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Las tres nuevas letanías del Papa Francisco

By Pbro. Lic. Mario Eduardo Zúñiga Solano Junio 30, 2020

El 20 de junio del 2020, memoria del Inmaculado Corazón de María, el Santo Padre Francisco, acogiendo el deseo de la Iglesia, que mira a la Madre de Dios con afecto y confianza, sobre todo en estos tiempos de pandemia por el Covid-19 y por otras circunstancias que han sumido al mundo entero en incertidumbre y desconcierto, dispuso que en el formulario de las así llamadas Letanías lauretanas, se inserten las invocaciones Mater misericordiae (Madre de misericordia), Mater spei (Madre de la esperanza) y Solacium migrantium (Consuelo o Ayuda de los migrantes).

Ha sido la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, que ha comunicado tal decisión por medio de una carta[1] dirigida a los presidentes de las Conferencias Episcopales para que sean conocidas y aplicadas en toda la Iglesia.

 

Las letanías, una referencia histórica

 

La oración litánica es más específicamente una oración de súplica o de intercesión. Éstas surgen de la fe y del amor, de la percepción de la grandeza y de la santidad de Dios, de la conciencia de la propia condición de ser hijos y por tanto de nuestra pequeñez. Son plegarias que nacen en el corazón del hombre caracterizadas por un ritmo particular de insistencia incansable, no es solo una repetición, es una forma de expresar con confianza segura lo que ya el salmista decía: “El auxilio me viene del Señor que hizo el cielo y la tierra” (Sal 121,2).

La misma Sagrada Escritura echa mano de la repetición litánica, por ejemplo el Salmo 117 (118), el Salmo 1355 (136) o el famoso cántico de los tres jóvenes en el horno en Daniel 3,52-90, o como el mismo apóstol Pablo en 1 Timoteo 2,1-2 que exhorta que se hagan continuamente súplicas y oraciones.

Históricamente, las letanías latinas más antiguas que encontramos son las de los santos (siglo VII) que serán el modelo de las letanías sucesivas. En las letanías de los santos siempre aparece en primer lugar la invocación a la Madre de Dios, que permitirá que se desarrollen otros títulos marianos que a lo largo del tiempo fueron añadidos.

 

Letanías lauretanas

 

Estas son aquellas que se cantaban en el Santuario de Loreto (de ahí su nombre) con toda seguridad en la primera mitad del siglo XVI, sin embargo los textos se remontan al menos al 1200.[2]

Las letanías lauretanas están estructuradas de este modo: las 3 invocaciones iniciales, 12 invocaciones bajo el título de “Madre”, 6 bajo el título de “Virgen”, 13 invocaciones simbólicas (con fuerte sello veterotestamentario), 4 invocaciones a María como auxiliadora o como consuelo, 13 invocaciones a María como “Reina”. Este elenco fue aprobado oficialmente por el papa Sixto V (1585-1590) el 11 de julio de 1587, y luego fue extendido a toda la Iglesia Latina por Clemente VIII (1592-1605) el 6 de setiembre de 1601.

A lo largo del tiempo las letanías lauretanas se han enriquecido con distintas invocaciones, pues respondían cada una de ellas a circunstancias particulares, como es el caso de las tres que el papa Francisco ha sumado al elenco. Vale la oportunidad de hacer un recorrido de aquellas más significativas que en su momento fueron agregadas.[3]

 

  • “Auxilio de los cristianos”: fue incluida poco después de la de la vitoria de Lepanto (7 de octubre de 1571) en la cual la Virgen fue invocada con este título.

 

  • “Reina sin pecado original”: en el fervor del movimiento en favor de la definición dogmática de la Concepción Inmaculada de María, Gregorio XVI (+1846) había concedido a muchas diócesis e institutos religiosos la facultad de incluir en las letanías lauretanas esta invocación. Después la definición dogmática del 8 de diciembre de 1854, no porque hubiese un decreto oficial, sino por la espontánea y universal iniciativa, esta letanía entró a formar parte establemente en todo el elenco.

 

  • “Reina del santísimo Rosario”: el 10 de diciembre de 1883 León XIII (+1903), el papa de las encíclicas sobre el rosario, ofrece una nueva prueba de su amor por esta oración, agregando esta nueva letanía que ya usaban la Orden de los Predicadores o Dominicos.

 

  • “Madre del Buen Consuelo”: el 22 de abril de 1903, León XIII incluye esta invocación que es un título del Santuario de Genazzano (Roma), para hacer homenaje a su tierra natal.

 

  • “Reina de la Paz”: durante la I Guerra Mundial (1914-1918), el 5 de mayo de 1917, Benedicto XV (+1922) dispone incluir en el formulario lauretano esta letanía para propiciar la finalización del conflicto bélico que se vivía.

