Dos sismos de magnitud 7.2 y 7.5 sacudieron Venezuela ayer miércoles 24 de junio. Al momento de la publicación de este artículo, las cifras de fallecidos ascendían a 164 personas.
Asimismo, se informa sobre casi 1000 heridos y la estela de destrucción se extiende por Caracas y otras ciudades de la costa central. El estado de La Guaira es la zona donde hay más daños, según informó la ONU allí se han detectado al menos 100 edificios derrumbados.
Las autoridades gubernamentales declararon estado de emergencia en el país. Igualmente, los equipos de emergencia se han desplegado para llevar a cabo labores de rescate.
Asimismo, se está coordinando la ayuda internacional. Por su parte, la Iglesia Católica, a través de la Pastoral Social Cáritas, coordina para llevar ayuda a las personas damnificadas.
El Papa León XIV envió, a través de la Limosnería Apostólica, una ayuda económica de 100.000 euros a Venezuela para colaborar en la atención de la emergencia. El dinero se canalizará a través de las estructuras eclesiásticas locales.
Cáritas Venezuela informa que hay edificaciones colapsadas, familias desplazadas, comunidades enteras que buscan refugio en las calles, al tiempo que hace un llamado a la solidaridad fraterna.
De acuerdo con un artículo de Cope, el obispo de la diócesis de La Guaira, Mons. Pablo Modesto González Pérez, declaró que: "Estamos sin electricidad y hemos sido todos afectados. En el seminario se han derrumbado muchos muros".
El arzobispo de Caracas, Mons. Raúl Biord Castillo, realizó una visita a diferentes comunidades, así como a la Catedral y a otros templos dañados.
Según detalló, las parroquias han abierto sus puertas para acoger a las familias que han perdido sus hogares y señaló que el impacto humano habría sido mucho peor si no llega a coincidir con un día festivo. “Los daños materiales duelen pero se pueden ir recuperando, las vidas humanas es lo más importante”, agregó.
Desde la Iglesia San José de Ñaraulí, que sufrió severos daños, Mons. Biord compartió un mensaje junto al párroco. “Aquí se cayó el techo de una de las naves y hay bastantes daños, como en otras iglesias. Hay casas parroquiales colapsadas. Lo importante es que como pueblo nos sintamos unidos para ver cómo podemos atender a los damnificados y a quienes han perdido sus casas”.
“Pedimos a Dios -añadió- que podamos todos juntos afrontar este momento, buscar en Dios consuelo, brindar solidaridad y caridad entre todos, crear una gran red de solidaridad para ayudar a aquellos hermanos que sufren”.
















