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Tus dudas: ¿Cómo defender el derecho a la vida frente al aborto?

By Mons. Vittorino Girardi S. Septiembre 21, 2022

“Monseñor: se ha escrito y publicado mucho con opiniones contrastantes acerca de la sentencia de la Corte Suprema de los Estados Unidos que el mes pasado ha declarado ilegal el aborto desconociendo que no se trata en absoluto de un derecho humano de parte de la mujer. Es un hecho con que me siento invitada a reflexionar y a la vez me sorprende y me escandaliza escuchar la expresión “derecho al aborto”. Suena como si dijéramos “derecho a matar a inocentes”. Desde adolescente me turbaba el solo imaginar la posibilidad de suprimir una vida (toda vida humana es un auténtico milagro de la naturaleza, y entonces de Dios) en el útero de su mamá, destinado a comunicar y sostener la vida del propio hijo. El derecho a la vida, es sagrado. Sin embargo ahora, ya no adolescente, me pregunto: cuando por muchas razones la madre considera “imposible” llevar a conclusión su embarazo, ¿qué se puede hacer? Como ya hice comprender, Monseñor, he escuchado muchas opiniones, pero deseaba escucharle a usted. Muchas gracias por su amabilidad.”

Gema Calderón R. - Alajuela.

 

Estimada Gema, ante todo, le felicito por haber reflexionado sobre un tema de tanta trascendencia como es el del “derecho fundamental y primario” a la vida, que no puede ser negado a nadie.

Y otra observación: usted quisiera saber cuál es mi modo de pensar al respecto. Enseguida debo decir, que mi modo de pensar es el de la Iglesia Católica y como nuestra doctrina ha quedado redactada en el nuevo Catecismo de la Iglesia, aprobado por san Juan Pablo II en 1983.

Ahora bien, el punto de partida de toda reflexión es el hecho indiscutible que desde el momento del encuentro de los gametos masculino y femenino, ya tenemos vida y vida humana. Se trata de un hecho ampliamente documentado por las investigaciones científicas. La madre, desde ese momento, lleva dentro de sí, a un ser humano, que depende totalmente de ella, pero que no hace parte de ella, como podría ser cualquier miembro suyo. Es otra persona humana en desarrollo.

Desde el momento de la concepción, estamos frente a dos vidas humanas, la de la mamá y la del hijo y los dos tienen el mismo derecho a la vida.

La ciencia y concretamente la ciencia médica, está destinada a cuidar de las dos vidas, que poseen los mismos derechos.

Usted, estimada Gema, en su correo me habla de “muchas razones” que una mamá podría tener para no llevar a término su embarazo. Tratándose de un tema tan importante como es el de la vida del propio hijo o hija y entonces el tema de “proteger” o eliminar una vida inocente, hay que ver si realmente nos encontramos frente a “muchas razones”, y si estas son verdaderas razones. Por ejemplo: ¿es razón que un feto tenga alguna seria deficiencia en su desarrollo, para que se pueda eliminar como sería el caso del Síndrome de Down? Me refiero a este caso porque creo que usted ya está enterada de ello, basta esta razón para que el médico por ejemplo en Islandia, parece también el el norte de España, en el País Vasco, tenga motivo para eliminar el niño del cual sabemos que si llega a salir del vientre materno saldría con Síndrome de Down. Ciertas regiones, con orgullo, diría -aunque la palabra sea muy dura- orgullo diabólico, pretenden llegar a un momento en que ya no haya niños o niñas que nazcan con Síndrome de Down. No es la salud que me da derecho a vivir o motivo para que me maten; no es ningún defecto físico que sea razón para eliminar a una creatura cuando además es el propio hijo o hija.

Con esto no se niega que se den realmente casos serios, como por ejemplo el de un aumento grave y peligroso de la presión de la embarazada que podría causar un infarto y en tal caso la muerte de los dos, la madre y el hijo que ella está esperando... en este caso, le corresponde al médico especialista, medir los riesgos en el momento de aplicar el remedio apropiado, aunque pueda implicar un posible real peligro de dañar al feto, al niño que la embarazada está esperando. Su intención no es dañar al niño -aún menos eliminarlo- sino sanar a la mamá que puede tener serio peligro de infarto. Lo que el médico especialista quiere directa y explícitamente es la salud de la madre y si la madre logra la salud esto termina beneficiando también a su creatura. Sin embargo podría una fuerte dosis necesitada para controlar la presión, dañar al feto pero no es esa su primaria intención. Estamos frente a lo que los moralistas llaman “acción de doble efecto”, en que lo que se busca es lo moralmente correcto aunque con el riesgo de un “daño” no querido en absoluto.

Desafortunadamente, un tema tan importante y fundamental como es el del derecho a la vida de todo ser humano, desde su primer momento de la concepción al momento de su muerte natural, está sometido a “visiones” de partido, de ideologías, de intereses económicos e inclusive de egoísmos de carácter racial...

Más allá de todos estos condicionamientos, hay que guardar y defender el irrevocable derecho universal a la vida. Como lo había repetido San Juan Pablo II, ¡no cabe “disponer del ser humano”! Es la verdad que ha sido consignada en el número 2271 de nuestro Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica a que hemos hecho referencia: “el aborto es gravemente contrario a la moral; es un horrible delito”. Es una afirmación que jamás ha cambiado desde los primeros tiempos del cristianismo y que ha sido confirmada por las intervenciones del magisterio de la Iglesia y particularmente de parte de los últimos Sumos Pontífices (son innumerables, en estos últimos años, las declaraciones de nuestro Papa Francisco).

De parte nuestra, hagamos todo lo posible para apoyar todo esfuerzo para que se evite el aborto, valorando a lo máximo las dos vidas, la de la mamá y la del hijo. No cabe “abaratar” ninguna de las dos, mientras nos resuena dentro el fundamental mandamiento: no matarás.

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