 

  • “Reina asunta al cielo”: el 31 de octubre de 1950 Pío XII (+1958), en concordancia con la definición dogmática de la Asunción de la Virgen en cuerpo y alma al cielo (1 de noviembre de 1950), introduce esta invocación.

 

  • “Madre de la Iglesia”: el 21 de noviembre de 1964 Pablo VI (+1978), al término de la III Sesión del Concilio Vaticano II, proclamaba a María Santísima como “Madre de la Iglesia”. Hay que señalar que la Congregación para el Culto Divino, el 15 de marzo de 1980, informa a los presidentes de las Conferencias Episcopales que Juan Pablo II (+2005) concedía la facultad de insertar en las letanías lauretanas la invocación Mater Ecclesiae inmediatamente después de la invocación Mater Christi.

 

  • “Reina de la familia”: el 31 de diciembre de 1995 Juan Pablo II disponía que la invocación “Reina de la Familia” se incluyera en las letanías lauretanas entre las invocaciones “Reina del Santísimo Rosario” y “Reina de la Paz”. Así accedía a las peticiones recibidas durante el Año Internacional de la Familia (1994), en orden a que la Santísima Virgen estuviera presente en cada hogar con la luz de su ejemplo y con su materna intercesión.

 

Papa Francisco y las tres letanías

 

En la carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, san Juan Pablo II afirmaba que las letanías lauretanas son como un coronar un camino interior, que lleva al fiel al contacto vivo con el misterio de Cristo y de su Madre Santísima.[4]

Las letanías lauretanas resumen de forma precisa cuatro pilares que son fundamentales para el análisis dogmático: la maternidad divina, la virginidad perpetua, la mediación universal y la realeza. Podría decirse que estas invocaciones son como estrellas que iluminan la singular grandeza de la Madre de Dios, la deslumbrante virginal pureza de su cuerpo y de su alma, el brazo fuerte y potente de esta gran Intercesora, el corazón enorme y tierno de la Reina de la tierra y del Cielo.[5]

Por su parte el Papa Francisco, felizmente nos sorprende con las tres nuevas letanías que desde este sábado 20 de julio, en la memoria del Inmaculado Corazón de María, se han comenzado a rezar cada vez que se realiza el Santo Rosario.

No cabe duda que Francisco, desde el inicio de su pontificado ha mostrado un amor filial muy particular a la Santísima Virgen María. No hablamos exclusivamente de una devoción, sino más bien de una esencial espiritualidad mariana. Un Papa de gestos concretos, que cada vez que emprende un viaje o enfrenta alguna circunstancia acude como un hijo a las plantas de la Madre de Dios, sobre todo al venerado icono de la Salus Populi Romani en la Basílica de Santa María la Mayor.

“Madre de misericordia”, “Madre de la esperanza” y Consuelo o Ayuda de los migrantes”, sin lugar a dudas contienen un gran mensaje de trasfondo que responde a la realidad actual. El secretario de la Congregación para el Culto Divino, monseñor Arthur Roche afirma que responden al momento real, un momento que presenta un desafío para el pueblo; el Rosario, es una oración dotada de gran poder y por lo tanto en este momento las invocaciones a la Virgen son muy importantes para los que sufren por Covid-19 y, entre ellos, los migrantes que también han dejado su tierra.[6]

Francisco no ha sido indiferente ante la pandemia que azota el mundo entero. Nada más recordar su peregrinación en solitario a la Iglesia de san Marcello al Corso en Roma el 15 de marzo en plena cuarentena para orar frente al Crucifijo que data del siglo XV y que milagrosamente había salvado de una gran peste a la ciudad de Roma en el año 1522. El mismo Crucifijo que por petición de Francisco fue llevado a la Basílica de San Pedro para la histórica oración y extraordinaria bendición Urbi et Orbi del viernes 27 de marzo, y que acompañó en todas las celebraciones de la Semana Santa.

Ahora Francisco, con las tres letanías que agrega al gran elenco de invocaciones marianas, deja grabado no solo en la memoria de nosotros, cristianos del 2020, sino en la historia de la Iglesia que ha tenido que dar respuesta a los retos de la realidad que se nos impone, un claro ejemplo de la obediencia que le debemos a la invitación y don que Jesús nos hizo desde la cruz: “Aquí tienes a tu Madre” (Jn 19,27).  

