Face
Insta
Youtube
Whats
Jueves, 10 Septiembre 2026
Image

Apostarle a la niñez es apostarle a la paz

By Willy Chaves Cortés, OFS Orientador Familiar y Educativo, UJPll / UCAT / Doctor en Humanidades, UPF Septiembre 09, 2026

Hay sueños que no se pueden postergar, porque el tiempo de la niñez no espera. Mientras los adultos discutimos presupuestos, planes y prioridades, un niño y una niña están creciendo. 

Cada día que pasa sin acompañamiento es un día que se queda vacío, y los vacíos en la infancia tarde o temprano los llena alguien más. Por eso estoy convencido de que el país más valiente, el país más sabio y el país más próspero es aquel que decide apostar todo por su niñez, especialmente en la educación, en la prevención de las drogas y la violencia, y en el cuidado de la salud mental desde las primeras etapas de la vida.

Como padre de familia lo vivo en carne propia. Llegar a casa y ver los ojos de mi hijo me recuerda que la responsabilidad más grande que tenemos los adultos no es dejarles una herencia de bienes, sino una herencia de valores, de herramientas y de esperanza.

Como católico franciscano seglar he aprendido que la verdadera riqueza está en servir, en ser hermano de todos, y en cuidar con ternura lo más frágil. San Francisco de Asís nos enseñó a ser instrumentos de paz, y no hay instrumento más poderoso que un niño que crece sabiendo que es amado, que vale y que tiene un propósito en esta vida.

Desde mi formación como orientador familiar y educativo, y también como licenciado en docencia con especialidad en evaluación de los aprendizajes y en liderazgo, he recorrido aulas, casas, comunidades y centros donde la necesidad es la misma: presencia adulta.

Los niños y las niñas no nos piden perfección. Nos piden tiempo. Nos piden que los miremos a los ojos y les preguntemos cómo están de verdad. Nos piden que les enseñemos a nombrar lo que sienten, porque cuando un niño aprende a decir "tengo miedo", "estoy triste", "me siento solo" o "estoy muy feliz", está aprendiendo a autorregularse. Y un niño que sabe autorregularse no necesita desahogar su rabia con un golpe.

Una niña que sabe pedir ayuda no necesita buscar afecto en lugares que la lastimen. Validar las emociones no es alcahuetear, como a veces se cree. Validar es educar. Es decirle al niño: tu enojo es real y te voy a enseñar qué hacer con él. Es decirle a la niña: tu tristeza importa y aquí estoy para acompañarte. Esa es la base de la salud mental, y la salud mental en la infancia es la mejor prevención que un país puede tener contra las drogas, la violencia y la desesperanza. 

La prevención no puede esperar a la adolescencia. Para cuando un joven llega al colegio con un problema de consumo o con conductas violentas, ya pasaron muchos años sin escucha. La prevención empieza en preescolar, en la escuela, en el recreo, en la fila para comprar el almuerzo, en la conversación de la cena.

Empieza cuando un docente se toma cinco minutos para preguntar "¿por qué hoy viniste callado?". Empieza cuando una madre abraza a su hijo después de un mal día y le dice "llorar no te hace débil".

Empieza cuando un padre le dice a su hija "enojarte no te hace mala persona, te hace humana, y vamos a aprender juntos qué hacer con ese enojo". Si desde pequeños les enseñamos a los niños y a las niñas que todas sus emociones son válidas, pero no todos los comportamientos lo son, les estamos dando una brújula para toda la vida. Les estamos diciendo que sentir es parte de ser humano y que gestionar lo que sentimos es parte de ser libres.

Una escuela que apuesta por la prevención es una escuela que entiende que educar no es solo llenar cuadernos ni pasar materias. Es formar personas íntegras. Y para eso necesitamos docentes acompañados, orientadores en cada centro, programas de educación socioemocional que no queden solo en el papel, y familias que sean convocadas como aliadas y no como responsables de todo.

Como especialista en evaluación de los aprendizajes he visto cómo medimos muy bien las notas de matemática y de español, pero casi nunca medimos cómo está el clima emocional del aula. ¿Cuántos niños se sienten seguros? ¿Cuántas niñas se sienten escuchadas? ¿Cuántos estudiantes saben a quién acudir cuando algo les duele por dentro?

Si no evaluamos eso, estamos educando a medias. Porque un niño con ansiedad no aprende. Una niña con miedo no participa. Un estudiante que no ha dormido bien porque en su casa hay gritos no puede concentrarse en una prueba. La evaluación debe servir para mejorar, no para etiquetar. Debe servir para detectar a tiempo y para tender la mano a tiempo.

