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“Me siento llamado a mostrar a un Dios que ama”

By Agosto 17, 2020

Joven cartaginés recién ordenado sacerdote agustino recoleto

 

Fray Hugo Badilla es un joven religioso agustino recoleto, ordenado presbítero el pasado sábado 1 de agosto en el Seminario San Ezequiel Moreno, en Pozos de Santa Ana, por imposición de manos del obispo emérito de Alajuela, también fraile agustino, Mons. Ángel San Casimiro. Recibe el don del ministerio sacerdotal en uno de los contextos sociales más complejos de las últimas décadas, marcado por las profundas consecuencias de la pandemia de Covid-19. Consciente de ello, el religioso se siente siento llamado a mostrar, más que nunca, el amor de Dios hacia sus hijos en medio de la dificultad.

Conversamos con él y el siguiente es un extracto del diálogo.

 

¿Quién es Fray Hugo?, ¿cómo conociste a los agustinos recoletos?

Soy Fray Hugo Badilla Hernández, nací en Cartago en 1982 en el seno de una familia católica. Desde la infancia por medio de mis padres y abuelos fui conociendo nuestra fe y di mis primeros pasos en la vida de Iglesia. A los Agustinos Recoletos los conocí por medio de un amigo quien me invitó a una Hora Santa en la Cuidad de los Niños en Cartago (ministerio de bien social en donde se da la oportunidad a jóvenes con diversas dificultades a realizar su educación secundaria), fue a partir de ese momento que comencé a conocer a los Agustinos Recoletos y su carisma. Desde un primer momento me llamó la atención como vivían su vida de comunidad. Como a pesar de ser de diferentes países, edades y formas de ser vivían en unidad fraterna bajo la inspiración de san Agustín. “Volved al corazón” recuerdo claramente esta frase en su casa y fue la base a mi llamada. Volver a mi corazón para en el encontrar a Dios Padre y en él con él dar respuesta a su llamada.

 

¿Cómo fue el proceso hasta tu ordenación sacerdotal?

En el 2010 ingresé al Postulantado San Ezequiel Moreno en Pozos de Santa Ana, durante 2 años y medio estudié la filosofía en el Seminario Central y realicé la formación propia en esta casa de formación. Concluida esta etapa fui enviado junto a otros dos hermanos a Monteagudo, Navarra, España, donde realicé mi año de noviciado y profesé mis votos simples en la Vida Religiosa.

Al concluir el noviciado fuimos trasladados a Madrid para continuar con la formación. En esta ciudad estudiamos la Teología en el Centro Teológico San Agustín, una casa de estudios agustiniana asociada a la Universidad de Salamanca. Concluidos estos años de preparación académica, de trabajo personal con los formadores y de vivencia de la comunidad y de la fe se dio paso al año de experiencia pastoral. Para realizarlo fui enviado a la comunidad de Vauxhall en la ciudad de Londres en donde junto a una parroquia de fieles ingleses a la comunidad atiende a las capellanías latinoamericanas y españolas.

Concluido este año recibí el visto bueno para realizar la profesión solemne en la Catedral de San Jorge en Southwark, Londres el 13 de octubre pasado y luego la ordenación diaconal en el mes de diciembre en la Parroquia de Santa Ana en la misma ciudad. En un primer momento luego de la ordenación diaconal se planteó realizar mi ordenación sacerdotal a finales del mes de mayo de este año pero la pandemia y las restricciones de movimiento que vinieron con ella imposibilitaron su realización por lo que se postergó hasta el pasado 1 de agosto cuando se pudo realizar en el Seminario San Ezequiel Moreno.

 

¿Qué representa recibir la ordenación sacerdotal en un contexto como el que vivimos?

Ser ordenado en medio de todo esto que vivimos representa una gran oportunidad pero también un gran reto. Ha sido un paso lleno de gozo pero no ajeno a las necesidades y dificultades de las personas. En un mundo tan cambiante y golpeado por la enfermedad y todo lo que esta ha provocado, me siento llamado a mostrar, más que nunca, a un Dios que ama, acompaña y cuida de sus hijos en medio de la dificultad, a reafirmar con la fuerza del Espíritu Santo a la Iglesia que vive la caridad y es llamada a trasmitir todo lo bueno que Dios ha puesto en ella.

 

¿Qué guardas en tu corazón del mensaje de Monseñor San Casimiro?

Sus palabras estuvieron llenas de calidez de hermano. Palabras que evocaron al recuerdo de la llamada Dios y a sus mediaciones como un misterio cargado de amor. Un don sí pero también un misterio en donde Cristo es el único Sacerdote, el único camino, la puerta siempre abierta, quien intercede por nosotros. De sus palabras también recuerdo su invitación a no tener miedo porque estoy bajo el amparo de quien todo lo puede. Así como su llamada a ser un apasionado de Dios, a recordar la necesidad de vivir desde él, como un hombre de Eucaristía y de reconciliación que madura con la fuerza su palabra. Un sacerdote y religioso feliz, capaz de sonreír y llorar, atento a las necesidades, que no mire a otro lado sino que encarne la voz de Dios en la vida de los hermanos, viviendo el hoy de Dios.

 

¿A qué te sientes llamado frente a la realidad que enfrentamos por la pandemia?

Me siento llamado a acercarme a la oración, a la experiencia de un Cristo que habla en mi interior y que me invita a salir de mí para hacer partícipes a mis hermanos de esa experiencia. Creo que acá esta mi llamada, ser una voz que trasmita esa luz que solo Cristo nos puede dar, manifestar con mi vida y mis obras su gran misericordia, ser un compañero de camino, un confidente que no se canse de escuchar, ser un pastor en medio de su pueblo. Ser menos yo y mas él.

 

¿Dónde servirás como sacerdote agustino recoleto?

En unos días tendré que regresar nuevamente a España. Debo esperar algunas semanas en la Parroquia Santa Rita de Casia en la ciudad de Madrid hasta poder poner mis papeles en orden y ya con ellos poder volar a la que sido mi comunidad estos últimos dos años en Inglaterra. Junto con mi comunidad seguiremos atendiendo si Dios lo permite a las capellanías latinoamericana y española en la ciudad londinense. Abriéndonos a su gracia y construyendo por la fuerza del  Espíritu Santo su Iglesia.

Martín Rodríguez González

Periodista, licenciado en Ciencias de la Comunicación Colectiva y egresado de la maestría en Doctrina Social de la Iglesia. Trabaja en el Eco Católico desde el año 2002 y desde el 2009 es su director.

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