia humana y un peligro para la casa común. [3]

Hace 800 años, San Francisco de Asís quiso realizar el primer belén y el Papa Honorio III (1216 a 1227) aprobó la Regla Franciscana o Regla bulada a la naciente Orden de los Hermanos Menores. En recuerdo de este doble aniversario, este año el pesebre de la plaza de San Pedro y del Aula Pablo VI procederán del valle de Rieti, en la diócesis de Rieti, mientras que el árbol de Navidad monumental procederá del alto valle del Maira, en el municipio de Macra, en la diócesis de Saluzzo y provincia de Cúneo.

“Los avances en el campo de la IA (Inteligencia Artificial) están teniendo un impacto cada vez más profundo en la actividad humana, la vida personal y social, la política y la economía”, por lo que el tema del mensaje del Papa Francisco para la próxima Jornada Mundial de la Paz del 1 de enero de 2024, anunciado por el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral el martes 8 de agosto, será “Inteligencia Artificial y Paz”.

“El Papa Francisco llama a un diálogo abierto sobre el significado de estas nuevas tecnologías, dotadas de un potencial disruptivo y de efectos ambivalentes”, subraya el comunicado, resaltando “la necesidad de estar vigilantes y de trabajar para que en la producción y uso de tales dispositivos no arraigue una lógica de violencia y discriminación, a expensas de los más frágiles y excluidos: la injusticia y las desigualdades alimentan conflictos y antagonismos”.

La urgencia, por tanto, es “orientar la concepción y el uso de las inteligencias artificiales de manera responsable, para que estén al servicio de la humanidad y de la protección de nuestra casa común”, con la necesidad de extender esta reflexión ética al ámbito de la educación y del derecho. “La protección de la dignidad de la persona y el cuidado de una fraternidad efectivamente abierta a toda la familia humana son condiciones indispensables para que el desarrollo tecnológico contribuya a promover la justicia y la paz en el mundo”, añade la nota.

El Papa Francisco está feliz de compartir el camino eclesial con los obispos, sacerdotes, diáconos, seminaristas, consagrados, consagradas y agentes de pastoral, con sus cansancios y esperanzas. Lo reconoció él mismo en su homilía, pronunciada en español, el miércoles 2 de agosto en el rezo de las vísperas, celebrado en el Monasterio de los Jerónimos, en Lisboa.

En la segunda actividad pública de su 42º viaje apostólico en el marco de la Jornada Mundial de la Juventud, el Papa agradeció las palabras de Monseñor José Ornelas Carvalho, obispo de Leiria-Fátima y presidente de la Conferencia Episcopal Portuguesa, y manifestó su deseo de rezar con ellos para que, como dijo el Prelado, “podamos ser, junto con los jóvenes, audaces en abrazar el sueño de Dios y encontrar caminos para una participación alegre, generosa y transformadora, para la Iglesia y la humanidad”.

En su frondoso discurso, el Pontífice destacó la belleza del país, al que describió como una tierra de paso entre el pasado y el futuro, lugar de antiguas tradiciones y de grandes cambios, adornado por valles exuberantes y playas doradas que se asoman a la hermosura sin límites del océano, que bordea Portugal.

“Esto me evoca el entorno de la llamada de Jesús a los primeros discípulos, a orillas del mar de Galilea”, dijo el Papa y se detuvo en la llamada, que pone de manifiesto lo que se escuchó en la Lectura breve de Vísperas: el Señor nos ha salvado y nos ha llamado no por nuestras obras, sino por su gracia (cf. 2 Tm 1,9).

El Santo Padre hizo notar un contraste: por una parte, los pescadores bajan de la barca para lavar las redes, es decir, para limpiarlas, conservarlas bien y volver a casa; por otra parte, Jesús sube a la barca e invita a echar de nuevo las redes para la pesca. Resaltan las diferencias: los discípulos bajan, Jesús sube; ellos quieren guardar las redes, Él quiere que se echen nuevamente al mar para la pesca.

