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Miércoles, 23 Septiembre 2026
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Obispos: "La privación de libertad no borra el valor de una vida"

By Redacción Septiembre 23, 2026

En el marco de la Semana de las Personas Privadas de Libertad y la Fiesta de Nuestra Señora de las Mercedes, los obispos del país han publicado un mensaje titulado "la dignidad no se pierde, la esperanza se construye".

El texto está dirigido a los equipos diocesanos de Pastoral Social–Cáritas y de pastoral carcelaria, a todos los miembros de la Iglesia y a toda la sociedad costarricense. Lo compartimos íntegro a continuación.

A los equipos diocesanos de Pastoral Social–Cáritas y de pastoral carcelaria, a todos los miembros de la Iglesia y a toda la sociedad costarricense:

Como Conferencia Episcopal de Costa Rica, en esta Semana de las Personas Privadas de Libertad y en la Fiesta de Nuestra Señora de las Mercedes, queremos hacerles llegar una palabra de cercanía y esperanza. Pensamos en quienes viven tras los muros de una prisión, en sus familias y en quienes los acompañan cada día. Nuestra fe nos invita a reconocer en cada persona a un hermano, a una hermana. Ninguna reja puede dejar a alguien fuera del amor de Dios ni volvernos indiferentes a su vida.

La dignidad humana permanece.

El papa Francisco nos dejó una enseñanza que nos ayuda a mirar a cada persona con respeto: «Ser privado de la libertad no es lo mismo que el estar privado de la dignidad, no, no es lo mismo» (Francisco, 2018, visita al Centro Penitenciario Femenino de Santiago).

La privación de libertad no borra el valor de una vida. Detrás de cada expediente hay una persona con nombre, una historia, seres queridos y capacidades; hay un futuro que no podemos dar por perdido. Por eso, como Iglesia, rechazamos toda forma de tortura, trato cruel, humillación o discriminación. Cuidar la seguridad y respetar la dignidad humana no son tareas opuestas: ambas son necesarias para una convivencia justa.

Cabe recordar también las palabras del papa León XIV en su visita al Centro Penitenciario Brians 1, en Barcelona, el pasado 10 de junio: «El Señor nos permite a todos empezar siempre de nuevo, pues ser humano y ser cristiano no consiste en no equivocarse sino en crecer en la capacidad de convertirse, arrepentirse, enmendarse y, sobre todo, de reconciliarse y de perdonar» (León XIV, 2026, visita al Centro Penitenciario Brians 1).

Creer en la posibilidad de comenzar de nuevo no significa justificar los delitos ni desconocer el sufrimiento que han causado. Las víctimas y sus familias merecen protección, verdad, justicia, reparación y una compañía que no las abandone con su dolor. La misericordia cristiana no exige olvidar el daño ni impone el perdón. Nos llama a asumir responsabilidades, a respetar los tiempos de cada persona y a buscar caminos de sanación para todos.

Una justicia que abre futuro.

El papa Francisco afirmó: «Toda pena que uno está llevando adelante para pagar una deuda con la sociedad tiene que tener horizonte, es decir, el horizonte de reinsertarme de nuevo y prepararme para la reinserción» (Francisco, 2018, visita al Centro Penitenciario Femenino de Santiago).

Por eso, pedimos a las autoridades que garanticen condiciones de vida dignas: atención oportuna a la salud física y mental, alimentación adecuada, higiene, seguridad y asistencia espiritual para quienes libremente la soliciten. También es necesario prevenir y atender el hacinamiento y toda forma de violencia. Ampliar la infraestructura penitenciaria puede contribuir a responder a estas necesidades, pero no basta con abrir nuevos espacios: importa cómo se vivirá en ellos, qué trato recibirá cada persona y qué oportunidades tendrá para prepararse para su regreso a la comunidad.

La educación, la capacitación y el trabajo digno ayudan a construir ese futuro. Necesitamos fortalecer estas oportunidades y acompañar a quienes salen de prisión en la búsqueda de empleo, en el reencuentro con sus familias y en su regreso a la vida comunitaria. Las instituciones públicas, las comunidades, las organizaciones sociales y el sector empresarial tienen mucho que aportar. Recuperar la libertad no debería significar encontrarse con todas las puertas cerradas.

