Precisamente, la principal conclusión del Estado de la Población Mundial 2025 es que “millones de personas en el mundo no pueden tener el número de hijos e hijas que quisieran”, no por su rechazo a la maternidad o la paternidad, sino por “las barreras económicas y sociales que les impiden hacer realidad sus deseos”.
El pronóstico planteado para la tasa de fecundidad en Costa Rica a inicios del siglo era que, en el año 2030, se llegaría a una tasa de 1,6. Sin embargo, 10 años antes, es decir, en 2020, la tasa había descendido a 1,4 hijos. O sea, el país tiene menos niños a un ritmo incluso más rápido de lo esperado.
Costa Rica dejó de tener hijos
A modo de comparación, en 1960, las mujeres en nuestro país tenían siete hijos en promedio, mientras que en 2024 apenas tenían sólo uno. Según analistas, esta tendencia responde a una serie de factores políticos, culturales, educativos, laborales, entre otros.
A partir de la década de 1960, Costa Rica comenzó a implementar una serie de políticas públicas, motivadas por el peligro de una “sobrepoblación”, es decir, un temor generalizado a nivel mundial a la conocida “explosión demográfica”, que predecía un colapso de los recursos, por ejemplo, un gran faltante de alimentos.
Entonces, los gobiernos impulsaron una serie de medidas de control poblacional, en ocasiones sumamente agresivas, como la esterilización forzada e incluso la promoción del aborto.
Esas proyecciones catastróficas resultaron altamente imprecisas, pues no tomaron en cuenta diversos factores, como el desarrollo y el crecimiento en la producción de alimentos, cambios culturales y educativos, así como un mejor aprovechamiento de los recursos y la tecnología. No hubo tal colapso, pero tampoco hubo vuelta atrás.
En Costa Rica, por ejemplo, desde entonces se llevan a cabo campañas de distribución de métodos anticonceptivos, profilácticos y dispositivos intrauterinos. Sin mencionar las presiones para liberar el aborto así como los ataques contra la familia y la maternidad, por parte de ciertos sectores políticos e ideológicos.
Pero hay otros factores a tomar en cuenta para explicar la baja natalidad en el país. Uno de ellos es el educativo, pues el incremento en la escolaridad, principalmente de las mujeres, llevó a postergar el nacimiento del primer hijo.
Otra razón es la incorporación de las mujeres al mercado laboral remunerado, al tiempo que los hombres no dedican más tiempo al cuido en los hogares, según indica la investigación de la UCR titulada “Nuevas Cartografías para comprender la Costa Rica del Siglo XXI”.
De acuerdo con ese documento, la crianza se volvió más compleja y se evidencian las dificultades de llegar a acuerdos respecto al cuidado, lo que se ve reflejado en las tasas de separación y divorcio. Sumado a esto, existe una ausencia de una red de cuidados que permita el trabajo fuera del hogar y que al mismo tiempo asegure el cuido de los hijos.
Por supuesto, como ya se ha dicho, las personas señalan también limitaciones económicas para alcanzar el número de hijos deseados o la incertidumbre social, política e inclusive climática para brindarles el futuro anhelado.

Políticas públicas a favor de la familia
En la recién publicada Carta Pastoral Colectiva titulada “La paz esté con ustedes (Jn 20,19)”, los obispos de la Conferencia Episcopal de Costa Rica apuntan a que esta disminución en la natalidad está relacionada con “un temor a compromisos futuros por parte de los esposos, sobre todo a responder económicamente a las obligaciones económicas de mantener una familia de más de un hijo”.
“Es una carga que sienten que llevan solos cuando debería ser un esfuerzo coordinado con políticas públicas que fortalezcan la vida y la familia. Si seguimos por este camino tendremos una sociedad con menos niños y cada vez más envejecida”, advierten.
Al mismo tiempo, los pastores notan que unido a la alarmante disminución de nacimientos se percibe la insistencia entre algunos colectivos por la legalización del aborto y la ampliación de la Norma Técnica para practicar abortos así llamados “terapéuticos”.
La Iglesia costarricense también señala que no hay cifras oficiales de los abortos practicados clandestinamente en el país, pero “la dolorosa percepción es que es un procedimiento fácil de conseguir”. Eso sí, la Conferencia Episcopal destaca que la población es consciente del valor de la vida desde el primer instante de su concepción, muestra de ello es el rechazo categórico al aborto que arrojó la reciente encuesta sobre Percepción de la población costarricense sobre valores y prácticas religiosas, liderada por la Universidad Nacional, en la cual el 70% de los encuestados se expresó en contra de esta práctica.
Una sociedad individualista
Los estudios hablan de cambios sociales y culturales, pero en ocasiones omiten mencionar puntualmente en qué consisten. No obstante, la Iglesia ha llamado la atención sobre el individualismo, esa postura de anteponer los deseos y comodidades personales sobre la comunidad, la fe y los hermanos.
