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Los ángeles en el Nuevo Testamento

By Pbro. Mario Montes M. Junio 25, 2023

Si los ángeles en el Antiguo Testamento estaban al servicio de Dios y de sus planes de salvación como hemos visto, en el Nuevo Testamento están al servicio de Jesucristo, el Hijo de Dios. En los relatos de la infancia se nos cuenta que un ángel del Señor le anuncia a José, esposo de María, el nacimiento de Cristo, como también, en sueños, le indica lo que debe hacer para proteger la vida del Niño, de las amenazas de Herodes (Mt 1,18-2,23). Otro tanto sucede con el ángel Gabriel, que anuncia tanto el nacimiento de Juan el Bautista como el de Jesús (Lc 1,5-20. 26-38). En el nacimiento de Jesús, un ángel (¿el mismo Gabriel?), se le aparece a los pastores para anunciarles su nacimiento y, junto a él, otros ángeles se unen en la alabanza a Dios (Lc 2,8-14).

Después de haber sido tentado por Satanás, los ángeles se ponen a servir y atender a Jesús (Mt 4,11; Mc 1,12-13; Lc 4,1-8). La lucha de Jesús será contra el principio del mal, para hacer que triunfe el Reino de Dios (Mt 6,10), aquí en la tierra como en el cielo. Al ser detenido en el huerto de Getsemaní, Jesús asegura a Pedro que Dios pondría a su disposición más de doce legiones de ángeles (Mt 26,53). Precisamente allí, en su agonía, Jesús fue confortado por un ángel del cielo (Lc 22,43).

Al conocer a Natanael, uno de sus primeros discípulos, Jesús dice “que verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre” (Jn 1,43-51), presentándose como la nueva escala de Jacob (ver Gén 28,12). Y cuando anuncia su intervención judicial al final de los tiempos, menciona a los ángeles: “todo el que esté de mi parte ante los hombres, también el Hijo del hombre estará de parte de él ante los ángeles de Dios. Pero si uno me niega ante los hombres, también lo negaré ante los ángeles de Dios” (Lc 12,8-10). Y, cuando llegue el juicio final, “enviará a sus ángeles para juntar a sus elegidos de los cuatro vientos” (ver Mt 25,31). En ese sentido, el libro del Apocalipsis presenta a los ángeles como ministros de Dios (Ap 8,1-2). Y, en sentido figurado, se les llama ángeles a los dirigentes responsables de las comunidades cristianas (ver Ap 2-3). También se les llama ángeles a las fuerzas del mal (Mt 25,41; 2 Cor 12,7; Ap 12,7-8).

Y ni se diga en los relatos pascuales, que nos cuentan acerca de la resurrección de Cristo, en que se aparecen a las mujeres para anunciar el acontecimiento y mostrarles la tumba vacía (ver Mt 28,2; Mc 16,5; Lc 24,4; Jn 20,12 con María Magdalena). Como vemos, todos ellos están al servicio de Cristo, al ser considerado de condición muy superior a ellos. Y dice Jesús que, en cuanto a la hora del día del juicio y de la consumación del mundo: “nadie la conoce, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo del hombre, sino sólo el Padre” (Mc 13,32). Y del Hijo de Dios, el autor de la Carta a los Hebreos, afirma que “fue hecho tanto mayor que los ángeles, que heredó un nombre más excelso que ellos” (Heb 1,4). Así también san Pablo la superioridad de Cristo sobre los ángeles (Gál 3,19; ver Heb 2,2).

A los cristianos de Colosas, que especulaban sobre el mundo de los ángeles, con el peligro de rebajar el papel de Cristo, único Mediador, san Pablo les enseña que Cristo es muy superior a ellos, de cualquier clase que sean (Col 1,16.20), especialmente sobre todos aquellos que eran llamados “tronos, dominaciones, principados y potestades” (Ef 1,21; 3,10; Filip 2,9-10). Y que, por ser “la imagen del Dios invisible, es el primogénito de toda creatura y que todo fue creado por él y para él” (Col 1.15-16). Por eso, los miembros de su Cuerpo, es decir, la Iglesia, participan de la soberanía de Cristo y juzgarán a los ángeles (1 Cor 6,3). Así, san Pablo, sale al paso de todas estas especulaciones y tendencias sobre la mixtificación de los ángeles y de los elementos cósmicos del paganismo (Col 2,8.20; Gál 4,3.9). En la 1 Carta de Pedro (1,12), se dice que los ángeles desean contemplar el Espíritu de Cristo y, en efecto, “Cristo, una vez sometidos a Él los ángeles, las potestades y las virtudes, subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios” (1 Ped 3,22).

 

Ángeles protectores y compañeros

 

Finalmente, se dice que los ángeles, en la historia de la salvación, tienen la función de proteger al justo (Sal 91,11-13), librándolo de los peligros (Jdt 13,20), defendiéndolo de los ataques de los demonios (Tob 8,3) y para presentar sus oraciones a Dios (Tob 12,12). Por eso, en el Nuevo Testamento se habla de estos ángeles que protegen al justo (Heb 1,14), del ángel que presenta el alma a Dios (Ap 16,22), de los ángeles que separan a los elegidos y a los condenados en el día del juicio (Mt 13,49). Jesús dice que los ángeles de los niños ven la cara de Dios (Mt 18,10) y en el libro de los Hechos de los Apóstoles, se habla del ángel de Pedro que le liberó de la cárcel y de la persecución decretada por Herodes Agripa (Hech 12,1-11). Como vemos, estos ángeles compañeros y protectores, han dado paso a nuestra creencia del ángel de la guarda o de los ángeles custodios.

 

Los ángeles en los libros apocalípticos

 

En la literatura apocalíptica, especialmente en los libros apócrifos, abundan los ángeles que son, en comparación, como los bombillos y lucecitas de nuestros árboles de Navidad. Principalmente en su función de intérpretes de los designios de Dios ante los videntes. Esto aparece en los libros de Daniel y de Zacarías, como también en las escenificaciones litúrgicas en el cielo, según el libro del Apocalipsis (ver Ap 4,4.6; 8,2), como también son los embajadores para comunicar los planes divinos (Ap 1,1; 10,18; 17,1-2), sea para ejecutar las órdenes de protección o de castigo dictaminadas por Dios (Ap 7,18; 8,2-3; 14,14-15; 15,1-2), ya que son sus colaboradores en el gobierno del mundo, como aparecen en el libro del profeta Zacarías (Zac 2,1; 3,2; 4,1; etc).

En realidad, esta intervención de los ángeles, en el momento final de la historia, está en consonancia con las enseñanzas de Jesús y de san Pablo (ver Mt 16,27; 24,31). En el momento en que, como dice san Pablo, “pase la figura de este mundo”, nada tiene de particular que intervengan como auxiliares de Dios en esos momentos decisivos para la humanidad, como han intervenido en otros momentos decisivos de la historia de salvación, como hemos visto. Con todo y como hemos afirmado, nada hay en la Biblia en que se hable de sus orígenes. Simplemente ellos han irrumpido inesperadamente en la historia bíblica, como analizamos los textos más arcaicos de la Escritura y especialmente, como vimos que aparecen en los textos bíblicos posteriores al destierro de Babilonia, en los que vemos una “angelología” más desarrollada.

 

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