Dialogo Imaginario; Willy: Bienvenidas y bienvenidos a esta casa de bambú. Este río que escuchan es mi reloj. Aquí vivo con mi hijo Benjamín y con doce perros y perras rescatados y rescatadas que me enseñaron a restaurar sin palabras. Soy orientador familiar y educativo, filósofo de a pie. Cada mañana el bambú me recuerda que crecer es doblarse sin quebrarse. Aquí no hay timbres, solo agua, respiraciones y ladridos que educan a todos y a todas por igual.
María Zambrano: Gracias, Willy. Usted ha hecho de su casa un claro del bosque. Yo escribí que El hombre es un ser que padece su propia trascendencia. Las y los jóvenes en riesgo padecen porque no encuentran lugar donde ser. La orientación debe ser aurora, no sentencia. Debe abrir luz para ellos y para ellas.
Willy: Y aurora es lo que intentamos, María. Yo no trabajo con delincuentes. Trabajo con muchachos y muchachas que el sistema expulsó antes de escucharlos. Mi oficio de orientador familiar y educativo no es corregir, es acompañar a que se reconcilien con su historia y con su comunidad. Es decirles tu vida vale más que tu error.
Adela Cortina: Eso es ética cordial, Willy. Yo he dicho que La justicia no basta, necesitamos una razón cordial que reconozca al otro y a la otra como interlocutores válidos. La justicia restaurativa que usted practica es razón cordial en acto, no en discurso frío. Es ética que abraza.
Willy: Exacto, Adela. Muchos llegan etiquetados como lacras, peligrosos, irrecuperables, peligrosas. Yo les digo a ellos y a ellas: tu acto no te define. Como orientador familiar y educativo les pregunto: ¿a quién heriste y qué necesitas para reparar? Ahí empieza la justicia restaurativa, no en el castigo que humilla a todos y a todas.
Victoria Camps: Me gusta eso. Yo escribí que Hay que educar el sentimiento, no solo la razón. El joven y la joven que delinquen sienten rabia, miedo, abandono. Si no educamos su emoción, la ley sola no restaura. ¿Cómo educa usted esos sentimientos en ellos y en ellas?
Willy: Nombrándolos con ellos y ellas, Victoria. Les digo: siéntete enojado y enojada, pero no actúes desde el enojo sin pensar. Aquí, entre bambúes y ladridos, los perros y las perras les enseñan a regularse. Un perro que fue golpeado y ahora confía les muestra que el miedo se puede transformar en confianza.
Celia Amorós: Pero cuidado con la trampa, Willy. Yo advertí que Lo personal es político. Muchas de esas muchachas en conflicto están marcadas por violencia patriarcal, por ser mujeres y pobres. ¿Cómo aborda usted esa doble vulnerabilidad de ser joven y mujer pobre?
Willy: De frente, Celia. Como orientador familiar y educativo trabajo con las familias y les digo: no repitan con sus hijas lo que el patriarcado les hizo a ustedes. A los muchachos les enseño que ser hombre no es dominar, es cuidar. A las muchachas les digo: tu cuerpo y tu voz valen, tu palabra vale.
Hannah Arendt: Este lugar recuerda lo que escribí: La educación es el punto en el que decidimos si amamos al mundo lo suficiente como para asumir una responsabilidad por él. ¿Cómo asume usted esa responsabilidad con jóvenes en conflicto, con ellos y con ellas?
Willy: Amando al mundo en su forma más herida, Hannah. Amando a cada muchacho y a cada muchacha como si fueran Benjamín. Orientar es sostener la lámpara mientras ellos y ellas buscan la salida. Es decirles tu vida vale más que tu error, tu historia vale más que tu expediente.
Simone Weil: Usted habla de atención. Yo dije: La atención es la forma más rara y pura de la generosidad. El joven y la joven en riesgo no necesitan sermón, necesitan que alguien los mire y las mire sin juzgar por primera vez.
Willy: Exacto, Simone. La mirada que no exige, salva. Como orientador familiar y educativo miro a cada uno y a cada una como persona, no como caso. Les pregunto por su madre, por su padre, por su barrio, por su hambre, por sus sueños.
