Recientemente, ocurrió un hecho lamentable en Cartago, cuando un conductor causó la muerte de otro al dispararle en la pierna, en medio de una riña ocurrida tras un choque entre los vehículos en que viajaban.
La Doctora Ivannia Serrano, psicóloga y presidente del Colegio de Profesionales en Psicología, conversó con Eco Católico sobre la violencia en las carreteras, el manejo de la ira y lo que denomina como educación emocional vial.
¿Qué provoca que las personas se vuelvan violentas cuando manejan?
Es importante comprender que las manifestaciones emocionales o conductuales de las personas pueden variar de persona a persona y depende mucho de cada situación, por lo que esto responde a elementos multicausales y multifactoriales. No obstante, es necesario encuadrar al menos 3 factores que interactúan entre sí en medio del tránsito:
Factores situacionales: El estrés pesa en carretera. Elementos como el embotellamiento característico de las hora pico, la amenaza potencial de llegar tarde al lugar de destino, el calor, ruido, así como las privaciones de las necesidades biológicas, pueden bajar la tolerancia a la autonomía y el autocontrol.
Factores individuales: En una sociedad tan diversa, hay personas con mayores rasgos de impulsividad, una baja tolerancia a la frustración, o bien, con conductas de riesgo como la agresividad.
Factores del contexto vial: El conjunto de estrés, embotellamiento y sentirse atrapado dentro de un vehículo, podrían ser el detonante para que una personas se encuentre desinhibida, lo cual, no es justificante de actos violentos, sin embargo hablamos de una persona con baja capacidad de regulación emocional.
¿Existe realmente eso que llaman “ira al volante” para describir personas que se transforman cuando conducen?
Hay un término desde la psicología vial llamado “road rage” o agresión vial, en donde se ven contemplados tres elementos. Por una parte el anonimato, es decir, el hecho de que no se vea la cara de la persona y no haya consecuencias sociales inmediatas, podría reducir la inhibición y que la persona se deje llevar por la ira.
Otro aspecto es la territorialidad. El vehículo es percibido por el conductor como extensión del espacio personal, podría ocurrir que, cuando a ese vehículo le invadan el carril, el cerebro de la persona lo procese como una agresión física y no como un evento situacional y materializarse en actos violentos.
También podemos hablar de percepción de control. Es un hecho que detrás del volante los conductores tenemos la responsabilidad de un par toneladas de metal. Este estrés implícito puede aumentar la sensación de invulnerabilidad y, de alguna manera, conductores con baja tolerancia a la frustración se dan el derecho a “castigar” al otro.
¿Qué caracteriza a una persona incapaz de manejar su ira?
Dentro de las características señalo:
1. Reacción desproporcionada ante una mínima provocación responde con gritos, amenazas o violencia física.
2. Dificultad para detenerse ante sus impulsos. Una vez que se activa, no puede bajar la intensidad por sí sola.
3. Tendencia de la persona a la justificación de sus propios actos o reacciones, y externalizando esta frustración por medio de la culpabilización a sí misma, o bien, a los demás.
4. Dificultad de la integración del entorno, lo que lo lleva al pensamiento inflexible de que todo es blanco o negro, no hay grises en el tránsito.
¿Y qué consecuencias tiene esto para la salud y en general en la vida cotidiana?
Respecto a las consecuencias señalo por ejemplo: Implicaciones en la salud, como compromiso en el aumento de cortisol crónico, hipertensión, insomnio, ansiedad... es decir, que el sistema nervioso vive en alerta constante. Además, las implicaciones legales: Choques, partes, delitos de amenazas, lesiones, suspensión de licencia, o inclusive más graves.
También las implicaciones sociales: Deterioro de relaciones interpersonales, despidos, aislamiento. Lo que aumenta el riesgo de accidentes viales para sí mismo y terceros. Finalmente, las implicaciones psicológicas, pues se refuerza el ciclo violento y cada explosión aumenta la sensación de falta de control y vergüenza posterior.
¿Qué puede hacer una persona para aprender a controlar su ira?
En el momento: Detención de conducta cuando se siente el impulso: Contar 10 segundos antes de reaccionar. Poner música tranquila, o bien, bajar el volumen si la radio está encendida, hacer respiraciones controladas.
Reestructuración cognitiva rápida: Cambiar un “me lo hizo a propósito” por “quizás no me vio”. Técnica física: Apretar el volante cinco segundos y soltar. Respirar con la técnica 4-4-6, respiro en 4 segundos, sostengo en 4 segundos y exhalo en 6 segundos. Esto baja la activación fisiológica ante un evento de estrés.
De manera preventiva: Planificación, es decir, salir 15 min antes de lo esperado si se puede, esto con el fin de evitar las horas de mayor tránsito. Procurar higiene de sueño y alimentación adecuada. Finalmente, en el trabajo profundo con la persona: Terapia, para trabajar la gestión de las emociones, el afrontamiento ante las situaciones de estrés, las habilidades sociales y asertividad vial.
¿Hace falta educar, por ejemplo, en valores como la amabilidad en carretera?
Por supuesto, y no es que sea importante, es urgente y necesario. De manera histórica, la educación vial se ha enfocado en normas y multas. Pero falta educación emocional vial. Es necesario que la población pueda entender que la educación sí funciona, la amabilidad es contagiosa. Por ejemplo un “gracias” con el cambio de las luces reduce la tensión, según estudios de psicología del tránsito. Enseñar empatía vial es recordar que adentro hay una persona con problemas, no un enemigo. Valores como paciencia, respeto y responsabilidad colectiva bajan la tasa de incidentes. La ley regula la conducta. La educación en valores regula la intención detrás de la conducta. Sin eso, vamos a seguir teniendo incidencias por situaciones evitables.
En algún momento la Ley de Tránsito llegó a establecer una Prueba de Aptitud Psicológica para conducir vehículos, pero el gobierno no creó nunca un reglamento y la Asamblea Legislativa terminó por derogar el artículo.
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