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¿Puede un católico celebrar Halloween?

By Octubre 23, 2026

Disfraces, calabazas, terror… Halloween es una celebración popular, especialmente entre los niños y jóvenes, fomentada por los medios de comunicación y la cultura estadounidenses, que se lleva a cabo la noche del 31 de octubre.

La Iglesia Católica no prohíbe ni condena el Halloween, pero sí aconseja a los fieles hacer un cuidadoso discernimiento. En general, dicha tradición es básicamente una fiesta mundana, cuyos orígenes curiosamente están ligados a la Víspera de Todos los Santos (en inglés se dice `All hallow’s eve`, que luego se abrevió como Halloween).

Dicha vigilia se conmemora universalmente en la Iglesia Católica cada 1º de noviembre desde el siglo IX, por instrucción del Papa Gregorio IV.

Celebración popular

Para ser más precisos, Halloween es una distorsión, deformación o reinvención, como se quiera ver, de las costumbres populares de los migrantes, en su mayoría irlandeses católicos que llegaron a Estados Unidos.

En el Siglo XIX, para la víspera del Día de Todos los Santos, ellos encendían velas, tallaban calabazas (en Irlanda usaban nabos), y se ponían disfraces o máscaras, mucho más simples que en la actualidad y que además no estaban relacionados con el terror, entre otras prácticas.

En Europa, por ejemplo, se dice que la gente acostumbraba visitar casas para ofrecer una oración por los difuntos, a cambio los vecinos ofrecían alguna comida o bocadillo.

En Estados Unidos estas tradiciones se fueron mezclando con otras. El comercio, los medios de comunicación, el protestantismo y el puritanismo, comenzaron a relacionar estas actividades con el mal, la brujería y las supersticiones. Así -intencionalmente o no- dieron forma al Halloween, tal como se conoce hoy en día.

Entonces, de forma general, Estados Unidos era un país de mayoría protestante, donde había una visión anticatólica entre parte de la población. El comercio vio oportunidades, tal como hizo en su momento con la Navidad. Y los medios de comunicación aprovecharon para generar entretenimiento. Resultado: el Halloween moderno.

Por cierto, es común encontrar artículos, incluso en sitios web católicos, que señalan que la celebración tiene un origen pagano, de festividades celtas y druidas, como el Samhain, pero en realidad no se tienen evidencias directas de esto, por lo que dicha versión es considerada más un mito moderno que algo histórico o documentado.

Llamado a discernir

¿Puede un católico celebrar Halloween? Como se mencionó anteriormente, la Iglesia no lo condena expresamente, pero sí pide un cuidadoso discernimiento. Esta celebración pagana, tal como se celebra actualmente, está completamente separada de sus raíces cristianas, más bien se centra en el entretenimiento y el consumo.

De igual manera, hay sacerdotes y exorcistas que advierten a los fieles sobre cuestiones como invocaciones o rituales, que algunos podrían llevar a cabo con motivo de esta fecha. Por ejemplo, hay quienes aseguran que es una noche para realizar cultos demoníacos. Incluso, hay países donde son comunes los reportes de profanaciones de iglesias y cementerios.

El llamado a los cristianos es a ser prudentes y no participar directa o indirectamente de prácticas contrarias a su fe. Por ejemplo, si un católico va a una fiesta de disfraces y de repente alguien saca una tabla de ouija para “invocar” espíritus o un tarot para “ver el futuro”, pues no debe participar de ese tipo de prácticas, no solo en esa fecha, sino que nunca debería ser parte de este tipo de actividades. (Ver recuadro)

Asimismo, hay también quienes señalan que el Halloween tiende a trivializar el mal o la muerte, y la fe cristiana está enfocada en el bien y en la vida eterna, tal como ocurre precisamente en la Solemnidad de Todos los Santos.

Así que los fieles deben tener cuidado siempre en las actividades que participan y valorar si estas resultan contrarias a su fe.

¿Qué pueden hacer los católicos?

Como ocurre para otras celebraciones, la víspera del Día de Todos los Santos (el día antes) sirve como preparación. Es decir, el 31 de octubre, un católico puede prepararse para celebrar la Solemnidad de Todos los Santos (1 de noviembre) y la de los Difuntos (2 de noviembre).

La Diócesis de Tulsa en Oklahoma, Estados Unidos, publicó en 2018 un “Memorándum sobre la celebración de Halloween”, donde recordaba la importancia de “mantener el significado y el propósito católicos de todos los días festivos, especialmente aquellos que han sido adoptados y adaptados por la cultura que nos rodea”.