En este camino, valoramos las iniciativas que permiten a las personas privadas de libertad salir a trabajar en la limpieza de calles, el cuidado de espacios públicos y otras tareas de servicio a la comunidad. Son oportunidades para poner sus capacidades al servicio de los demás, fortalecer la confianza en sí mismas y reconstruir vínculos con la sociedad. Invitamos a la población a reconocer estos esfuerzos con respeto. Realizadas con acompañamiento, seguridad y condiciones dignas, estas labores pueden favorecer la reinserción, sin olvidar que el valor de una persona nunca depende de lo que produce.

Una responsabilidad compartida.

La prevención también nos compromete. El papa Francisco lo expresó con claridad: «La seguridad pública no hay que reducirla sólo a medidas de mayor control sino, y sobre todo, edificarla con medidas de prevención, con trabajo, educación y mayor comunidad» (Francisco, 2018, visita al Centro Penitenciario Femenino de Santiago).

Una Costa Rica más segura se construye también cuando un niño encuentra protección, una persona joven puede estudiar y trabajar, y una familia recibe apoyo a tiempo. No podemos acostumbrarnos a vivir entre el miedo y la desconfianza. La paz necesita instituciones responsables, pero también barrios, parroquias y comunidades donde aprendamos a cuidarnos unos a otros.

Expresamos nuestra cercanía especial a las familias de las personas privadas de libertad, particularmente a sus hijos e hijas. Necesitan escucha, apoyo y afecto, no miradas de sospecha ni rechazo por la situación de un ser querido. Agradecemos también al personal penitenciario y a quienes ofrecen atención profesional, espiritual y humana. Su tarea merecereconocimiento, formación, apoyo y condiciones adecuadas para realizarla con responsabilidad y respeto.

La caridad se hace acompañamiento.

Invitamos a los sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y fieles laicos de todas nuestras diócesis a fortalecer, junto con Pastoral Social–Cáritas y la pastoral penitenciaria, una presencia cercana y constante. Acompañar es escuchar sin prisa, cumplir una visita prometida y seguir presentes cuando pasa la fecha de una celebración. No basta un gesto ocasional: necesitamos construir confianza y sostener el acompañamiento, siempre con respeto a la libertad religiosa y a la conciencia de cada persona.

Oración y presencia: ofrecer tiempo para escuchar, compartir la Palabra y acercar los sacramentos a quienes los soliciten, con la debida coordinación y preparación.

Apoyo a las familias: acercarnos con discreción, conocer sus necesidades y ofrecer ayuda concreta, cuidando su intimidad y evitando señalamientos.

Oportunidades de reinserción: tejer redes de acogida, formación y empleo, para que quienes recuperan la libertad encuentren apoyo y oportunidades reales.

Cultura de dignidad: cuidar nuestras palabras y superar las etiquetas y el desprecio, sin minimizar el dolor de las víctimas ni las responsabilidades personales.

En Venecia, el papa Francisco nos exhortó: «Por favor, no “aislar la dignidad”, ¡no aislar la dignidad sino dar nuevas posibilidades!» (Francisco, 2024, encuentro con las detenidas). Llevemos esta invitación a la vida de nuestras comunidades. Cada una puede preguntarse qué puerta está en sus manos abrir y a quién puede acompañar de manera concreta.

Bajo el amparo de Nuestra Señora de las Mercedes.

A ustedes, hermanos y hermanas privados de libertad, queremos decirles con afecto: su vida importa y no están solos. No queremos olvidar sus nombres ni sus rostros. Los animamos a cuidar la esperanza, a dejarse acompañar y a dar, un día a la vez, los pasos que puedan hacia la responsabilidad, la reconciliación y una vida renovada.

A Nuestra Señora de las Mercedes, patrona de las personas privadas de libertad, confiamos sus vidas y las de sus familias, a las víctimas y a quienes trabajan por una justicia humana. Que María nos enseñe a estar cerca de quien sufre, a acompañar sin condenar a nadie al abandono y a servir sin buscar reconocimiento. Que el Señor haga de nuestra Iglesia y de Costa Rica una casa donde se cuide la dignidad de cada persona y la esperanza encuentre oportunidades reales.

 

Con nuestra cercanía pastoral y bendición,

Conferencia Episcopal de Costa Rica.

San José de Costa Rica, 23 de setiembre de 2026.

           

MONS. JAVIER ROMÁN ARIAS.

Obispo de Limon

Presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica

 

 

MONS. DANIEL FCO BLANCO MÉNDEZ.

Obispo Auxiliar de San José

Secretario General de la Conferencia Episcopal de Costa Rica

 

 

 

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