A pesar de las advertencias y el riesgo de provocar un cisma, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) se atrevió, una vez más, a cruzar la línea: ordenó a cuatro obispos sin la correspondiente autorización del Papa. Esto ocurrió el pasado 1 de julio en Econe, Suiza.
Ante esto, el Vaticano informó la inmediata excomunión de los cuatro consagrados y para los fieles laicos involucrados, de acuerdo con lo establecido en el Código de Derecho Canónico.
“Los ministros sagrados pertenecientes a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X se encuentran en cisma y deben ser considerados cismáticos”, informó la Santa Sede a través de un comunicado.
Igualmente, se advierte al santo Pueblo de Dios que los ministros sagrados de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X administran ilícitamente los sacramentos, y que el sacramento de la penitencia por ellos administrado y el matrimonio por ellos asistido son inválidos.
Se aclara además que la Iglesia, como madre, acogerá con sincero afecto y viva solicitud a todos cuantos deseen regresar a la plena comunión. Para esto, hay una serie de procedimientos ordinarios establecidos.
Al mismo tiempo, se exhorta a los fieles a permanecer en comunión con el Romano Pontífice, con los obispos en comunión con él y con toda la Iglesia. Igualmente, se les pide abstenerse de participar en las celebraciones y actividades promovidas por la mencionada Fraternidad Sacerdotal San Pío X.
Como antecedente, en 1988, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X celebró consagraciones episcopales sin el consentimiento del entonces Papa San Juan Pablo II. En aquel momento, se creó una comisión para facilitar la reconciliación de los fieles vinculados.
De esta forma, 38 años después, volvieron a cometer un acto, considerado una afrenta a la comunión de la Iglesia.
¿Quiénes son los lefebvristas?
Los lefebvristas (también conocidos como lefebvrianos) son los miembros la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, una sociedad sacerdotal fundada en 1970 por el obispo francés Marcel Lefebvre, de ahí ese nombre.
La FSSPX surgió como rechazo al Concilio Vaticano II y a ciertas reformas a partir de entonces, entre ellas, que la Misa pudiera decirse en lenguas diferentes al latín, a pesar de que este aun se utiliza en la Iglesia.
Es importante aclarar también que los lefebvristas pueden rechazar en mayor o menor medida las reformas litúrgicas y otras cuestiones a nivel posconciliar.
Así, por ejemplo, los lefebvristas celebran la Misa Tridentina, según el Misal de 1962, es decir, previo al Concilio Vaticano II, en latín, con el sacerdote de espaldas a la Asamblea, la comunión solo se recibe en la boca y de rodillas, entre otras características.
Si bien para la Iglesia es válido celebrar la Misa Tridentina y hacerlo en latín, el conflicto surge por el rechazo de la FSSPX a las reformas litúrgicas, al Magisterio Conciliar, a la desobediencia al Papa, la ruptura de la comunión y a otras decisiones.
Paradójicamente, aunque la Fraternidad habla de defender la tradición, el Concilio buscó con estas reformas precisamente volver a las raíces y a la tradición más pura del cristianismo.
A pesar de que los lefebvrianos dicen respetar la figura del Papa, en varias ocasiones han irrespetado su autoridad y han desobedecido sus peticiones. También hay otros conceptos que la Fraternidad no acepta tal como están planteados en el Concilio Vaticano II, como el de libertad religiosa, el diálogo ecuménico y otros.
Un momento particularmente delicado ocurrió en 1988, cuando Marcel Lefebvre decidió ordenar cuatro obispos sin el permiso del Papa, a pesar incluso de las advertencias de San Juan Pablo II. Lefebvre y los nuevos “obispos” incurrieron en excomunión. El acto fue calificado de cismático. En 2009, Benedicto XVI levantó la excomunión, con el objetivo de favorecer la plena reconciliación. Igualmente, Francisco hizo ciertas concesiones, aunque la Fraternidad permaneció en una condición irregular.
Con esta nueva decisión de la FSSPX de ordenar obispos sin la autorización pontificia, nuevamente se abre una herida en la comunión de la Iglesia. De este modo, León XIV enfrenta una de las situaciones más difíciles de su pontificado.
Abren proceso para volver a la plena comunión
El Dicasterio para la Doctrina de la Fe envió a los obispos de todo el mundo una comunicación sobre el procedimiento que deberá seguirse para readmitir a quienes decidan abandonar la Fraternidad Sacerdotal San Pío X tras el acto cismático que dio lugar a una nueva excomunión.
El procedimiento funciona tanto para los sacerdotes como para los fieles laicos, e implica directamente a los ordinarios diocesanos y a los responsables de las fraternidades que celebran según el rito antiguo y permanecen en comunión con Roma. Las instrucciones están siendo transmitidas estos días a través de las nunciaturas.
El sacerdote que haya decidido abandonar la FSSPX, dispuesto a aceptar el Concilio Vaticano II y la legitimidad del Novus Ordo Missae, aunque permanezca vinculado al rito antiguo, deberá “encontrar un Ordinario (obispo diocesano, superior mayor de institutos religiosos clericales de derecho pontificio y de sociedades clericales de vida apostólica de derecho pontificio, etc.) dispuesto a acogerlo ad experimentum”.
Luego deberá escribir una carta con su puño y letra al Papa, así como adjuntar el certificado de ordenación sacerdotal y presentar, fechadas y firmadas, la Professio fidei (Profesión de fe) y la Formula adhaesionis (Fórmula de adhesión).
Debe declarar igualmente que considera válida la celebración de la Misa según los ritos promulgados por Pablo VI y Juan Pablo II, y que acepta las normas del Código de Derecho Canónico promulgado por Juan Pablo II.
En el caso de los laicos, debe evaluarse caso por caso, pues la imputabilidad requiere pleno conocimiento y consentimiento deliberado, es decir, que la persona haya estado consciente de la gravedad del hecho y de su participación.
