Desde el liderazgo también he aprendido que ningún cambio grande se hace solo. Un país que apuesta por la niñez necesita articular. Necesita que el Ministerio de Educación, el Ministerio de Salud, el IAFA, PANI, INDER, ICODER, el Ministerio de Cultura, las municipalidades, las iglesias, las organizaciones comunitarias y las familias rememos en la misma dirección.

No se trata de que una institución lo haga todo. Se trata de que cada una haga su parte y que el centro sea siempre el niño y la niña. Necesitamos más programas de orientación familiar gratuitos y accesibles, porque muchos padres y madres quieren hacer bien las cosas, pero no saben cómo.

Necesitamos escuelas para padres que no sean regaños colectivos, sino espacios de aprendizaje donde se hable de límites con amor, de comunicación asertiva, de cómo poner reglas sin perder el vínculo.

Necesitamos que los centros de atención tengan profesionales suficientes para atender la demanda, porque la salud mental no puede seguir siendo un lujo. Y necesitamos que las políticas de juventud incluyan un fuerte componente de prevención desde la niñez, porque si esperamos a los 15 años ya vamos tarde. 

Hablar de prevención de drogas es hablar de llenar el corazón antes de que otro lo llene con mentiras. Los niños y las niñas que crecen con autoestima, con sentido de pertenencia, con adultos que creen en ellos, tienen menos probabilidades de buscar en una sustancia lo que no encontraron en casa o en la escuela.

Hablar de prevención de la violencia es hablar de enseñar a resolver conflictos hablando. Es enseñar a pedir perdón, a reparar el daño, a ponerse en el lugar del otro. Es enseñar que la fuerza no está en gritar más fuerte, sino en tener la valentía de ser vulnerable y decir "me equivoqué".

Eso se aprende. Y se aprende desde pequeño, con el ejemplo. Los niños y las niñas aprenden lo que viven. Si en la casa se resuelve a gritos, gritarán. Si en la escuela se castiga sin explicar, aprenderán a obedecer por miedo y no por convicción. Si en la comunidad ven adultos que sirven, que colaboran, que son franciscanos en lo cotidiano, aunque no usen el hábito, entonces querrán imitar eso.

Mi fe me recuerda algo esencial: cada niño y cada niña es imagen de Dios. Y si creemos eso de verdad, entonces no podemos normalizar que crezcan en violencia, en abandono emocional, en soledad.

No podemos aceptar que haya niños que van a la escuela con hambre y no solo de comida. Hambre de atención, hambre de afecto, hambre de sentido. Como franciscano seglar creo que la pobreza más grande no es el material.

Es la pobreza de relaciones. Y la podemos combatir con presencia. Con un adulto que diga "aquí estoy". Con una escuela que abra sus puertas los fines de semana para deporte, arte y música. Con una comunidad que organice actividades sanas y que invite a las familias. Con una iglesia que acompañe sin juzgar. Con un Estado que ponga el presupuesto donde están los niños. La Jerarca del PANI quien además es una excelente profesional del Trabajo Social tiene muy claras y definidas, con ella en la rectoría del PANI las políticas de niñez y adolescencia están en buenas manos. 

Quiero hablarles directamente a los padres y a las madres, porque sé lo cansados que estamos. Sé que el trabajo, las presiones económicas y las propias heridas a veces nos hacen reaccionar en automático.

Pero quiero recordarles algo: ustedes son los primeros educadores. Ningún programa sustituye una cena sin celular donde se pregunte "¿qué fue lo mejor y lo peor de tu día?". Ningún taller sustituye un abrazo después de un berrinche. Ninguna charla sustituye el ejemplo de ver a papá y a mamá resolver un problema hablando y no peleando. 

Enseñemos a nuestros hijos e hijas a validar sus emociones. Enseñémosles que está bien sentir rabia, pero que la rabia se respira, se cuenta hasta diez, se habla. Enseñémosles que está bien sentir tristeza, pero que la tristeza se comparte. Enseñémosles que está bien tener miedo, pero que el miedo se enfrenta acompañado. Si hacemos eso, estamos previniendo. Estamos construyendo adultos que no necesitarán anestesiar el dolor con drogas, porque aprendieron a atravesarlo con ayuda. Estoy convencido que, bajo el liderazgo del ministro de Salud, Dr. Alexander Sanchez Cabo, empezaremos hablar de prevención sobre consumo de drogas y de salud mental desde edades tempranas, el ministro apuesta desde su rectoría del sector salud, a que solo con energía positiva de todas y todos podemos construir los determinantes de la salud mental en todos sus aspectos y componentes.