María Zambrano: Y ahí nace la esperanza. Yo dije que La esperanza es hambre de nacer. Usted les da esa hambre. El orientador y la orientadora es partero y partera de esperanza, no juez de desesperanza. Es quien acompaña el nacimiento.
Willy: Qué hermoso, María. Yo les digo a las familias: no críen hijos e hijas perfectos, críen hijos e hijas capaces de reparar. La familia que aprende a dialogar, restaura. La familia que aprende a pedir perdón sin vergüenza, educa para la vida y no para la apariencia.
Adela Cortina: Eso es ciudadanía cordial. Porque No hay justicia sin reconocimiento de la dignidad del otro y de la otra. Su círculo restaurativo reconoce esa dignidad cuando sienta a la víctima y al ofensor, a la ofensora, a mirarse con verdad.
Willy: Así es, Adela. En mis círculos restaurativos, la víctima no es un expediente. Es una persona con nombre, con miedo, con insomnio. Cuando el joven y la joven escuchan el impacto real, algo se quiebra y algo nace. Eso no lo logra el código penal, lo logra el encuentro humano.
Victoria Camps: Por eso digo que El cuidado es la otra cara de la justicia. Sin cuidado, la justicia es fría. Su casa de bambú es cuidado, es ética del cuidado para ellos y para ellas. Es escuela de ternura cotidiana.
Willy: Doce maestros y maestras tengo. Cada perra y cada perro rescatado fue maltratado, golpeado, abandonado. Y ahora confían. Mueven la cola. Eso les enseña a los muchachos y a las muchachas que la confianza se puede restaurar. Benjamín lo ve cada día y aprende sin discurso.
Celia Amorós: Entonces su orientación es feminista sin decirlo. Porque feminista es quien dice que nadie debe ser instrumentalizado, ni ellos ni ellas. Su justicia restaurativa desinstrumentaliza al joven delincuente y a la joven delincuente, los devuelve a ser personas.
Willy: Lo es, Celia. Como orientador familiar y educativo no quiero que obedezcan ciegamente, quiero que piensen y sientan. Les digo a ellos: no seas macho que golpea. A ellas: no seas mujer que se deja golpear por creer que eso es amor. Amor es respeto para ambos y ambas.
Hannah Arendt: Eso conecta con el perdón. Yo dije que El perdón es la única reacción que no se limita a reaccionar, sino que actúa de nuevo y de forma inesperada. Sin perdón no hay futuro para estos jóvenes y estas jóvenes
Willy: Y sin responsabilidad tampoco hay futuro. Les digo: comprendo tu herida, ahora responde por la herida que causaste, seas hombre o mujer, seas chico o chica. Eso es más duro que cualquier celda, porque exige alma y conciencia para todos y todas.
Simone Weil: Porque el mal es desarraigo. Desarraigar a un ser es destruirlo moral y espiritualmente. La cárcel desarraiga más. Su casa, con bambú y perros y perras, re-arraiga. Les da raíces y les da cielo.
Willy: Pertenecer cura más que sancionar. Un perro que los acepta y una perra que las acepta hacen más que mil informes técnicos. Benjamín aprende que amar es reparar correas rotas y heridas viejas de ellos y de ellas, de nosotros y nosotras.
María Zambrano: Siga siendo aurora, Willy. Siga abriendo claros donde los muchachos y las muchachas puedan nacer de nuevo, donde ellos y ellas se sientan acogidos y acogidas.
Adela Cortina: Siga practicando la razón cordial, orientador familiar y educativo. Siga sentando en círculo a víctimas y ofensores, a ellos y a ellas, para que se reconozcan como personas valiosas y corresponsables.
Victoria Camps: Siga educando el sentimiento. Siga enseñando a los jóvenes y a las jóvenes que sentir compasión no es debilidad, es inteligencia emocional y cívica para todos y todas.
Celia Amorós: Siga despatriarcalizando la justicia. Siga diciendo que la justicia restaurativa también es justicia feminista para ellos y para ellas, para nosotros y nosotras.
Hannah Arendt: Siga amando al mundo lo suficiente para restaurarlo y hacerlo habitable para Benjamín y para todos y todas las que vendrán mañana a buscar luz.
Simone Weil: Siga prestando atención, que es la forma más pura de amar a cada uno y a cada una, a cada ser vulnerable.
Willy: