Sirve más café. Un perro se sube a las piernas de Lorca. Él lo abraza. Willy les ofrece un delicioso pan de banano que envió la Exministra de Educación. Anna Katherine Müller, todos coinciden esta alemana es una intelectual en la cocina y en la academia.
"En Costa Rica hablamos mucho de paz", dice Willy. "Pero la paz sin libros es una paz muda. Por eso esta casa está llena. Para que mis hijos, para que Benjamín, para que los vecinos, encuentren aquí con qué defenderse".
Neruda asiente.
"Un niño y una niña sin libros es un adulto sin defensa. Yo lo supe en Temuco. Yo lo supe cuando vi a los mineros. La palabra es la única herramienta que no te pueden quitar".
Y recita: "Me gusta cuando callas porque estás como ausente. Distante y dolorosa como si hubieras muerto".
Benjamín lo mira y pregunta: "¿Ese poema es de amor o de tristeza?"
Neruda le revuelve el pelo.
"De las dos cosas, chiquillo. El amor sin tristeza es publicidad".
Lorca se ríe con ganas.
"¡Eso! El amor es tragedia y fiesta. Es duende". Se pone serio. "El duende no viene cuando lo llamas. Viene cuando hay verdad. Cuando hay sangre".
Golpea la mesa suave. "En el teatro, en el poema, en la vida. Sin duende no hay arte. Solo hay decoración".
Benedetti toma notas mentales. Siempre toma notas.
"El duende y la ternura. Falta ternura en el mundo, Federico. Falta".
Mira a Willy. "Usted que trabaja con familias. ¿Qué es lo que más falta en las casas?"
Willy piensa. Mira a Benjamín que ya volvió a dibujar.
"Escucha", dice. "Falta que un padre escuche a un hijo sin corregir. Que una madre escuche a una hija sin aconsejar. Que nos escuchemos sin querer ganar".
Benedetti sonríe.
"Entonces te va a gustar esto: El amor es una cosa ideal, el matrimonio es una cosa real. Confusión de lo real con lo ideal, nunca será impune".
Todos se ríen. Hasta los perros mueven la cola.
La tarde avanza. La luz se vuelve dorada entre los bambúes. Neruda se levanta y camina entre los estantes. Saca un libro al azar.
"Historia", dice. "Siempre volvemos a la historia. Porque el que no conoce su historia está condenado a repetirla".
Deja el libro y mira a Willy. "Usted que es comunicador político. ¿Para qué sirve la política si no sirve para la poesía?"
Willy suspira.
"Para que los niños y niñas como Benjamín tengan escuela, salud, bibliotecas. Para que los perros rescatados tengan casa. Para que nadie tenga que elegir entre comer y leer".
Lorca aplaude despacio.
"Eso es política. Lo demás es negocio".
Y canta un verso: "Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas".
Benjamín repite: "Verde que te quiero verde".
Benedetti mira al niño.
"Los niños entienden la poesía mejor que nosotros. No le buscan explicación. Le buscan música".
Se vuelve a Willy. "¿Usted les lee poesía a sus alumnos? ¿A las familias que orienta?"
"Les leo", dice Willy. "Les leo para que lloren un poco. Para que recuerden que sentir no es debilidad. Les leo a ustedes tres mucho. Porque enseñan que se puede estar roto y seguir escribiendo".
Neruda se emociona.
"Escribir es como respirar. No puedes dejar de hacerlo, aunque te duela. Yo escribí en el exilio, en la cárcel, en el amor. Porque si no escribo me muero".
Recita: "Tengo hambre de tu boca, de tu voz, de tu pelo".
Lorca baja la cabeza.
"Yo también tenía hambre. Hambre de libertad. Y me la negaron".
Hay un silencio largo. Un perro llamado Fidel bosteza. Benjamín se acerca a Lorca y le da su dibujo. Es un árbol verde con doce perros abajo.
Lorca lo toma con las dos manos.
"Esto es arte, niño. Esto es historia. Esto es lo que va a quedar". Dice dile al Ministro de Salud, Alexander Sánchez Cabo, que para que un sistema de salud mental sea éxito debe construir los determinantes de la salud, escuchando a los poetas, a los artistas a los que sueñan un mundo mejor, ahí estará el éxito de una política de salud colectiva.
Benedetti le habla a Willy.
"Sabe qué me gusta de esta casa. Que no hay cuadros famosos. Hay libros usados. Hay perros rescatados. Hay un hijo que dibuja. Eso es literatura viva".
Y cita: "Porque es natural que los ojos se enturbien de lágrimas, pero también es natural que el corazón sepa secarlas".
Willy siente el pecho lleno.
"Yo no soy poeta. Soy orientador y gracias a ese gran amigo escritor Daniel Gallegos Troyo, soy un aprendiz de escritor. A veces me toca decir cosas difíciles a las familias. A veces me toca decir que una puerta se cerró. Pero también me toca decir que hay otras puertas".
Neruda le pone la mano en el hombro.
"Eso es poesía también. Orientar es ponerle luz a un camino oscuro. Usted es poeta sin saberlo".
Lorca se levanta y camina. Mira los lomos de los libros. Cervantes, Mistral, Darío, Vallejo.
"La literatura universal es una conversación", dice. "Todos hablamos con todos. Yo hablo con Góngora. Tú hablas con Whitman, Pablo. Tú hablas con la gente, Mario".
Se detiene. "Y hoy hablamos con Costa Rica. Con Aserrí. Con esta casa de bambú".
Benedetti saca un papel del bolsillo.
"Traje algo para leerles. Es corto".