A los docentes les digo: gracias. Gracias por quedarse después de la hora, por notar cuando un estudiante baja el rendimiento, por ser ese adulto significativo que muchos niños no tienen en casa. Ustedes tienen en sus manos el poder de cambiar una vida con una frase. "Creo en ti". "Aquí estoy si me necesitas". "No estás solo". Necesitamos formarlos más en salud mental, darles herramientas y sobre todo darles acompañamiento, porque ustedes tampoco pueden solos. Necesitamos directores que lideren con el corazón, que conviertan la escuela en un lugar seguro, donde no se tolere el acoso y donde se celebre la diversidad. Necesitamos evaluar menos para competir y más para cuidar.

A los tomadores de decisiones les digo: inviertan en la niñez. Es la inversión más rentable que existe. Cada colón que se pone en prevención hoy, son diez colones que no se gastarán mañana en hospitales, en cárceles, en programas de rehabilitación.

Un país que cuida la salud mental de su niñez tendrá ciudadanos más productivos, más solidarios, más creativos. Un país que previene la violencia en la escuela tendrá comunidades más pacíficas. Un país que le dice a sus niños "tú importas" tendrá jóvenes que no buscarán pertenecer a grupos que los destruyen, porque ya pertenecen a uno que los construye: su familia, su escuela, su comunidad, su país. 

No podemos seguir reaccionando. Tenemos que anticiparnos. Tenemos que entender que la violencia y el consumo no aparecen de un día para otro. Son el resultado de años de vacíos. Y esos vacíos se llenan con presencia, con educación emocional, con fe, con deporte, con arte, con oportunidades. Un niño que toca un instrumento tiene menos tiempo para estar en la calle. Una niña que hace deporte aprende disciplina y trabajo en equipo. Un adolescente que participa en un grupo juvenil de su parroquia encuentra sentido y comunidad. Todo eso es prevención. Todo eso es salud mental. Todo eso es educación.

Sé que suena idealista, pero no lo es. Lo he visto. He visto niños que llegaron callados y se fueron hablando. He visto niñas que pensaban que no valían nada y descubrieron sus talentos. He visto familias que estaban rotas y empezaron a sanar cuando alguien les enseñó a comunicarse. He visto comunidades que cambiaron cuando los adultos decidieron unirse por los niños. Se puede. Pero se requiere voluntad política, se requiere presupuesto, se requiere formación y se requiere algo que no se compra: amor.

Termino con una imagen que me acompaña siempre. Cuando Francisco de Asís abrazó al leproso, no lo hizo porque el leproso fuera agradable. Lo hizo porque reconoció en él a un hermano. Así tenemos que mirar a nuestra niñez. No como un problema, no como una estadística, sino como hermanos menores que necesitan nuestra mano. Algunos vienen heridos, algunos vienen enojados, algunos vienen con miedo. Abrácelos igual. Escúchelos igual. Créales igual.

Si como país decidimos hoy que la prioridad número uno es la niñez, en veinte años vamos a recoger los frutos. Vamos a tener adultos que saben gestionar sus emociones, que saben resolver conflictos sin violencia, que saben decir no a las drogas porque saben decir sí a la vida. Vamos a tener un país más justo, más fraterno, más en paz.

Por eso los invito: padres, madres, docentes, líderes, autoridades, vecinos. Apostemos. Apostemos con todo. Apostemos con tiempo, con recursos, con programas, con oración. Enseñemos a nuestra niñez a validar sus emociones. Enseñémosles que son valiosos, que son amados por Dios y por nosotros. Enseñémosles que tienen un lugar en este mundo y que ese lugar lo construimos entre todos.

Porque cuando un niño y una niña crecen sanos por dentro, el país crece sano por fuera. Y esa es la única apuesta que vale la pena hacer. Que Dios nos dé la sabiduría y la fuerza para no fallarles.

Síganos

Face
Insta
Youtube
Whats
venta
publicidad
suscripcion
puntosdeventa
Carta Pastoral
Carta Pastoral
Edicion del mes
Image
Planes de Suscripción Digital
Image
Image
Conferencia Episcopal
CELAM
Vatican News
Catalogo editoria
publicidad
suscripciones
puntos de venta
Catalogo editoria
publicidad
suscripciones
puntos de venta