El pasado sábado 21 de febrero, la Parroquia San Pedro Apóstol, en Buenos Aires de Puntarenas, fue el lugar en el que la Diócesis de San Isidro recibió a un nuevo diácono: el joven Pablo Gustavo Ramírez, ordenado por imposición de manos de Monseñor Juan Miguel Castro, obispo diocesano.
Ese día, familiares, amigos, formadores y compañeros del nuevo diácono oraron por él para que el Señor lo fortalezca en su misión y, si es su voluntad, que sea ordenado presbítero en un futuro cercano.
Durante la Eucaristía, que inició con mucha emoción cuando los padres de Pablo se acercaron a él, lo bendijeron y santiguaron, Monseñor Juan Miguel dijo que se trataba de un día de mucha alegría para la diócesis: “El Señor que llama por amor, vuelve a posar su mirada sobre un hijo de esta querida diócesis de San Isidro y lo consagra para el servicio, no es una elección humana, es una iniciativa divina”, dijo.
Retomando las lecturas proclamadas, el pastor reiteró que es Dios quien llama y confirma en una misión. “Pablo, hoy el Señor te toma para poner tu vida al servicio, no te ordenas para sí mismo, sino para el pueblo de Dios, no se trata de un honor sino una entrega”, agregó.
“No caminarás solo, el Señor sostendrá tus pasos, fortalecerá tu corazón y te levantará cuando experimentes fragilidad. La gracia del sacramento no es un símbolo, es una fuerza real que te acompañará cada día”, prosiguió Monseñor.
Monseñor explicó que, desde su origen, el diaconado tiene como objetivo servir, acompañar y atender las necesidades del pueblo. “El diaconado nace en medio de una necesidad pastoral, para que nadie quede excluido, para que la caridad sea concreta”.
“Pablo, tu ministerio será profundamente pastoral, por eso te pido algo muy concreto, sé cercano al pueblo, ama al pueblo que se te confía, respétalo, escúchalo, camina con él, nuestro pueblo sencillo tiene una sabiduría que nace de la fe viva, no llegues como quien ya lo sabe todo, sino como quien desea aprender y servir, el diácono no está por encima del pueblo, está en medio de él, como Cristo que se ciñó la toalla y lavó los pies”, enfatizó Monseñor.
Un diácono en la Iglesia Católica es un ministro ordenado para el servicio (diakonía) que asiste al obispo y a los sacerdotes. Sus funciones principales se dividen en tres áreas: 1. Ministerio de la Palabra: Proclama el Evangelio en la misa, predica la homilía y enseña en programas de formación religiosa o preparación sacramental. 2. Ministerio del Altar (Liturgia): Asiste al sacerdote en el altar, dirige la oración universal (peticiones), distribuye la Sagrada Comunión (y puede llevarla a los enfermos), bautiza, oficia bodas y celebra las exequias (funerales). 3. Ministerio de la Caridad (Servicio): Se dedica a la atención de los pobres, marginados, enfermos y presos, reflejando el servicio de Cristo a la comunidad.
Un diácono no puede celebrar la Santa Misa, confesar, confirmar, ni ungir a los enfermos.
Existen diáconos permanentes (pueden ser casados) y transitorios (en camino al sacerdocio como Pablo), pero ambos comparten las mismas facultades litúrgicas.
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