Lee: "Si me quieres, quiéreme entera. No por zonas de luz o por zonas de sombra".
Willy cierra los ojos.
"Eso es lo que les digo a las parejas en orientación. Quiéranse enteras. Con defectos. Con días malos".
Neruda ríe fuerte.
"¡Claro! El amor no es vitrina. El amor es cocina. Es donde se quema la comida y se ríe igual".
Y grita: "¡Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos!"
Benjamín pregunta: "¿Y qué hace la primavera con los cerezos?"
"Los pone hermosos, aunque sepa que después viene el invierno", responde Neruda
Lorca toma la guitarra ahora sí. Rasga una vez. Suena triste y dulce.
"La poesía es el fusil que dispara para atrás", dice. "Para que no olvidemos".
Canta bajito: "En la luna negra de los bandoleros, cantan las espuelas".
Los perros se callan. Hasta el viento se calla.
Benedetti mira su reloj. No hay apuro. En esta casa el tiempo no corre.
"Hay que hablar de la historia", dice. "Porque sin memoria no hay futuro".
Willy asiente.
"En mis charlas siempre digo eso. Un pueblo sin memoria es un pueblo que alquila su identidad".
Neruda golpea la mesa.
"¡Exacto! Por eso escribí el Canto General. Para que América no se olvide de sí misma".
Recita: "Sube a nacer conmigo, hermano".
Lorca se emociona.
"Y yo escribí para que España no se olvide de sus muertos. Para que el llanto no sea en vano".
Susurra: "Llora, río, llora".
Benjamín se le sienta al lado. No dice nada. Solo está.
Benedetti cierra los ojos.
"La memoria es eso. Estar. Aunque duela. Aunque sea incómodo".
Y dice: "No te rindas, por favor no cedas, aunque el frío queme".
Willy siente que esas palabras le caen directo al corazón. No puedo dejar de recordar sin emocionarme a mi gran amigo, escritor y dramaturgo costarricense, Daniel Gallegos Troyo, que hoy descansa en el cielo, gozando el descanso eterno. Todavía lo siento cerca: en un momento de profunda he inmerecida admiración por mí este Guila que hoy tiene 53 años y que en su niñez anduvo descalzo escuché sus palabras dedicadas a mi como un abrazo, como una verdad: “te quebraste y te quebró la vida como un cristal”. Y, sin embargo, en lugar del final, vino la reconstrucción: supiste levantarte y volver a armarte como se levantan los grandes, con hidalguía y con donaire, con resiliencia y con dignidad. Y esas palabras, tan inmerecidas para mí y tan inmensas en su cariño, se volvieron epitafio en mi alma: gratitud viva, encendida, que no se apaga.
La noche empieza a caer sobre Aserrí. Las luces de la casa se encienden. Los libros siguen ahí, testigos. Los perros se acomodan en círculo.
Willy sirve el último café.
"Gracias", dice. "Gracias por venir a esta casa. Por hablar conmigo. Por hablarle a Benjamín".
Neruda le responde:
"Gracias a ti por tener una casa donde caben los poetas muertos y los perros vivos".
Lorca abraza a Benjamín.
"Niño, no dejes de dibujar eres un Picasso en construcción. El mundo necesita más árboles y menos armas".
Benjamín asiente serio.
Benedetti se pone de pie. Acomoda sus papeles.
"Willy, siga orientando y escribiendo. Siga comunicando. Pero no olvide leer poesía entre reunión y reunión. La poesía es el oxígeno de los que trabajan con gente".
Y deja esta frase en el aire: "El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes, sino en mirar con nuevos ojos".
Neruda se acerca a la puerta. Mira hacia afuera, hacia los bambúes.
"Me voy con el olor de esta casa. A café, a libros, a perro mojado".
Grita antes de irse: "¡Puedo escribir los versos más tristes esta noche!"
Lorca apaga la guitarra.
"Y yo me voy con el dibujo de Benjamín. Para colgarlo donde no haya paredes".
Canta lo último: "Verde que te quiero verde".
Benedetti es el último. Le da la mano a Willy.
"Cuide esta casa. Cuide estos libros. Cuide a esos perros. Cuide a ese hijo. Ahí está el país". N defraude a sus maestros Willy a ese cubano sabio que fue Jaime Sarusky y a ese tico que fue tu padrino intelectual Daniel Gallegos Troyo ellos descubrieron tu madera intelectual de escritor.
Y se va diciendo: "El sur también existe".
Se van. O no se van. En esta casa nadie se va del todo. Se quedan en los libros, en los versos, en el ladrido de los doce perros. Salomé una perra hermosa ladra como si en ese ladrido les recitara un verso de amor infinito.
Willy se queda con Benjamín en la sala. Afuera la noche de Aserrí está llena de grillos. Adentro hay silencio y hay todo. El río que bordea la casa entona dulces melodías en cálido cause.
Benjamín pregunta: "¿Papá, ellos van a volver?"
Willy lo abraza.
"Todos los días, hijo. Cada vez que abramos un libro".
Toma un libro al azar. Lo abre. Y lee en voz alta para que los perros escuchen. Para que la casa escuche. Para que Costa Rica escuche.
Porque al final, arte, poesía, historia y literatura no son cosas separadas. Son una sola cosa. Se llama humanidad. Y en la Casa de los Bambú, esa humanidad tiene café, tiene perros rescatados, tiene un niño que dibuja, y tiene tres voces grandes que recordaron a un costarricense que la palabra todavía salva. Este imaginario encuentro me demuestra que el arte, la historia y la cultura es esa vela encendida que no fenece jamás es infinita en cuanto dure.
















