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Miércoles, 10 Junio 2026
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El Código de Trabajo vigente en Costa Rica es un documento inspirado en los principios de la Doctrina Social de la Iglesia. Cuando Monseñor Víctor Sanabria leyó el borrador de la propuesta, escribió un memorándum dirigido a los diputados con sus observaciones, entre ellas, les pidió ser claros a la hora de manifestar el espíritu de esta ley, pues no había motivos para ocultar el fundamento cristiano en ella.

Los legisladores de entonces tomaban con mucha seriedad los comentarios del arzobispo. De tal forma que el texto empieza así: “El presente Código regula los derechos y obligaciones de patronos y trabajadores con ocasión del trabajo, de acuerdo con los principios cristianos de Justicia Social” (Art. 1, Código de Trabajo).

Esta solo es una de tantas historias que se tejen alrededor de Mons. Víctor Sanabria Martínez, el ilustre II Arzobispo de San José y Benemérito de la Patria. Precisamente, los principios cristianos de justicia social, lo llevaron a convertirse en una figura clave en la historia de Costa Rica.

No fue simplemente porque él lo quiso. Tal como explica Gustavo Adolfo Soto, catedrático de la Escuela de Ciencias Sociales de la Universidad de Costa Rica, hay toda una serie de antecedentes y un contexto que explican su manera de actuar.

El Papa León XIII publicó la Encíclica Rerum Novarum, sobre la cuestión social, en 1891. Basado en este documento, Mons. Bernardo Agusto Thiel publicó dos años después en Costa Rica la carta pastoral titulada El Justo Salario.

Este eco de justicia, en materia social y laboral, llevaría a la organización de movimientos laicales inspirados en la Rerum Novarum y hasta la creación de un partido católico (Unión Católica). En la década de 1920, el sacerdote Jorge Volio fundó el Partido Reformista, con la intención de reformar el sistema político a favor del obrero.

Estos son solo algunos ejemplos de hechos relevantes que sirven para mostrar cómo en Costa Rica había ya manifestaciones concretas y sostenidas, inspiradas en el pensamiento social de la Iglesia.

Momento propicio

Mons. Sanabria viaja a Europa a principios del Siglo XX, en ese continente hay gran efervescencia de ideas y, por supuesto, la Doctrina Social de la Iglesia tiene su apogeo. En ese momento, siendo un joven sacerdote, se empapa de todo ese pensamiento social.

Paralelamente, otro muchacho católico, se forma como médico en Bélgica y Francia, su nombre es Rafael Calderón Guardia, quien durante su estadía va a profundizar en el conocimiento y estudio de la Doctrina Social de la Iglesia.

En 1931, con motivo de los 40 años de Rerum Novarum, el Papa Pío XI lanzó la encíclica Cuadragésimo Anno, con la cual la Iglesia vuelve nuevamente a reflexionar sobre la cuestión obrera, los peligros del socialismo o del liberalismo, la caridad, la solidaridad y otros temas relacionados.

Cuando Mons. Sanabria regresa a Costa Rica, existía un ambiente adecuado para impulsar ideas a favor de la justicia social. Una vez que asume como arzobispo de San José en 1940 su mensaje es más fuerte y claro que nunca.

Por su parte, Calderón asume la presidencia ese mismo año y en su discurso inaugural manifiesta explícitamente que aplicará las enseñanzas de la Iglesia en materia social.

En su Carta Pastoral sobre cuestiones sociales en 1941, con motivo del Jubileo de Oro de la Rerum Novarum, Mons. Sanabria expone: “León XIII no inventó ni introdujo doctrinas nuevas; simplemente aplicó, en uso de su autoridad suprema, en forma lógica y apropiada a las urgencias de los tiempos y a las nuevas necesidades económicas, la doctrina tradicional de la Iglesia en materias sociales, que no es otra, al fin y al cabo, que la que se halla fundamentalmente contenida en el Santo Evangelio”.

Por iniciativa del gobierno de Calderon y con el apoyo de Mons. Sanabria, se da la abolición de las leyes anticlericales de 1884, la creación de la Universidad de Costa Rica y de la Caja Costarricense del Seguro Social y se aprueba en primera legislatura el proyecto de las Garantías Sociales (1943), entre otros.

