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Art. 36: Las misiones en Talamanca en el siglo XVII

By Pbro. Fernando A. Vílchez Campos. Noviembre 23, 2020
Fray Antonio Margil de Jesús (1657-1726). Fray Antonio Margil de Jesús (1657-1726).

Un capítulo fundamental en el proceso de configuración eclesiástica de Costa Rica lo constituyen las misiones de Talamanca. La tarea por conquistar, poblar y cristianizar esta zona del sur de la Provincia costó vidas, recursos materiales y grandes penurias, sin alcanzar resultados permanentes aún en el siglo XIX.

El territorio de Talamanca durante el período colonial abarcaba la línea que conforman los actuales pueblos de Orosi, Ujarrás, Tucurrique, La Suiza y Tuis hasta el Mar Caribe, de allí toda la vertiente caribeña sur hasta la actual zona panameña de las Bocas del Toro y hacia el interior del territorio el límite natural era la Cordillera de Talamanca. Al finalizar el siglo XVI, no había allí ningún establecimiento de españoles y aún menos de franciscanos.

El Capítulo Provincial de los franciscanos observantes, celebrado en Cartago en 1581, alude a los proyectos de extender sus misiones a este territorio. Sin embargo, fue hasta 1605 en que se logra el ingreso de las autoridades españolas a la zona, fundándose el poblado de Santiago de Talamanca, a orillas del río Tarire, que hasta 1610 fue punto de partida para otras fundaciones y de las misiones franciscanas.

Pero, el 29 de julio de 1610 el pueblo de Santiago, junto con las demás fundaciones en Talamanca, fue totalmente destruido por un levantamiento indígena. Desde entonces los pobladores de Cartago, con cierta nota de temor, llamaron al conjunto de aquellas montañas insalvables “la región más allá de Tierra Adentro”.

Hacia 1612 se funda el poblado de San Mateo de Chirripó, a orillas del río del mismo nombre, que se mantuvo en pie hasta 1709, en las regiones aledañas a Talamanca, sin lograr internarse en el territorio propiamente dicho.

De nuevo en 1616, varios cacicazgos de la zona se sublevaron, encabezados por los caciques Bartolo Xora y Juan Cerrabá, que dieron muerte al doctrinero Fray Rodrigo Pérez, quien por los testimonios que se tienen murió como mártir.

El testimonio indica que las causas de su muerte obedecieron a que había obligado a los indígenas a enterrar los difuntos junto a la iglesia y al cacique a celebrar el matrimonio con una de sus mujeres. Lo cual hace comprender la dificultad cultural que los indígenas tuvieron para aceptar el cristianismo, lo cual, unido a los malos tratos y abusos de que eran objeto, explica sus constantes rebeliones.

En 1619, el Gobernador Alonso del Castillo y Guzmán (1618-1624) penetró en la región para castigar a los sublevados. En esta expedición punitiva participó Fray Mateo de Miranda, guardián de “Tierra Adentro”. El Gobernador se apoderó de 400 indígenas, los condujo amarrados a Cartago, los encerró en iglesia de La Soledad, donde permanecieron dos meses. La tercera parte de los prisioneros murieron en cautiverio, 10 o 12 fueron ahorcados y los otros fueron “distribuidos” entre los vecinos de Cartago.

Los indígenas mantuvieron la defensa de su libertad y su rechazo a la presencia ajena a sus costumbres, con nuevos levantamientos en 1640 y 1662. Para 1663, quedaban algunos puestos cercanos a la zona, desde los cuales se mantenía algún contacto con los indígenas. Eran las cuatro doctrinas de Chirripó, en las zonas aledañas de la región, ninguna al interno del territorio.

Desde 1683 serán los franciscanos recoletos –nueva rama de la familia franciscana que surge en el campo de las misiones en esta segunda mitad del siglo XVII–, quienes primero desde el Colegio de Propaganda Fide de Querétaro en México y, luego, desde 1701 desde el de Guatemala, quienes impulsaron las misiones de Talamanca.

Para 1689 estaban en Costa Rica los dos máximos misioneros de Talamanca, el venerable Fray Antonio Margil de Jesús (1657-1726) –gran evangelizador de Querétaro, Zacatecas, Nuevo León y Texas, en proceso de beatificación– y Fray Melchor López; quienes chocaron con los intereses explotadores de las autoridades civiles.

Los padres Margil y López permanecieron, sin escoltas de soldados, en las montañas de Talamanca gran parte del año 1689, todo el 1690 y parte de 1691. Predicaron entre los indígenas de Telire, Coén, Lari y Urén –en los alrededores del río Sixaola y sus afluentes– y recorrieron algunas localidades de la vertiente del Pacífico. Pero, a finales de setiembre de 1691, fueron llamados por sus superiores de México y Guatemala.

 

Sus cartas desde Talamanca dan cuenta de las grandes penalidades que debieron soportar, de los muchos peligros de los que escaparon por el rechazo indígena y, a la vez, de los logros que en materia de conversión alcanzaron. Y, ante todo, constataron que el fracaso de las empresas anteriores se debía a la presencia de soldados, pues ante ellos los indígenas se revelaban o huían.

La misión de los padres Margil y López, señala una excepción en la metodología empleada para la evangelización de Talamanca, pues entraron a la zona sin compañía de soldados, iban “sólo con nuestro Santo Cristo”, como dicen en sus cartas. Pero, a finales de 1692 aquellas misiones estaban abandonadas de nuevo.

Entre 1695 y 1699 Fray Pablo de Rebullida y Fray Francisco de San José permanecieron en Talamanca, convencidos que se hacía indispensable la presencia de escolta de soldados, lo cual fue confirmado por la Audiencia de Guatemala en 1700. Todo estaba aún por hacer.

 

 

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