Y agrega: “Con el paso del tiempo, la cultura popular ha dificultado discernir el auténtico espíritu de esta gran fiesta, un momento importante en el que nosotros, la iglesia peregrina de Dios en la tierra, nos regocijamos por las vidas de todos los santos de Dios a quienes deseamos seguir hacia la vida eterna”.

En el documento, el obispo, Mons. David Konderla también reflexiona sobre el aspecto “aterrador” de la fiesta popular de Halloween y señala que algo positivo se puede sacar de esto, pues las calaveras y las guadañas (símbolos asociados a la muerte) pueden precisamente recordar nuestra propia mortalidad, y recordarnos que estamos llamados a ser santos, como en Heb 9, 27; Ap 14, 15.

“Los símbolos visibles de la muerte representan, por tanto, un recordatorio de las últimas cosas: la muerte, el juicio, el cielo y el infierno” (Catecismo de la Iglesia Católica 1020-65). No obstante, el obispo también menciona que Halloween puede presentar ideas distorsionadas, como una celebración del mal o de la muerte.

“Para los cristianos, Cristo ha vencido a la muerte, tal y como fue profetizado y cumplido: “¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?” (1 Cor 15, 55; cf. Os 13, 14). Cristo ha vencido a la muerte con su Pasión, Muerte y Resurrección, el Misterio Pascual cuyas gracias son evidentes en la gloria de todos los santos”, escribe.

Holywins

Hay iniciativas como Holywins (que en inglés significa, “la santidad vence”), donde los niños y adultos se disfrazan de algún santo de su preferencia. El objetivo es recuperar el valor y el sentido de la Solemnidad de todos los santos, para recordar justamente que todos estamos llamados a la santidad.

Esta propuesta surgió en Francia y se ha extendido a otros países. En Costa Rica hay parroquias que lo han celebrado. Justamente, la Parroquia San Antonio de Desamparados lo hace este viernes 31 de octubre, a las 7:00 p.m.

 

Propongamos la cultura de la vida

Hace algunos años, entrevistamos al Padre José Daniel Vargas, licenciado en Teología Moral de la Diócesis de Alajuela respecto al tema de Halloween.

Para el sacerdote, no debemos ser ingenuos y tener claro que la cultura de la muerte, que quiere imperar sobre la cultura de la vida como fruto del mal, siempre tendrá la astucia y la sutileza de valerse de cualquier elemento comercial, de moda o de simpatía.

Sin embargo, para él, lo importante es llegar, no a un conflicto, sino a un discernimiento inteligente y maduro sobre qué puede hacer crecer a un niño, a un joven o a un adulto, celebrar una fiesta matizada de mera atracción social, cuando lo que se sigue evidenciando es un valor de cultura de muerte, de destrucción, de violencia, de terror y de miedo.

“Más que pelear con Halloween debemos proponer la cultura de la vida, de la alegría y de la santidad, creando espacios que nos hagan revalorizar la vida, la alegría, la santidad y la alegría de la vida en Cristo”, propone el sacerdote.

“Potenciando más lo positivo, irá decayendo lo negativo” agrega, e insistente en que “la mejor respuesta sería propiciar espacios sanos de reflexión a la vida, a la alegría, a la santidad”.

 

Evitar prácticas supersticiosas

El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) enseña que las prácticas supersticiosas (como la adivinación, la magia, el espiritismo y otras) conducen a una desviación del culto al único y verdadero Dios. “La idolatría es una tentación constante de la fe. Consiste en divinizar lo que no es Dios” (CIC 2113).

“Hay idolatría -añade el numeral- desde el momento en que el hombre honra y reverencia a una criatura en lugar de Dios. Trátese de dioses o de demonios (por ejemplo, el satanismo), de poder, de placer, de la raza, de los antepasados, del Estado, del dinero, etc”.

“La consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a “mediums” encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos. Están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios” (CIC- Num. 2116).

El Catecismo, en su numeral 2117 también señala que “todas las prácticas de magia o de hechicería mediante las que se pretende domesticar potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo -aunque sea para procurar la salud-, son gravemente contrarias a la virtud de la religión”.

“Estas prácticas -continúa- son más condenables aún cuando van acompañadas de una intención de dañar a otro, recurran o no a la intervención de los demonios. Llevar amuletos es también reprensible. El espiritismo implica con frecuencia prácticas adivinatorias o mágicas”.

“Por eso -concluye- la Iglesia advierte a los fieles que se guarden de él. El recurso a las medicinas llamadas tradicionales no legítima ni la invocación de las potencias malignas, ni la explotación de la credulidad del prójimo”.

Last modified on Viernes, 23 Octubre 2026 11:40
Danny Solano Gómez

Periodista, licenciado en Producción de Medios, especializado en temas de fe católica, trabaja en el Eco Católico desde el año 2009.

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