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Fray Domingo, misionero popular

By Pbro. Luis Paulino González H. Febrero 03, 2023
Fiesta de los pobres organizada por los capuchinos, 1935. (Foto SINABI) Fiesta de los pobres organizada por los capuchinos, 1935. (Foto SINABI)

Dábamos cuenta de la presencia del beato Domingo de San Pere de Riudebitlles predicando una misión popular en la parroquia de Moravia en 1917.

Por supuesto, esa no fue la única comunidad donde el santo capuchino estuvo realizando esta tarea. De hecho, podríamos caracterizarlo con el título de “misionero popular” ya que lo encontramos en muchas comunidades predicando misiones, entre otras actividades apostólicas. Algunos lugares son: San Joaquín de Flores (fiesta de san Francisco, 1914 y 1920). Esparza, Barva y San Pablo de Heredia (1917); El Carmen de San José (fiesta de san Francisco, 1917); Santo Domingo de Heredia (noviembre, 1917); Tibás (octubre, 1918); Ujarrás (febrero, 1919); Tierra Blanca de Cartago (Semana Santa, 1923) y Grecia (regentando la parroquia por diez días, 1923).

El principal lugar donde desarrolló su misión fue la ciudad de Cartago donde los capuchinos tienen su convento y diferentes obras de apostolado. Ahí acompañó las obras que caridad que tenía a cargo la tercera orden franciscana, como la ayuda mensual con víveres para los más pobres de la ciudad o las visitas a la cárcel de Cartago. Así, el 17 de junio de 1923 lo encontramos celebrando la confesión y comunión de los privados de libertad en ese centro penal. También fue predicador principal de la fiesta de san Antonio de Padua y la novena de san Francisco, ambas en 1918.

Esos son algunos ejemplos de actividades donde encontramos a fray Domingo, pero evidentemente, no son las únicas. Nos limitamos a reportar aquellas de las cuales tenemos evidencia escrita. Es lógico que su labor apostólica fuera mucho más allá. Simplemente, la mayor parte de su trabajo quedó en el silencio de lo cotidiano, porque lo cotidiano no se pone por escrito; quedó en lo escondido donde sólo el Padre del cielo puede ver y sólo Él puede premiar.

De los santos que han estado en Costa Rica y que humildemente tratamos de dar a conocer en esta serie de artículos, el beato Domingo es el segundo que más tiempo vivió en nuestro país y el que más recientemente ha sido beatificado.

Lastimosamente es también uno de los que contamos con menos información. Fray Gregorio Smutko, en su obra “Santos y héroes capuchinos”, nos dice en forma escueta: “trabajó en la pastoral por 17 años”.

Si se toma a la ligera, parece poca cosa. Pero, me atrevo a asegurar que esa frase tan sencilla es una de las más elogiosas que se pueden decir de un sacerdote. ¿Qué significa que ‘trabajó en la pastoral’? Significa que se dedicó a lo fundamental de un sacerdote: anunciar el evangelio, hacer presente a Cristo en medio de su pueblo, mostrar el rostro misericordioso de Dios, alimentarlo con los pastos verdes de los sacramentos y acompañarlo en sus penas y alegrías, mostrándole que Dios está con ellos.

Entonces, podríamos decir que fray Domingo se santificó en lo ordinario de la cotidianidad de un sacerdote, sin aspavientos, multitudes ni proyección mediática, sino siendo sacerdote. ¿Acaso no es eso lo que hacen los santos, santificarse en lo cotidiano?

¿Cuántos corazones fueron conmovidos por la predicación del beato Domingo? ¿cuántos ánimos afligidos serían levantados de nuevo por sus consejos? ¿cuántas conciencias reconciliadas con Dios en la confesión, por medio de ese padrecito? ¿cuántas almas alimentadas con el pan del cielo en las eucaristías celebradas por él? ¿cuántos costarricenses se sintieron amados por Dios, a través de la labor de este misionero catalán? Preguntas cuyas respuestas las conoce sólo Dios.

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