

“Mi vida puede dividirse en un “antes de Cristo” y un “después de Cristo”, dice. Hubo una época donde Daniel estuvo distanciado de la fe. Había situaciones difíciles en su familia, empezó a tener malas compañías y de repente se vio envuelto en temas de drogas.
Sin embargo, la Pastoral Juvenil fue como un salvavidas para él. Actualmente, sirve como Delegado Joven de la Comisión Diocesana de Cartago y se destaca por su liderazgo en proyectos a favor de la juventud.
Daniel “Pillo” Solano tiene 25 años de edad y pertenece a la Parroquia San Nicolás Tolentino, en Taras de San Nicolás de Cartago. Fue criado en el seno de una familia católica, sin embargo siendo adolescente no tenía mayor interés por la fe, veía aquello más como una costumbre y ni siquiera asistía a la Eucaristía los domingos.
Describe aquellos días como un desierto. Sus papás pasaban por una separación y él sentía un descontento con la vida y con Dios. Entonces, aquí aparecen “amigos” que no son buenas influencias y también individuos que buscan aprovecharse precisamente de muchachos vulnerables para cometer delitos.
Pero, a diferencia de otros, Daniel se salvó, y podría decirse que se salvó en muchos sentidos. Recuerda que una amiga lo invitaba a participar de la Pastoral Juvenil, pero a él no le llamaba mucho la atención, reconoce que consideraba a los participantes “unos panderetas”.
Sin embargo, su amiga insistió y un día lo invitó a una fiesta para celebrar el aniversario de la Pastoral Juvenil de la Basílica de los Ángeles. Daniel pensó: ¿Fiesta, música, gente…? No suena mal. Aceptó. Ese día conoció a una muchacha que le gustó, entonces decidió ir al siguiente encuentro para verla. Ella no llegó, pero él siguió yendo con la esperanza de que la joven apareciera.
“A muchos nos ha pasado que Dios nos llama de diferentes maneras”, reflexionó. La muchacha nunca apareció, pero Daniel dice que se enamoró de otra mujer: la Negrita de los Ángeles.