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Jueves, 11 Junio 2026
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El Código de Trabajo vigente en Costa Rica es un documento inspirado en los principios de la Doctrina Social de la Iglesia. Cuando Monseñor Víctor Sanabria leyó el borrador de la propuesta, escribió un memorándum dirigido a los diputados con sus observaciones, entre ellas, les pidió ser claros a la hora de manifestar el espíritu de esta ley, pues no había motivos para ocultar el fundamento cristiano en ella.

Los legisladores de entonces tomaban con mucha seriedad los comentarios del arzobispo. De tal forma que el texto empieza así: “El presente Código regula los derechos y obligaciones de patronos y trabajadores con ocasión del trabajo, de acuerdo con los principios cristianos de Justicia Social” (Art. 1, Código de Trabajo).

Esta solo es una de tantas historias que se tejen alrededor de Mons. Víctor Sanabria Martínez, el ilustre II Arzobispo de San José y Benemérito de la Patria. Precisamente, los principios cristianos de justicia social, lo llevaron a convertirse en una figura clave en la historia de Costa Rica.

No fue simplemente porque él lo quiso. Tal como explica Gustavo Adolfo Soto, catedrático de la Escuela de Ciencias Sociales de la Universidad de Costa Rica, hay toda una serie de antecedentes y un contexto que explican su manera de actuar.

El Papa León XIII publicó la Encíclica Rerum Novarum, sobre la cuestión social, en 1891. Basado en este documento, Mons. Bernardo Agusto Thiel publicó dos años después en Costa Rica la carta pastoral titulada El Justo Salario.

Este eco de justicia, en materia social y laboral, llevaría a la organización de movimientos laicales inspirados en la Rerum Novarum y hasta la creación de un partido católico (Unión Católica). En la década de 1920, el sacerdote Jorge Volio fundó el Partido Reformista, con la intención de reformar el sistema político a favor del obrero.

Estos son solo algunos ejemplos de hechos relevantes que sirven para mostrar cómo en Costa Rica había ya manifestaciones concretas y sostenidas, inspiradas en el pensamiento social de la Iglesia.

Momento propicio

Mons. Sanabria viaja a Europa a principios del Siglo XX, en ese continente hay gran efervescencia de ideas y, por supuesto, la Doctrina Social de la Iglesia tiene su apogeo. En ese momento, siendo un joven sacerdote, se empapa de todo ese pensamiento social.

Paralelamente, otro muchacho católico, se forma como médico en Bélgica y Francia, su nombre es Rafael Calderón Guardia, quien durante su estadía va a profundizar en el conocimiento y estudio de la Doctrina Social de la Iglesia.

En 1931, con motivo de los 40 años de Rerum Novarum, el Papa Pío XI lanzó la encíclica Cuadragésimo Anno, con la cual la Iglesia vuelve nuevamente a reflexionar sobre la cuestión obrera, los peligros del socialismo o del liberalismo, la caridad, la solidaridad y otros temas relacionados.

Cuando Mons. Sanabria regresa a Costa Rica, existía un ambiente adecuado para impulsar ideas a favor de la justicia social. Una vez que asume como arzobispo de San José en 1940 su mensaje es más fuerte y claro que nunca.

Por su parte, Calderón asume la presidencia ese mismo año y en su discurso inaugural manifiesta explícitamente que aplicará las enseñanzas de la Iglesia en materia social.

En su Carta Pastoral sobre cuestiones sociales en 1941, con motivo del Jubileo de Oro de la Rerum Novarum, Mons. Sanabria expone: “León XIII no inventó ni introdujo doctrinas nuevas; simplemente aplicó, en uso de su autoridad suprema, en forma lógica y apropiada a las urgencias de los tiempos y a las nuevas necesidades económicas, la doctrina tradicional de la Iglesia en materias sociales, que no es otra, al fin y al cabo, que la que se halla fundamentalmente contenida en el Santo Evangelio”.

Por iniciativa del gobierno de Calderon y con el apoyo de Mons. Sanabria, se da la abolición de las leyes anticlericales de 1884, la creación de la Universidad de Costa Rica y de la Caja Costarricense del Seguro Social y se aprueba en primera legislatura el proyecto de las Garantías Sociales (1943), entre otros.

El investigador, Gustavo Soto, subraya la importancia del apoyo de la Iglesia, manifestado en el arzobispo Mons. Sanabria. Informa que estas propuestas fueron votadas por una amplia mayoría en el congreso, a pesar de que eran leyes que perjudicaban los intereses económicos de los sectores más poderosos.

Esto resulta más curioso si se toma en cuenta que los diputados de entonces pertenecían justamente a esas clases privilegiadas ¿Qué los motivó a votar a favor casi de manera unánime por estas propuestas que parecían ir en contra de sus intereses personales? Pues, de acuerdo con Soto, mucho tuvo que ver su fe católica.

El visto bueno de Sanabria

El catedrático, de hecho, conversó personalmente con varios legisladores de la época y le manifestaron cosas como que era una reforma apoyada por la Iglesia y por el arzobispo, por lo que no podían votar en contra de su conciencia. Contrario a la actualidad, donde hay diputados que se dicen católicos pero votan favorablemente proyectos opuestos a la fe.