El investigador, Gustavo Soto, subraya la importancia del apoyo de la Iglesia, manifestado en el arzobispo Mons. Sanabria. Informa que estas propuestas fueron votadas por una amplia mayoría en el congreso, a pesar de que eran leyes que perjudicaban los intereses económicos de los sectores más poderosos.

Esto resulta más curioso si se toma en cuenta que los diputados de entonces pertenecían justamente a esas clases privilegiadas ¿Qué los motivó a votar a favor casi de manera unánime por estas propuestas que parecían ir en contra de sus intereses personales? Pues, de acuerdo con Soto, mucho tuvo que ver su fe católica.

El visto bueno de Sanabria

El catedrático, de hecho, conversó personalmente con varios legisladores de la época y le manifestaron cosas como que era una reforma apoyada por la Iglesia y por el arzobispo, por lo que no podían votar en contra de su conciencia. Contrario a la actualidad, donde hay diputados que se dicen católicos pero votan favorablemente proyectos opuestos a la fe.

Soto afirma que en aquel entonces esas iniciativas no se aprobaban sin que antes fueran revisadas por Mons. Sanabria. Así, por ejemplo, hay cartas de sus observaciones al Código de Trabajo, que luego fueron consideradas por los legisladores antes de aprobarlas definitivamente.

El investigador de la UCR aprovechó para aclarar la relación que tuvo Mons. Sanabria con los comunistas de la época. Después de que la Reforma Social se puso en marcha, hacia 1943, Manuel Mora quiso unirse por motivos políticos en un pacto con Calderón.

Ciertamente Calderón tenía una amplísima mayoría en el Congreso y no necesitaba alianzas para pasar la Reforma Social. Por ejemplo, las Garantías Sociales fueron aprobadas con  44 votos a favor y ninguno en contra.

Mientras tanto, el Partido Comunista apenas tenía un diputado (Manuel Mora). Sin embargo, tanto uno como otro podrían beneficiarse de una alianza, por ejemplo, para tener el apoyo de sindicatos y más respaldo.

El arzobispo era abiertamente anticomunista, sin embargo, a pesar de su rechazo al comunismo tenía la capacidad de acoger a los comunistas. Soto revela que Calderón aceptó hacer un pacto con Mora, pero antes le pidió como condición que le solicitara la bendición a Mons. Sanabria.

Podía parecer impensable, pero Manuel Mora escribió a Mons. Sanabria una carta (14 de junio de 1943), le expuso que el Partido Comunista había sido disuelto un día antes, que nunca habían sido enemigos de la propiedad privada ni partidarios de la violencia como método de transformación social y que apoyaban las propuestas del presidente, basadas en la doctrina social de la Iglesia.

“Esa Reforma Social, por la forma, el fondo, la doctrina y el modo, fue totalmente cristiana y católica (...) hasta el punto que toda esa reforma se le envió al Papa Pío XII para que tuviera conocimiento, y este la bendijo.”, apuntó Soto. 

Un obispo campesino

Víctor Manuel Sanabria Martínez nació en el seno de una humilde familia de campesinos el 17 de febrero de 1899, en San Rafael de Oreamuno, Cartago. En 1915 ingresó al Seminario Mayor.

Era un estudiante que destacaba por su empeño e inteligencia, por lo que fue enviado a estudiar a Roma, donde se graduó con honores y obtuvo el doctorado en Derecho Canónico. Fue ordenado sacerdote el 4 de octubre de 1921 en la Ciudad Eterna.

El 25 de abril de 1938 fue consagrado Obispo de Alajuela y dos años después, el 28 de abril de 1940 tomó posesión como II arzobispo de San José.

Rápidamente comenzó a ser reconocido por su labor pastoral y eclesiástica, pero también por ser considerado uno de los reformadores sociales de Costa Rica.

“No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socioambiental.” (Laudato Si´, 139)

Ante la realidad presente en Crucitas, distrito de Cutris de San Carlos, Zona Norte de nuestro país, deseamos ofrecer una palabra de orientación que brota de nuestra misión pastoral y de la Doctrina Social de la Iglesia, mirando al bien integral de la persona humana y de la creación.

