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Sagradas Escrituras: Ángeles pascuales

By Pbro. Mario Montes M. Junio 14, 2023

Les presentamos a los ángeles de la Pascua. Es importante resaltar su presencia, especialmente en este tiempo pascual que estamos celebrando en la Iglesia. En efecto, los ángeles vuelven a jugar un papel preponderante en el mensaje y en la revelación de la resurrección de Jesús,  especialmente en la escena de la tumba vacía. Y las mujeres que han ido al sepulcro son sus beneficiarias y destinatarias. Estos ángeles pascuales están ligados fundamentalmente a la tumba vacía y a la revelación del misterio de la resurrección de Jesús a las mujeres, especialmente aquellas sus discípulas y compañeras en Galilea que lo asistían y en su muerte en el Calvario (Lc 8,1-3; Mt 27,55-56). Pero en cada evangelista éstos juegan papeles diversos. Es ante todo necesario resaltar el carácter apocalíptico de esta aparición de los ángeles a las mujeres y el contenido de su mensaje pascual.

Pues bien, en el Evangelio de San Marcos se encuentra en el sepulcro vacío "un joven sentado a la derecha, vestido con una túnica blanca" (Mc 16,5). Anuncia la resurrección de Jesús, constata a las mujeres la ausencia del cadáver y ordena que transmitan a los discípulos este mensaje: "Vayan, pues, a decir a sus discípulos y a Pedro; él va camino de Galilea; allí le verán, tal como les dijo" (v. 7). No cabe la menor duda de que, por el mensaje sobre todo y por su indumentaria, este joven es un mensajero celeste, un ángel del cielo. Él revela, como en un apocalipsis, el primer anuncio que se predica en la iglesia: "Jesús de Nazaret, el crucificado, ha resucitado; no está aquí" (v. 6). En el Evangelio de San Mateo (28,2) le llama según su nomenclatura propia "el ángel del Señor", como en los relatos de la infancia de Jesús (Mt 1,20; 2,13.19). El mensaje es casi idéntico y con el mismo relieve escatológico y kerigmático de la fe eclesial. Y la descripción previa del ángel, reviste una forma impresionante que lo separa del Evangelio de Marcos y lo acerca al Evangelio apócrifo de Pedro, al hacer mención de un gran terremoto, el rodamiento de la piedra, el aspecto de relámpago de este ángel, los vestidos blancos como la nieve y los guardas atemorizados y muertos. Toda esta descripción del ángel del Señor evoca los ángeles guerreros de los Macabeos (ver 2 Mac 3,25-26; 5,2-3, etc.) y de la guerra escatológica de Qumrán.

En el Evangelio de San Lucas (24,1-11), más próximo a San Marcos por su sobriedad y por la prioridad que concede al mensaje, no nombra a los ángeles, pero los descubre en "los dos hombres" que surgen de repente ante las mujeres (v.4). Indicios a favor de que son ángeles se encuentran en el mismo verbo ("presentarse ante ellas") de la aparición del ángel del Señor a los pastores, en la primera nochebuena (Lc 2,9; ver Hech 12,7) y en el "vestido fulgurante" (ver Mt 28,3). De ellos dan cuenta los viajeros de Emaús: "hablaban incluso de que se les habían aparecido unos ángeles" (Lc 24,23). Con ello reforzaban su mensaje del Cristo resucitado. Y estos dos hombres vuelven a aparecer en la ascensión del Señor (Hech 1,11).

Ciertos rasgos originales se descubren en el comportamiento de estos ángeles pascuales en San Lucas. No intervienen antes que las mujeres constaten la desaparición del cadáver de Jesús (Lc 24,3). Su mensaje es un toque de atención a la reflexión sobre el acontecimiento: "¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?" Después del enunciado de hecho ("No está aquí, ha resucitado”), reenvían a las palabras de Jesús, que son esclarecedoras de su ausencia: "Recuerden lo que les dijo cuando estaba en Galilea" (Lc 24,6). Todo este mensaje angélico es una apelación la fe que está fundada sobre su palabra y su hecho. Son los “hechos y palabras" de Jesús que componen el evangelio de Lucas (Lc 1,1-4; Hech 1,1). Y tal evangelio es el objeto central del mensaje de los ángeles de la Pascua. Lucas se diferencia de Marcos y Mateo, porque los ángeles no les mandan a las mujeres llevar el mensaje a los discípulos -lo importante es que crean ellas, pero de hecho se lo llevan espontáneamente. Esto significa que la fe pascual es, en sí misma, comunicativa a los demás.

El Papa emérito Benedicto XVI, que hace unos meses ha pasado a la vida plena y a quien hoy queremos recordar con cariño por sus enseñanzas, nos decía lo siguiente hablando de los ángeles pascuales:

Todos los evangelistas precisan luego que, cuando las mujeres se dirigieron al sepulcro y lo encontraron abierto y vacío, fue un ángel quien les anunció que Jesús había resucitado. En san Mateo este mensajero del Señor les dice: "No temáis, pues sé que buscáis a Jesús, el crucificado; no está aquí; ha resucitado, como lo había dicho" (Mt 28, 5-6); seguidamente les muestra la tumba vacía y les encarga que lleven el anuncio a los discípulos.

San Marcos describe al ángel como "un joven, vestido con una túnica blanca", que da a las mujeres ese mismo mensaje (cf. Mc 16, 5-6). San Lucas habla de "dos hombres con vestidos resplandecientes", que recuerdan a las mujeres que Jesús les había anunciado mucho antes su muerte y resurrección (cf. Lc 24, 4-7). También san Juan habla de "dos ángeles vestidos de blanco"; es María Magdalena quien los ve mientras llora cerca del sepulcro, y le dicen: "Mujer, ¿por qué lloras?" (Jn 20, 11-13).

Pero el ángel de la resurrección tiene también otro significado. Conviene recordar que el término "ángel", además de definir a los ángeles, criaturas espirituales dotadas de inteligencia y voluntad, servidores y mensajeros de Dios, es asimismo uno de los títulos más antiguos atribuidos a Jesús mismo. Por ejemplo, en Tertuliano, en el siglo III, leemos: "Él -Cristo- también ha sido llamado "ángel de consejo", es decir, anunciador, término que denota un oficio, no la naturaleza. En efecto, debía anunciar al mundo el gran designio del Padre para la restauración del hombre" (De carne Christi, 14). Así escribe Tertuliano. Por consiguiente, Jesucristo, el Hijo de Dios, también es llamado el ángel de Dios Padre: él es el Mensajero por excelencia de su amor.

Queridos amigos, pensemos ahora en lo que Jesús resucitado dijo a los Apóstoles: "Como el Padre me envió, también yo os envío" (Jn 20, 21); y les comunicó su Espíritu Santo. Eso significa que, como Jesús fue el anunciador del amor de Dios Padre, también nosotros lo debemos ser de la caridad de Cristo: somos mensajeros de su resurrección, de su victoria sobre el mal y sobre la muerte, portadores de su amor divino. Ciertamente, seguimos siendo por naturaleza hombres y mujeres, pero recibimos la misión de "ángeles", mensajeros de Cristo: a todos se nos da en el Bautismo y en la Confirmación… (Papa Benedicto XVI. Oración del Regina Cæli. Castel Gandolfo. Lunes del Ángel 5 de abril de 2010).

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