Las tres letanías dan un fuerte impulso a la espiritualidad cristiana, porque si llamamos a María como “Madre de misericordia”, no solo decimos que Ella es compasiva, amorosa o tierna, sino que también estamos afirmando, que Ella es realmente la Madre de quien es la Misericordia, el Amor (cf. 1 Jn 4,16), porque el amor de Dios se ha manifestado en que ha enviado a su Hijo para salvarnos (cf. 1 Jn 4,9) y nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos (cf. Jn 15,13). Y recordar en el tiempo actual que esto es una realidad innegable, mucho consuelo llega a nuestro corazón.

Si decimos que María es la “Madre de la Esperanza”, afirmamos lo que ya desde el Antiguo Testamento se decía de Dios: “Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra” (Sal 130,5). La Virgen María es la Madre de Aquel que no nos defrauda (cf. Rom 5,5), porque no nos ha dejado huérfanos, se ha quedado con nosotros y no anima por medio de su Espíritu (cf. Mt 28,20).

Llama la atención la tercera letanía: “Consuelo o Ayuda de los migrantes”. Podríamos decir que es la letanía que evidencia una de las preocupaciones más conocidas del Papa en esta materia. Solo para citar un argumento, recordemos que el primer viaje de Francisco fuera del Vaticano fue a Lampedusa (8 de julio del 2013), la isla italiana que es destino de muchos refugiados africanos que desean establecerse o llegar a Europa, si es que lo logran pues son miles que mueren en el intento de cruzar el Mediterráneo. Así marcó el Santo Padre el deseo de que la Iglesia fuera a las periferias con los más necesitados y muchas veces descartados, y fue justamente aquí donde hizo lapidaria su frase “la globalización de la indiferencia”.[7] Madre o ayuda de los migrantes nos remite sin lugar a dudas al texto de la huida a Egipto (cf. Mt 2,13-23) donde María la Madre de Jesús, junto San José, deben huir a tierra extranjera para custodiar al Hijo de Dios. La familia de Nazaret hace experiencia de migrantes, refugiados y necesitados. Dios hecho carne, hace esta misma experiencia. María lo carga en sus brazos… hoy Ella lo sigue haciendo, en todas las latitudes del mundo donde miles y miles de personas huyen de sus países, sea por persecución política o por la búsqueda de nuevas oportunidades de trabajo y condiciones más dignas para vivir.

Una vez más, Francisco nos recuerda que el papel de María en la vida de la Iglesia y del mundo es fundamental. En tiempos tan convulsos como el actual, hacemos lo que ya los primeros cristianos buscaban: acudir a la protección y el amparo de la Madre de Dios y Madre nuestra. Para nosotros, hoy debe ser el tiempo de la misericordia, el tiempo de la esperanza y el tiempo de caridad con los más necesitados. Nuestras plegarias suben al Padre por medio de Jesucristo, el Hijo de Aquella que nos invitó a hacer lo Él nos diga (cf. Jn 2,5). No estamos solos, Ella es la Madre que camina con sus hijos. Cada vez que recemos las letanías, dejemos que hagan eco en nuestra alma, así alcanzaremos una paz que de la cual el mundo está sediento.[8]

 

[1] Cf. Congregación para el Culto Divino, Carta a los presidentes de las Conferencias Episcopales

sobre las invocaciones "Mater misericordiae", "Mater spei", y "Solacium migrantium", para su inclusión

en las letanías lauretanas, del 20-06-2020, en 

<http://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2020/06/20/letan.html>.

[2] Cf. . M. Hauke, Introducción a la Mariología, BAC, Madrid 2015, p. 305.

[3] Cf. I. M. Calabuig-S. M. Perrella, «Litanie», en S. De Fiores-V. Ferrari Schiefer-S. M.

Perrella (Dir.), Mariologia, San Paolo, Cinisello Balsamo 2009, pp. 723-724.

[4] Cf. Juan Pablo II, Rosarium Virginis Mariae, carta apostólica del 16 de octubre del 2002, en AAS 95

(2003), n. 37.

[5] Cf. M. Hauke, Introducción a la Mariología, cit., p. 306.

[6] Cf. A. de Carolis, Tres nuevas invocaciones a las Letanías Lauretanas, una para los migrantes, en 

Vatican News, 24 junio 2020, en < https://www.vaticannews.va/es/vaticano/news/2020-06/el-papa-agrega-

tres-invocaciones-letanias-lauretanas-migrantes.html>.

[7] Cf. Francisco, Homilía en el campo de deportes “Arena”, Lampedusa, del 8 de julio del 2013, en

<http://www.vatican.va/content/francesco/es/homilies/2013/documents/papafrancesco_20130708_omelia-

lampedusa.html>.

[8] Cf. R. Guardini, Introduzione alla preghiera, Morcelliana, Brescia, 1979, p. 130.

Last modified on Martes, 30 Junio 2020 19:19

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