La Conferencia Episcopal de Costa Rica 

A la Opinión Pública

 

Los obispos de la Conferencia Episcopal de Costa Rica manifestamos nuestra plena comunión con el Santo Padre, el Papa León XIV y lamentamos con profunda preocupación las declaraciones dirigidas en su contra por parte del Presidente de los Estados Unidos de América Donald J. Trump, en las últimas horas.

Tal y como lo dijo él mismo a los periodistas durante el vuelo hacia Argelia, su servicio no responde a intereses políticos, sino a la proclamación del Evangelio, así como a la búsqueda de soluciones pacíficas a los conflictos.

El Sucesor de Pedro, con toda la Iglesia, está llamado a servir a Dios, a la verdad y a la paz. En su insistencia vehemente por la paz no hay más interés que la justicia y el amor, especialmente hacia los miles de inocentes que siguen siendo las grandes víctimas en las guerras abiertas actualmente en el mundo.

Como enseña el magisterio de la Iglesia y han reiterado los pontífices a lo largo de la historia, la guerra, toda guerra, es siempre una derrota para la humanidad porque conlleva la destrucción de la fraternidad humana.

Bendito sea Dios… que nos ha hecho renacer a una esperanza viva por la resurrección de Jesucristo.” (1 Pe 1,3)

Con profunda alegría pascual elevamos nuestra voz para anunciar la Buena Noticia que nunca envejece: el Señor ha vencido la muerte, y con Él, también son sanadas nuestras heridas, vencidos nuestros miedos y todo aquello que parece quitarnos la paz. En medio de nuestras realidades cotidianas, con sus luces y sombras, la Pascua irrumpe como un anuncio de vida nueva, de alegría profunda y de esperanza que no defrauda.

En la Resurrección del Señor encontramos la luz que disipa toda oscuridad, la fuerza que nos levanta de nuestras caídas y la certeza de que el amor de Dios es más fuerte que el pecado, el dolor y la muerte. Es un acontecimiento que transforma la historia y toca nuestras vidas hoy. En el Señor resucitado, Dios ha pronunciado su palabra definitiva sobre la humanidad: no estamos hechos para la muerte, ni para la desesperanza, ni para el sinsentido, sino para la vida plena, la comunión y la eternidad.

“Fui forastero y me acogiste” (Mt 25,35)

Ante el acuerdo de cooperación migratoria anunciado en Costa Rica y en el contexto actual de la región, marcado por los desafíos de la movilidad humana, la Iglesia Católica en Costa Rica ofrece una palabra de orientación pastoral inspirada en el Evangelio y en la tradición humanista del país.

Costa Rica ha sido históricamente una nación comprometida con los derechos humanos, la hospitalidad y la dignidad de todas las personas. Este legado debe seguir orientando las decisiones públicas en materia migratoria.

Ante el reciente acuerdo de cooperación migratoria, reconocemos los esfuerzos por atender una realidad compleja. Al mismo tiempo, recordamos que toda política migratoria debe colocar en el centro la dignidad humana y el respeto irrestricto de los derechos fundamentales.

Como nos ha recordado el Papa Francisco:  “No se trata sólo de migrantes: se trata de nuestra humanidad” (Fratelli Tutti, 39).

Una realidad que nos interpela

Las personas migrantes son hombres, mujeres y familias en situación de vulnerabilidad, muchas veces marcada por la violencia, la pobreza o la falta de oportunidades.

Valoramos que el acuerdo haya contemplado con claridad los siguientes principios y confiamos que éstos se respeten:

  1. Garantía plena de los derechos humanos de todas las personas migrantes.
  2. Regularización de su condición migratoria, con acceso a protección y derechos básicos.
  3. Respeto al principio de no devolución, evitando retornos a contextos de riesgo.
  4. Condiciones dignas de acogida, con asistencia, seguridad y bienestar en coordinación internacional.
  5. Políticas migratorias inclusivas, respetuosas de los derechos humanos y de la diversidad cultural para todas las personas mirantes que conviven con nosotros.

Estos principios responden tanto a estándares internacionales como a valores profundamente arraigados en nuestra sociedad.

Una responsabilidad compartida

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