Una sociedad individualista es aquella donde las personas parecen más preocupados por tener (acumular dinero, bienes, poder…) que por ser (desarrollo de virtudes y crecimiento en la fe).
Justamente, el Papa Francisco, con motivo de la celebración del Día Mundial de la Población en 2024, expuso que la raíz del problema de la contaminación y de la falta de alimentos no está el nacimiento de los hijos, sino en las opciones egoístas del materialismo y el consumismo que impactan a la persona y a la sociedad.
“El problema no es cuántos somos en el mundo, sino qué mundo estamos construyendo -ese es el problema-; no son los hijos, sino el egoísmo, el que crea injusticias y estructuras de pecado, hasta el punto de entrelazar interdependencias malsanas entre los sistemas sociales, económicos y políticos”. El pontífice indicó en esa ocasión que el número de nacimientos es el primer indicador de esperanza para una población, ya que sin niños y sin jóvenes un pueblo pierde el deseo de futuro.
Y para despertar ese deseo, afirmó, se necesitan políticas eficaces y decisiones valientes, concretas y a largo plazo para sembrar hoy y que los hijos puedan cosechar mañana. “Es necesario un mayor compromiso de todos los gobiernos, para que las jóvenes generaciones estén en condiciones de poder realizar sus sueños legítimos. Se trata de tomar decisiones serias y eficaces en favor de la familia”, expresó.
Desafíos y oportunidades
Si la tasa de natalidad en Costa Rica es de 1,16 hijos por mujer y la tasa de reemplazo es de 2,1 hijos por mujer, resulta evidente que Costa Rica tiene todo un desafío en muchos sentidos. Entre los más preocupantes están la economía, las pensiones y el sistema de seguridad social.
En primer lugar, la lenta disminución de la población en edad de trabajar, podría encarecer servicios en sectores claves de la economía. En segundo lugar, el sistema de pensiones necesita ciudadanos en edad para trabajar que coticen al sistema de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM).
La situación se agrava, pues en Costa Rica la población adulta mayor crece cada vez más, según se proyecta pasará de un 9% en 2020 a un 20% en 2050, es decir, uno de cada cinco costarricense será un adulto mayor.
Se requieren más jóvenes que trabajen y que coticen a la Seguridad Social. Si cada vez hay menos hijos el país tendrá que tomar medidas. De hecho, se ha hablado de elevar la edad de retiro, subir el número de cuotas o aumentar el aporte de pensión.
No todo es negativo. La baja natalidad también puede ser una oportunidad, por ejemplo, en el ámbito educativo, pues al haber menos personas en primaria y secundaria, sería posible incrementar la calidad en la educación pública, siendo viable aumentar los recursos por cada estudiante, según expone el estudio Nuevas Cartografías.
Sin embargo, Costa Rica no parece aprovechar esta oportunidad, si se toma en cuenta que actualmente el sistema educativo sufre un deterioro continuo. El Informe Estado de la Educación 2025 alerta que Costa Rica sufre una crisis educativa profunda y sin precedentes, agravada por los “apagones educativos” (2018 y 2022) y recortes presupuestarios.
Menos matrimonios
La tasa de nupcialidad, es decir, la cantidad de matrimonios por cada 1.000 habitantes en Costa Rica es de 4,24 matrimonios por cada mil habitantes. Se calcula que disminuyó un 21% entre 2012 y 2022. En ese mismo periodo, los matrimonios católicos cayeron un 40%, mientras que los civiles lo hicieron en un 15%, según el Informe de la UNFPA. En general, se calcula que hay una razón de cuatro matrimonios civiles por cada matrimonio católico.
Otros anhelos
El profesor e investigador de la Universidad de Costa Rica, David Delgado, sociólogo y demógrafo, comentó a Eco Católico que si bien una de las razones principales dadas por las personas para no tener hijos es la situación económica, hay que analizarlo más profundamente. Por ejemplo, puede que los jóvenes tengan otras prioridades, que entre sus anhelos principales no esté tener hijos, sino viajar, estudiar, cumplir metas a nivel profesional…
Para Delgado cabe preguntarse qué se entiende hoy por maternidad y paternidad, o por responsabilidad y por crianza de un hijo. De repente, expone, hay quienes primero se preocupan por tener un empleo y una vez que lo tienen su preocupación es mantener ese empleo, buscan primero estabilidad y postergan la idea de tener hijos.
Por otro lado, hay parejas jóvenes que a pesar de alcanzar un estatus económico alto, tampoco optan por tener hijos. En este punto, Delgado reitera que no se trata solo de un tema económico, sino de muchos factores que inciden en la decisión de tener hijos.
El especialista también reflexiona que las políticas antinatalistas implementadas hace más de tres décadas fueron muy agresivas y no visualizaron un impacto como este. Si bien valora aspectos positivos, como la prevención de enfermedades, reconoce que hubo un descenso muy drástico de la tasa de natalidad.
















