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Sagradas Escrituras: Juan Marcos

By Pbro. Mario Montes M. Julio 08, 2022

Acompañamos a San Pablo y Bernabé, después del Concilio de Jerusalén, en su segundo viaje misionero (Hech 15,36-18,23) y aprovechamos para conocer a Juan Marcos, en esta ocasión, como nos cuenta San Lucas, al comienzo de este viaje:

Algún tiempo después, Pablo dijo a Bernabé: “Volvamos a visitar a los hermanos que están en las ciudades donde ya hemos anunciado la palabra del Señor, para ver cómo se encuentran”. Bernabé quería llevar consigo también a Juan, llamado Marcos. Pero Pablo consideraba que no debía llevar a quien los había abandonado, cuando estaban en Panfilia y no había trabajado con ellos.  La discusión fue tan viva que terminaron por separarse; Bernabé, llevando consigo a Marcos, se embarcó rumbo a Chipre. Pablo, por su parte, eligió por compañero a Silas y partió, encomendado por sus hermanos a la gracia del Señor. Así atravesó la Siria y la Cilicia, confirmando a las comunidades (Hech 15,36-41).

Por lo que vemos en el texto, los comienzos de este segundo viaje no fueron nada halagüeños, por causa de Juan Marcos.  Resulta que fue compañero y ayudante de Pablo y Bernabé en los comienzos de su primer viaje apostólico (Hech 13,4-5). Pero, al llegar a Perge de Panfilia, Juan Marcos los abandonó y regresó a Jerusalén (Hech 13,13). Juan Marcos era un judeocristiano de Jerusalén, primo de Bernabé (Col 4,10). No perteneció al grupo de los Doce.  Su madre se llamaba María (Hech 12,12).

Conoció a Jesús gracias al testimonio de Pedro, quien lo llamaba “hijo mío” (1 Ped 5,13). En su casa se reunían varios cristianos para orar y a la que asistía el apóstol Pedro (Hech 12,12), comunidad que estaba dirigida por Santiago, el hermano del Señor (Hech 12,17). Una antigua tradición nos atestigua que es la misma casa en la que el Señor celebró la Última Cena e instituyó la Eucaristía, que conocemos como el cenáculo, y que el hombre que llevaba el cántaro era el propio Marcos, detalle conservado por el evangelista y mencionado también por San Lucas (Mc 14,12-16; Lc 22,7-13). Aquellos primeros creyentes, como ya hemos visto, eran partidarios de que los primeros cristianos vendidos del paganismo, guardaran las prescripciones del judaísmo, cosa que quedó zanjada en el llamado Concilio de Jerusalén (Hech 15; Gál 2,11-14).

De momento, San Lucas no nos dice la razón por la cual Juan Marcos había abandonado la primera misión, regresando a Jerusalén. Ahora, vemos que Bernabé quiere llevarlo a esta otra misión y Pablo no estuvo de acuerdo, alegando precisamente este abandono de su tarea apostólica, provocando un agrio altercado entre ambos, que lamentablemente terminó separando a estos dos grandes misioneros. Al respecto, escribe el Padre Pablo Richard, de feliz memoria, lo siguiente:

“En Antioquía, al cabo de algunos días, Pablo toma la iniciativa y propone a Bernabé visitar las comunidades ya evangelizadas. Bernabé acepta, pero propone llevar a Juan Marcos, a lo cual se opone Pablo, pues Juan se había separado de ellos en Perge y «no les había acompañado en la obra» (13,13). Como cada uno insiste en su propósito, se produce la ruptura entre Pablo y Bernabé. ¿Quién tiene razón? Siempre se salva a Pablo y se culpa a Bernabé y a Marcos. ¿No es posible pensar lo contrario?

Pienso que Bernabé tiene razón. Pablo quiere volver a las ciudades ya evangelizadas,  para consolidarlas y entregarles las decisiones tomadas por los apóstoles y presbíteros en Jerusalén (16,4-5). La voluntad del Espíritu Santo, sin embargo, no es ésa, sino la evangelización de los gentiles de Macedonia y Grecia (16,6-10). Ésa es también, posiblemente, la intención de Bernabé (y de Lucas).

Marcos no es un inconstante, como se empeña en presentarlo Pablo, sino, por el contrario, un helenista radical, en la línea misionera del Espíritu Santo. Por eso Bernabé quiere llevarlo a toda costa. En esta discusión es Pablo el que falla… Lo que aquí interesa es ver la intención del autor, el sentido de la narración tal como aparece en Hechos…

En la trama de Hechos, según 15,41 - 16,5, es Pablo el que no está en la estrategia misionera del Espíritu. Bernabé y Marcos, en cambio, sí lo están. Cuando Bernabé decide tomar a Juan Marcos (v. 39), el texto lo llama únicamente por el sobrenombre -Marcos-, para destacar su condición de helenista (y quizá para identificarlo con Marcos, autor del segundo evangelio, ya conocido como tal cuando Lucas escribe Hechos). Bernabé parte a Chipre para dirigirse después, probablemente, a Macedonia y Grecia, que es adonde el Espíritu quiere llevar la misión.

También es posible que Bernabé vaya a Pafos (en Chipre), ya que es ahí donde Pablo, “lleno del Espíritu Santo” (única vez), rompió con el falso profetismo judaico representado por Bar Jesús y se identificó con Sergio Paulo, gentil deseoso de escuchar la Palabra de Dios (13,6-12).

En el inicio de la misión de la Iglesia de Antioquía, en 13,1- 4, es muy diferente la situación: es el Espíritu Santo el que toma la iniciativa y el que elige directamente al equipo misionero, y es toda la Iglesia la que interviene. Ahora Pablo toma la iniciativa, y se rompe el equipo del Espíritu, configurado por Pablo y Bernabé. Se rompe, porque Pablo no actúa conforme a la estrategia del Espíritu. De Bernabé ya no se habla más en Hechos, porque ya está en la línea del Espíritu.

Como ya dijimos a propósito de Pedro, Lucas sigue a sus personajes hasta que éstos responden del todo a la voluntad del Espíritu; después desaparecen del relato. Silas, el misionero elegido por Pablo en lugar de Juan Marcos, era dirigente y profeta en la Iglesia de Jerusalén (cf. 15,22.32). En la mente de Lucas, era asimismo ciudadano romano, al igual que Pablo (cf. 16,37)…” (Richard Pablo. El movimiento de Jesús antes de la Iglesia. Una interpretación liberadora de los Hechos d los Apóstoles, pp 115-116).

Finalmente, vemos a Marcos acompañando a Pablo encarcelado, años después, 56-57 (Flm 23). Y, para el año 70, le debemos el Evangelio que lleva su nombre, el primer Evangelio, la primera biografía escrita sobre Jesús de Nazareth. Probablemente murió en el año 68 d.C., de muerte natural, según una relación, y según otra, como mártir, en Alejandría de Egipto. De Alejandría fueron trasladadas sus reliquias a Venecia el año 825, cuya República lo adoptó como celestial patrono, erigiendo en su honor la maravillosa Basílica de San Marcos, y tomando el símbolo del evangelista (el león alado con el libro del Evangelio) como su escudo, que esculpió en todos sus monumentos y posesiones.

 

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