 

La importancia de recomenzar

 

Partiendo de los pescadores que bajan de la barca para lavar las redes, Francisco subrayó que a Cristo lo que le interesa es llevar la cercanía de Dios precisamente a los lugares y las situaciones donde las personas viven, luchan, esperan, a veces teniendo entre las manos fracasos y frustraciones, justamente como esos pescadores que durante la noche no habían sacado nada. “Jesús mira con ternura a Simón y a sus compañeros que, cansados y amargados, lavan sus redes, realizando un gesto repetitivo, pero también lleno de fatiga y resignación: no quedaba más que volver a casa con las manos vacías”, añadió.

El Obispo de Roma reconoció que, a veces, en el camino eclesial, podemos experimentar un cansancio similar, cuando nos parece que entre las manos solo tenemos redes vacías. Lo considera un sentimiento bastante difundido en los países de antigua tradición cristiana, afectados por muchos cambios sociales y culturales, y cada vez más marcados por el secularismo, por la indiferencia hacia Dios y por un creciente distanciamiento de la práctica de la fe.

“Y esto a menudo se acentúa, prosiguió, por la desilusión y la rabia que algunos alimentan en relación a la Iglesia, en algunos casos por nuestro mal testimonio y por los escándalos que han desfigurado su rostro, y que llaman a una purificación humilde y constante, partiendo del grito de dolor de las víctimas, que siempre han de ser acogidas y escuchadas”. Pero el Papa advirtió del riesgo de bajar de la barca y quedar atrapados en las redes de la resignación y del pesimismo.

Por eso, pidió confiar en que Jesús continúa tendiendo la mano y sosteniendo a su amada Esposa y llevar al Señor nuestras fatigas y nuestras lágrimas, para poder afrontar las situaciones pastorales y espirituales, dialogando entre nosotros con apertura de corazón para experimentar nuevos caminos a seguir.

 

“Este es el tiempo de gracia”

 

Continuando su análisis de la escena, Francisco acotó que, apenas los apóstoles bajan a lavar los instrumentos utilizados, Jesús sube a la barca y luego los invita a echar nuevamente las redes.

En el momento del desánimo, de la “jubilación”, el Papa nos recordó la invitación a dejar que Jesús suba a la barca de nuevo, con la ilusión del primer tiempo, esa ilusión que debe ser revivida, reconquistada, re-editada, admitiendo, sin embargo, que no es fácil.

“Él viene a buscarnos en nuestras soledades y en nuestras crisis para ayudarnos a recomenzar”, dijo, evidenciando la “espiritualidad del recomienzo”. “No le tengan miedo. Así es la vida: caer y recomenzar, aburrirse y recibir de nuevo la alegría, recibir esa mano de Jesús”, fue su llamamiento.

El Sucesor de Pedro afirmó que también hoy pasa por las orillas de la existencia para reavivar la esperanza y decirnos también a nosotros, como a Simón y a los otros: “Navega mar adentro, y echen las redes” (Lc 5,4).

Francisco aseguró que vivimos un tiempo difícil, pero el Señor hoy pregunta a esta Iglesia: “¿Quieres bajar de la barca y hundirte en la desilusión, o dejarme subir y permitir que sea una vez más la novedad de mi Palabra la que lleve el timón? ¿Te conformas solo con el pasado que tienes detrás o te atreves a echar nuevamente con entusiasmo las redes para la pesca?”.

El Señor nos pide reavivar la inquietud por el Evangelio, según el Santo Padre. Porque, “cuando uno se va acostumbrando y se va aburriendo y la misión se transforma en una especie de “empleo”, es el momento de dejar lugar a esa segunda llamada de Jesús, que nos llama de nuevo siempre. Nos llama para hacernos caminar, nos llama para rehacernos. No le tengan miedo a esa segunda llamada de Jesús. No es ilusión, es Él que vuelve a golpear la puerta".

“Y podemos decir que esta es la inquietud ‘buena’ que la inmensidad del océano les entrega a ustedes portugueses: ir más allá de la orilla, no para conquistar el mundo, sino para animarlo con la consolación y la alegría del Evangelio”.

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