El perdón no es un olvido automático; es un acto de liberación que permite que el presente tenga espacio para la vida que se quiere construir.
Willy Chaves: ¿Qué lugar toma la fe en este relato, en la idea de “encontrarse con Cristo” y la consagración como Francisco seglar?
Willy: La fe fue una brújula que no apagó la herida, pero la sostuvo. En mi camino, encontré una experiencia de encuentro con Cristo que me ofreció perdón y renovación.
Me consagré como Francisco seglar, un compromiso de vivir con pobreza, humildad y servicio, no como un acto de fuga, sino como una elección de vida que transforma la manera en que uno se relaciona con el dolor y con los demás.
Esa consagración me dio disciplina, compasión y una voz que puede ayudar a otros sin rendirse. No es un escape; es una forma de sostenerse con sentido cuando el mundo se desordena.
Willy Chaves: El perdón, entonces, se convirtió en una herramienta para la sanación personal y para construir una vida con propósito.
Willy: Sí. Perdón no significa olvidar, sino liberar: soltar la carga que impide avanzar. Perdonar para poder elegir de nuevo, para poder mirar hacia adelante sin cargarlo todo como un peso que define cada paso.
El perdón, de hecho, es un acto de cuidado hacia uno mismo y hacia quienes amamos. No se trata de justificar al agresor, sino de evitar que la herida nos condene a vivir como sombras.
Willy Chaves: Años después, el estudio y la preparación profesional se vuelven el motor de la salida. ¿Qué papel juega la educación en tu historia de superación?
Willy: El estudio fue un refugio, una escuela donde podía comprender el mundo y comprenderme a mí mismo.
Elegí estudiar lo que yo quisiera, sin límites impuestos por el miedo o la vergüenza. Cada logro académico fue una señal de autonomía, una prueba de que la curiosidad puede florecer incluso en tierra áspera.
La educación me dio herramientas, redes y una forma de sostener mi dignidad con el trabajo y el conocimiento. Y cada día recordé que aprender no es solo acumular conocimientos, sino construir un modo de vida que puede sostener a otros y permitir que, literalmente, se respire mejor.
Willy Chaves: Hoy, a los 52 años, vives libre de rencores. ¿Cómo se llegó a ese estado de libertad?
Willy: Se llega con un proceso continuo: reconocer el dolor, nombrarlo, pedir ayuda cuando hace falta, y convertir la experiencia en servicio y cuidado hacia otros. La madurez trae la capacidad de separar al agresor de la propia identidad, de entender que el valor no se negocia.
La fe, la educación y las relaciones sanas (con amigos, colegas, y la familia que uno elige) construyen una red que sostiene. Libera porque no hay bozal que impida mirar al mundo con ojos más compasivos y firmes al mismo tiempo.
Willy Chaves: Hablemos de tu vida diaria hoy. ¿Dónde vives y con quién?
Willy: Vivo en una casa rodeada por un rio y de bambú en Aserrí, con mi hijo Benjamín Moisés, y una tribu de 12 perros que rescato de la calle, más una gata.
Esta casa es un símbolo: simple, sostenible, llena de vida y de responsabilidad. Benjamín Moisés es mi mayor regalo; mi presencia para él es una afirmación de que la violencia no fue el destino, sino un capítulo que cerró. Y los perros y la gata son recordatorios diarios de la compasión que cultivo: rescatar, cuidar, devolver dignidad a seres que fueron desprotegidos.
Este entorno cotidiano encarna la posibilidad de vivir sin rencor: alrededor hay lo básico, lo necesario para sostener a una familia que se ha construido con esfuerzo, constancia y amor.
Willy Chaves: ¿Qué de esa vida diaria representa la continuidad de la sanación?
Willy: La constancia. El cuidado de uno mismo y de otros. Las rutinas de estudio, de oración o reflexión, de servicio a la comunidad, y de atención a las emociones.
La vida con Benjamín y las mascotas exige paciencia, límites saludables y una presencia constante.
No es una vida de perfección, sino de compromiso: con la verdad de lo vivido, con el aprendizaje continuo, y con la responsabilidad de enseñar a quien viene detrás. Allí, la rutina no es monotonía; es un pacto de presencia que sostiene el crecimiento de todos los seres que habitan la casa.
Willy Chaves: ¿Qué mensaje esperas dejar a quienes te lean, especialmente a quienes han vivido lo que tú viviste?
Willy: Que la oscuridad no es una condena permanente; que es posible transitarla con fe, estudio y redes de apoyo.
Que el perdón, cuando es auténtico, no debilita; fortalece. Que la consagración espiritual puede ser un camino de renovación que se traduce en acción concreta: educación, servicio, y una vida que dignifica a quien la habita. Y que, incluso desde el dolor, se puede construir una casa de paz en la que el amor de un hijo, el cariño de los animales y la dignidad recuperada convierten la historia en una lección de esperanza y acción.
Este es el latido que podría resonar en otros: la prueba de que la fragilidad puede convertirse en lugar seguro para otros si se acompaña el crecimiento con responsabilidad y empatía.
Willy Chaves: ¿Qué aspecto concreto de tu día a día podría interesar a alguien que te escuche?
Willy: Compartiré rituales simples que ayudan a no rendirse: un tiempo diario de oración o meditación, un cuaderno de emociones, prácticas de respiración para regular el estrés, y momentos de aprendizaje activo en el trabajo y en la vida personal.
Hablo desde la experiencia de alguien que eligió la acción: estudiar, trabajar y amar con responsabilidad. Y desde la experiencia de un padre que educa a su hijo para que conozca la verdad, el perdón y la dignidad.
Además, doy valor a la relación con Benjamín Moisés, que representa la continuidad de la vida y la esperanza de que las herencias pueden ser positivas cuando se les transmite cuidado, enseñanza y oportunidades.
Willy Chaves: Si alguien pregunta por qué seguimos adelante, ¿qué responderíamos?
Willy: Porque la posibilidad de una vida más serena existe para quienes buscan ayuda, estudian y se sostienen en vínculos sanos.
Porque el amor de un hijo y la compañía de los animales nos dan un sentido de pertenencia y responsabilidad. Porque la consagración y la fe ofrecen una brújula que guía cada paso hacia la verdad, hacia la justicia y hacia la compasión. Y porque cada día es una oportunidad para que la historia que nos tuvo cautivos se transforme en una historia de servicio, apertura y esperanza.
No se trata solo de sobrevivir, sino de vivir con propósito, generando huellas positivas para quienes vienen después.
Willy Chaves: Y cuando la noche llega, ¿qué dejamos sembrado para aquel niño que aún vive en nosotros?
Willy: Semillas de claridad: que la inocencia puede volver a ser posible, que la confianza puede reconstruirse con tiempo y cuidado, que la voz que fue silenciada puede ser escuchada con paciencia y respeto. Dejamos la promesa de no olvidar, pero sí de elegir cada día lo que construye una vida que vale la pena.
Esa es nuestra herencia: una ruta que no borra el dolor, sino que lo transforma en empatía, en justicia y en una vida de servicio. Y dejamos, también, la certeza de que el amor de Benjamín Moisés y la compañía de los animales son faros que guían la vida cotidiana hacia la dignidad y la alegría de vivir.















