

En conferencia de prensa, el Padre José San José Prisco, decano de la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad de Salamanca y experto participante en el Sínodo, explicó las características del trabajo conjunto entre teólogos y canonistas durante la segunda sesión en marcha de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos.
“El trabajo que desempeñamos los canonistas es en conjunto con los teólogos. Puede parecer una cosa común, pero no ha sido tan normal hasta hace poco tiempo”, dijo.
“La experiencia de los canonistas en el Sínodo es muy enriquecedora porque nos dedicamos muy particularmente a los temas del Libro Segundo del Código de Derecho Canónico, el Libro del Pueblo de Dios y, evidentemente, todas las apreciaciones que recibimos de la eclesiología, la dogmatica y la bíblica nos ayudan a comprender mejor a profundidad la norma canónica y su posible aplicación o cambios para el momento presente”, agregó.
De ahí que fueran los propios padres conciliares quienes pidieran una comisión de canonistas para acompañar las peticiones del Sínodo sobre cambios posibles a la legislación vigente, tanto en el Código de Derecho Canónico Latino como en el de las Iglesias orientales.
Queridos hermanos párrocos:
El encuentro internacional “Los párrocos por el Sínodo” y el diálogo con quienes han participado en él son la ocasión para recordar en mi oración a todos los párrocos del mundo, a los que dirijo estas palabras con gran afecto.
La Iglesia no podría ir adelante sin vuestro compromiso y servicio; es tan obvio que decirlo suena casi banal, pero esto no lo hace menos verdadero. Por eso quiero ante todo expresar mi gratitud y estima por el generoso trabajo que ustedes hacen cada día, sembrando el Evangelio en todo tipo de terreno (cf. Mc 4,1-25).
Como están experimentando en estos días de intercambio, las parroquias en las que ustedes desarrollan su ministerio se encuentran en contextos muy diferentes; desde aquellas situadas en las periferias de las grandes ciudades —las conocí directamente en Buenos Aires— a aquellas vastas como provincias en las regiones menos densamente pobladas; desde aquellas que están en los centros urbanos de muchos países europeos, en las que antiguas basílicas acogen comunidades cada vez más pequeñas y más envejecidas, hasta aquellas donde se celebra bajo un gran árbol y el canto de los pájaros se mezcla con la voz de tantos niños.
Los párrocos conocen todo esto muy bien, conocen la vida del Pueblo de Dios desde dentro, sus fatigas y sus alegrías, sus necesidades y sus riquezas. Por eso una Iglesia sinodal necesita a sus párrocos; sin ellos nunca podremos aprender a caminar juntos, nunca podremos recorrer ese camino de la sinodalidad que «es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio»[1].
Este miércoles, 25 de octubre, fue publicada la Carta de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos al Pueblo de Dios. Compartimos el texto integral aprobada por la Asamblea sinodal.
Queridas hermanas, queridos hermanos: