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Tus dudas: ¿Fracasé en la educación de mis hijos?

By Mons. Vittorino Girardi S. Abril 13, 2023

“Monseñor: estoy muy triste. He intentado educar correctamente a mis tres hijos, según la educación cristiana que yo misma he recibido de mis padres “chapados a la antigua”. Sin embargo, debo constatar que no he tenido mucho éxito. Mis hijos, cuando niños frecuentaban los Sacramentos, pero ahora sólo en pocas ocasiones van a Misa. Lo que más me entristece es mi hija, ya profesional, y que ha tenido a dos novios formales y que con los dos, de hecho ha convivido. Ahora está con otro. Ella sabe que eso me entristece. Le recuerdo que eso no es correcto. Sin embargo, ella se me muestra más bien indiferente, y me repite: “mamá, es lo que hacen todas mis amigas”. Monseñor, no le estoy enviando ninguna duda o pregunta, pero quería escuchar una palabra suya, y se la agradezco”.

 Madre Preocupada R. O. – Costa Rica

 

Mi estimada Madre Preocupada, desafortunadamente no me comunica usted ningún caso excepcional. Se está imponiendo, también en Costa Rica la mentalidad de cuantos hacen propia la extraña norma, “¡Yo hago las cosas a mi manera!”

Se ha ido difundiendo un modo de entender la vida y de actuar, al margen de los auténticos valores cristianos, los cuales, si los asumimos y nos esforzamos en vivirlos, hacen la vida más digna, más humana y más bella.

Hay que admitirlo: nuestra sociedad, hoy en día, está caminando hacia formas de nuevo paganismo, en que el ser humano pretende establecer lo que es bueno y lo que es malo, al margen de la Ley de Dios y que la Iglesia nos propone. De parte de muchos no se ha llegado sólo a la indiferencia religiosa y moral, sino, inclusive al desprecio de cuanto una “recta conciencia” y la Iglesia nos proponen y nos dictan.

Se constata la difusión de una contradictoria y absurda situación: mientras se cierran las puertas, a como dé lugar, al matrimonio cristiano, hay una dominante presión social, favorecida por múltiples medios, que va difundiendo como bueno y “normal” e, inclusive, como derechos (y entonces, apoyados por leyes del Estado), la unión libre, el divorcio, la unión homosexual, la esterilización, la posibilidad del aborto, la absurda ideología de género… Todos son signos muy claros, de una sociedad decadente, como la historia ya lo ha, claramente, demostrado y confirmado.

Como lo leemos en la Sagrada Escritura, lo que equivale a decir, como nos lo dice Dios mismo, de una sociedad, el momento más negativo y en que se encamina no sólo a su decadencia, sino a su fin, es cuando ya “se llama bien lo que es mal y mal lo que es bien” (cf. Is 5, 20).

Hasta aquí no le estoy diciendo nada nuevo, estimada Madre Preocupada, sólo he puesto de relieve la dolorosa verdad de lo que le dice su hija: ¡Es lo que hacen todas!

Lo realmente nuevo, es lo que en conciencia debemos hacer cada uno de nosotros, de cuantos, gracias a Dios, hemos recibido una formación cristiana. Lo digo con una simple afirmación, que es a la vez un desafío: “Hay que atreverse a ir contra corriente aunque esto implique, a veces, un auténtico heroísmo”.

Hay que aprovechar de la luz que Dios nos ha dado, no sólo para juzgar correctamente acerca de lo que es bueno y lo que es malo, sino también para iluminar nuestro propio camino y para mantenernos así fieles al que nos dice hoy y como siempre: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14, 6); “el que me sigue no camina en tinieblas” (Jn 8, 12). La peor desgracia, no hay duda, consiste en vivir engañados y sin saber a dónde vamos en un mundo envuelto en el error y en el engaño.

Sin sentirnos mejores que nadie, pero haciendo lo posible para mantenernos fieles a los auténticos valores cristianos, nos acompaña la convicción de que “nadie sabe cuánto bien hace cuando hace el bien”. Lo decimos, pensando particularmente en nuestros jóvenes, quienes, como lo afirmaba el Papa San Pablo VI, “ya están cansados de escuchar a maestros, y lo que piden son ejemplos, y si vuelven a escuchar a maestros, es porque éstos ofrecen ejemplos creíbles”.

Además, nos consuela y nos sostiene la convicción de que en este “atrevernos a ir contra corriente” no estamos solos. Jesús nos lo ha prometido, y hoy, como a sus apóstoles, nos repite: “no los dejaré huérfanos” (Jn 14, 18); “yo estaré siempre con ustedes” (Mt 28, 20).

Con humilde alegría, mostrémosles a nuestros jóvenes toda la verdad de lo que nos dijo a todos el Papa Benedicto XVI, el día en que tomó posesión como Papa (24-4-2005): “¡Abran las puertas a Cristo […]. Quien deja entrar a Cristo no pierde nada, nada, -absolutamente nada- de lo que hace la vida libre, bella y grande […]. Sí, abran, abran de par en par las puertas a Cristo y encontrarán la verdadera vida!”.

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