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Viernes, 10 Abril 2026
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El artista no solo debe entrenar su ojo, también su alma

By Willy Chaves Cortés, OFS Orientador Familiar y Educativo, UJPll / UCAT / Doctor en Humanidades, UPF Abril 10, 2026

En el Centro Luis Amigó, una institución que reúne la vocación de servicio y la experiencia educativa, Willy, franciscano SEGLAR y colaborador de Eco Católico, y Pepe, su coach de vida, exploran una propuesta pedagógica destinada a jóvenes en riesgo social y en conflicto con la justicia.

La propuesta propone talleres de teatro que, mediante el diálogo con la cultura universal, articulen valores de fe, esperanza y justicia social. Gaudí, Gabriela Mistral y Borges —figuras de fe encarnada, educación transformadora y pensamiento abierto— se convierten en faros para inspirar escenas que conecten belleza, dignidad y verdad.

Este artículo, que nace de una conversación entre ambos, presenta un marco práctico y ético para una educación de calidad que haga justicia a la juventud y a la vida en común.

Pepe:

Quisiera, Willy, empezar desde la pregunta que nos inspira: ¿cómo podemos enseñar con profundidad y cercanía a jóvenes que están en situación de vulnerabilidad?

Willy:

La clave está en tratar a cada joven como sujeto de dignidad, y en usar el teatro como medio para que ellos hablen de su realidad, aprendan a escuchar a otros y descubran herramientas para construir un proyecto de vida.

La cultura universal, cuando se enseña con fe y humildad, se convierte en un lenguaje común que evita la crispación y abre puertas. Nuestra conversación con Gaudí, Gabriela Mistral y Borges puede traducirse en escenas que enseñen a mirar, a sentir y a actuar.

Gaudí, la fe hecha materia

Willy:

La obra de Gaudí es, en sí misma, un testimonio de fe encarnada. Él decía que la naturaleza es la geometría de Dios; su tarea fue hacer que la piedra, la hornilla de hierro y la madera respiraran la idea de un mundo ordenado por la belleza y por la bondad.

En el taller, podemos proponer a los jóvenes una escena en la que un personaje escucha la piedra, descubre que la belleza no es un lujo, sino una manera de habitar la realidad con cuidado.

El objetivo pedagógico no es copiar una fachada de la Sagrada Familia, sino comprender que la paciencia, la atención al detalle y la perseverancia son valores que sostienen comunidades enteras.

En la práctica, esta idea puede volverse una dinámica de taller: los jóvenes crean una escena en la que un obrero, un arquitecto y un niño conversan sobre qué significa construir con fe en un barrio golpeado por la violencia.

Pepe:

Qué hermosa imagen. ¿Y qué elementos específicos de Gaudí podemos traducir a ejercicios de teatro para jóvenes?

Willy:

Primero, el concepto de escucha de la piedra: cada objeto, cada material puede convertirse en un interlocutor. Segundo, la idea de que la naturaleza revela una geometría que guía la creatividad humana. Tercero, la paciencia como técnica de construcción: proyectos largos, con ritmos sostenidos y revisión constante.

En la puesta en escena, proponemos que los actores trabajen con objetos simples (una silla, una cuerda, una papelera) para que cada objeto “hable” y exprese una idea sobre fe y comunidad. De este modo, la escena no es solo diálogo, sino interacción con el mundo físico, que recuerda a los jóvenes que la realidad no es ajena a la fe.

Gabriela Mistral, la educación que dignifica

Pepe:

La educación como dignidad es un tema central en la obra de Gabriela Mistral. ¿Cómo traducimos su mensaje en prácticas de aula que sean accesibles para jóvenes en riesgo?

Willy:

Mistral decía: “Yo sé lo que significa enseñar a los que no tienen.” Esta afirmación es una guía para diseñar ejercicios que privilegien la relación cercana, la escucha y el cuidado.

En el taller, podemos proponer escenas donde un maestro o una madre aprende de sus alumnos, donde la autoridad se transforma en servicio y donde la ternura es una forma de justicia pedagógica.

Un ejercicio práctico podría ser: una escena en la que un maestro escucha a un estudiante que representa una experiencia de carencia, y el grupo, a partir de esa escucha, construye una propuesta de acción para la comunidad.

El objetivo es formar comunidades que reconocen la dignidad de cada persona, incluso cuando las circunstancias son difíciles.

Pepe:

Y, para ampliar la reflexión, ¿cómo incorporar la visión de Mistral sobre la esperanza y la educación como motor de cambio social?

Willy:

Mistral hablaba de la educación como llave para abrir futuros posibles. En el teatro, eso se traduce en escenas que muestran el tránsito de la desesperanza a la acción.

Podemos proponer que un personaje, ante la adversidad, elija aprender, preguntar y compartir, y que esa elección se refleje en un plan concreto para la comunidad.

La escena podría terminar con una acción tangible, como la creación de un club de lectura, un taller de apoyo a compañeros en riesgo, o la participación en un proyecto comunitario. Estas acciones públicas permiten a los jóvenes experimentar que el aprendizaje tiene consecuencias reales y positivas.