Soto afirma que en aquel entonces esas iniciativas no se aprobaban sin que antes fueran revisadas por Mons. Sanabria. Así, por ejemplo, hay cartas de sus observaciones al Código de Trabajo, que luego fueron consideradas por los legisladores antes de aprobarlas definitivamente.

El investigador de la UCR aprovechó para aclarar la relación que tuvo Mons. Sanabria con los comunistas de la época. Después de que la Reforma Social se puso en marcha, hacia 1943, Manuel Mora quiso unirse por motivos políticos en un pacto con Calderón.

Ciertamente Calderón tenía una amplísima mayoría en el Congreso y no necesitaba alianzas para pasar la Reforma Social. Por ejemplo, las Garantías Sociales fueron aprobadas con  44 votos a favor y ninguno en contra.

Mientras tanto, el Partido Comunista apenas tenía un diputado (Manuel Mora). Sin embargo, tanto uno como otro podrían beneficiarse de una alianza, por ejemplo, para tener el apoyo de sindicatos y más respaldo.

El arzobispo era abiertamente anticomunista, sin embargo, a pesar de su rechazo al comunismo tenía la capacidad de acoger a los comunistas. Soto revela que Calderón aceptó hacer un pacto con Mora, pero antes le pidió como condición que le solicitara la bendición a Mons. Sanabria.

Podía parecer impensable, pero Manuel Mora escribió a Mons. Sanabria una carta (14 de junio de 1943), le expuso que el Partido Comunista había sido disuelto un día antes, que nunca habían sido enemigos de la propiedad privada ni partidarios de la violencia como método de transformación social y que apoyaban las propuestas del presidente, basadas en la doctrina social de la Iglesia.

“Esa Reforma Social, por la forma, el fondo, la doctrina y el modo, fue totalmente cristiana y católica (...) hasta el punto que toda esa reforma se le envió al Papa Pío XII para que tuviera conocimiento, y este la bendijo.”, apuntó Soto. 

Un obispo campesino

Víctor Manuel Sanabria Martínez nació en el seno de una humilde familia de campesinos el 17 de febrero de 1899, en San Rafael de Oreamuno, Cartago. En 1915 ingresó al Seminario Mayor.

Era un estudiante que destacaba por su empeño e inteligencia, por lo que fue enviado a estudiar a Roma, donde se graduó con honores y obtuvo el doctorado en Derecho Canónico. Fue ordenado sacerdote el 4 de octubre de 1921 en la Ciudad Eterna.

El 25 de abril de 1938 fue consagrado Obispo de Alajuela y dos años después, el 28 de abril de 1940 tomó posesión como II arzobispo de San José.

Rápidamente comenzó a ser reconocido por su labor pastoral y eclesiástica, pero también por ser considerado uno de los reformadores sociales de Costa Rica.

Mi nombre es Daniel Josué Ruiz Castillo. Nací el 13 de junio de 1997 en el hospital Carlos Luis Valverde Vega, en San Ramón de Alajuela. Desde entonces vivo en el cantón de Palmares. Fui criado en el seno de una familia católica. Mis abuelos y abuelas siempre fueron personas de mucha fe, y de práctica religiosa constante. Mis papás siempre nos llevaban a Misa todos los domingos y rezábamos todas las noches, aunque fuera un misterio del Rosario. Sin embargo, no participábamos en ningún grupo de la Iglesia.

La Santa Sede premió con la Gran Cruz de San Gregorio Magno a los médicos Mariano Figueres Forges y Rafael Calderón Muñoz el domingo 31de diciembre de 1933. Esa fecha se desprende del Correo Nacional, 7 de enero de 1934. La ceremonia tuvo lugar en el Seminario, situado por entonces frente al costado este de la Catedral Metropolitana. El Seminario ofrecía educación secundaria para los aspirantes al presbiterado y asimismo para quienes deseaban adquirir buena formación académica.

Una foto con historia

Septiembre 22, 2023

La fotografía que acompaña este artículo fue publicada en “El Heraldo Seráfico”, revista mensual de los padres capuchinos de Cartago. Fue tomada el 4 de octubre de 1923, día en que se celebraba la fiesta en honor de san Francisco de Asís.

Como parte de la fiesta se tuvo en la mañana la Misa celebrada por el arzobispo de San José, Mons. Rafael Otón Castro Jiménez y se bendijo la nueva imagen de la “Glorificación de San Francisco”. Luego se sirvió el almuerzo para las autoridades civiles y eclesiásticas presentes y posteriormente se realizó la ceremonia de premiación del concurso literario que hicieron los frailes para esa fecha.

En su Encíclica Evangelium Vitae, San Juan Pablo II habla del heroísmo cotidiano, hecho de pequeños o grandes gestos de solidaridad, entre ellos, “merece especial reconocimiento la donación de órganos, realizada según criterios éticamente aceptables, para ofrecer una posibilidad de curación e incluso de vida, a enfermos tal vez sin esperanzas”.

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