Borges, la realidad como conversación

Pepe:

Borges invita a contemplar la realidad como una conversación de objetos y voces que se entrelazan. ¿Cómo traducimos esa idea en prácticas teatrales que inviten a la curiosidad y a la humildad?

Willy:

En Borges, la pregunta es central: el mundo no se agota en una sola versión; siempre está a la espera de una interpretación.

En el taller, podemos crear escenas que empujen a los jóvenes a cuestionar supuestos, a escuchar múltiples perspectivas y a descubrir que la verdad se construye entre voces.

Un ejercicio podría ser una escena de “diálogo de objetos”: una lámpara, una mesa, una ventana, cada objeto con una memoria, cada memoria con una pregunta. El público es invitado a deliberar sobre qué historia es la más veraz, sabiendo que la verdad se encuentra en la discusión y la paciencia.

Pepe:

En suma, estas tres vías —Gaudí, Mistral y Borges— nos ofrecen un marco para enseñar a través del arte: escuchar, dignificar, cuestionar. ¿Qué pasos prácticos propones para convertir este diálogo en un plan de trabajo real?

Willy:

Propongo una estructura de implementación en cuatro fases, pensada para un ciclo escolar o un semestre de talleres:

  • Preparación y sensibilización (4–6 semanas): los docentes y facilitadores se forman en principios de educación basada en la dignidad, escucha activa y ética de la conversación.
  • Se presentan las ideas de Gaudí, Mistral y Borges a través de relatos breves y ejemplos prácticos. Se realiza una sesión piloto de 90 minutos con un grupo reducido para adaptar dinámicas.

 

  • Diseño colaborativo de escenas (6–8 semanas): grupos de 4–6 jóvenes, guiados por un facilitador, crean escenas cortas que integren una idea de cada autor.

 

  • Se trabaja con objetos simples para la puesta en escena y con textos breves para guiar las improvisaciones. Cada grupo presenta una escena de 8–12 minutos y recibe retroalimentación centrada en el desarrollo de la dignidad y de la fe en acción.

 

3) Ensayo general y ajuste (2–4 semanas): se realiza un ensayo colectivo para articular las escenas en una función dinámica ante una audiencia amplia, con un Narrador que conecte las intervenciones y que aporte contexto cuando sea necesario.

Se afina el lenguaje, el ritmo y la expresividad de los actores.

 

4) Presentación y evaluación (una o varias jornadas): se realiza la función ante la comunidad educativa, familias y jóvenes del centro. Se evalúa no solo el aspecto artístico, sino también el impacto educativo: cambios en actitudes, mejoras en la convivencia, compromiso con acciones sociales.

Pepe:

¿Y cómo mediríamos el impacto de este proyecto en los jóvenes y en la comunidad?

Willy:

Propongo indicadores cualitativos y cuantitativos:

Participación y asistencia constante.

Nivel de escucha y empatía en las dinámicas de grupo.

Calidad de las escenas: claridad de la relación entre la idea de Gaudí, Mistral y Borges y la acción en escena.

Cambios en actitudes hacia la justicia y la convivencia.

Realización de proyectos comunitarios concretos surgidos de las escenas.

Retroalimentación de los docentes, facilitadores y familias.

Además, se recomienda una reflexión final en cada ciclo para que los jóvenes expresen, en palabras propias, qué aprendieron sobre fe, cultura y ciudadanía.

Willy:

Este enfoque, que articula la belleza de Gaudí, la esperanza pedagógica de Gabriela Mistral y la humildad intelectual de Borges, ofrece una ruta de educación que no abandona a los jóvenes a su suerte, sino que les invita a habitar su realidad con responsabilidad, fe y creatividad.

El teatro se convierte en un laboratorio de vida, donde cada escena es una lección de dignidad y cada actor, un agente de cambio. Si logramos que la palabra, la escena y la acción cotidiana se entrelacen, estaremos sembrando una cultura de paz disponible para todos.

Pepe:

Agradezco esta conversación, Willy. Quedo convencido de que, con planificación, claridad pedagógica y un compromiso sincero con la dignidad de cada joven, podemos ofrecer una educación de calidad que no solo enseñe palabras, sino que enseñe a vivirlas. Presentemos este artículo y preparemos el plan de implementación para su ejecución en el próximo ciclo escolar.

Willy:

Gracias, Pepe. Que este diálogo sea un paso concreto hacia una educación que eduque para la vida, y que las voces de Gaudí, Mistral y Borges sigan iluminando el camino de los jóvenes hacia una existencia más humana y solidaria.

Con este diálogo entre Pepe y Willy, se ofrece una ruta clara para la implementación de talleres de teatro que conecten cultura universal, fe y educación de calidad, orientados a jóvenes en riesgo social y con conflicto con la justicia. En cada escena, la fe no se impone como dogma, sino como esperanza que impulsa la dignidad humana y la búsqueda de una vida más justa.

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