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La “autorreferencialidad” desnaturaliza nuestra comunicación

By Pbro. Glenm Gómez A. Junio 14, 2023

En los procesos comunicativos, a mayor intervención de elementos y sujetos, mayor riego de distorsión aparece. Hay aspectos propios de la comunicación que provocan distorsión y van más allá de lo físico o lo semántico, incluso diría que responden a análisis dignos de la psicología social.

Un concepto de moda ha sido la “autorreferencialidad” que, en términos generales puede considerarse como la postura de quienes consideran todo en función de sus gustos, necesidades y experiencias, sin reconocer ninguna idea que ponga en crisis sus ideas preconcebidas.

La autorreferencialidad de la Iglesia, por ejemplo, resulta una verdadera camisa de fuerza o filtro que condiciona la adecuada comunicación, pues reduce nuestro marco de referencia, nos hace hipersensibles de modo negativo, y nos termina aislando de la sociedad: «La Iglesia es institución, pero cuando se erige en "centro" se funcionaliza y poco a poco se transforma en una ONG. Entonces, la Iglesia pretende tener luz propia y deja de ser ese "misterium lunae" del que nos hablaban los Santos Padres. Se vuelve cada vez más autorreferencial y se debilita su necesidad de ser misionera”. [1]

Pablo VI recordaba que la Iglesia es depositaria de la Buena Nueva que debe ser anunciada y el contenido de la evangelización es un tesoro que ella conserva como un depósito viviente y precioso, no para tenerlo escondido, sino para comunicarlo: “-Enviada y evangelizada, la Iglesia misma envía a los evangelizadores. Ella pone en su boca la Palabra que salva, les explica el mensaje del que ella misma es depositaria, les da el mandato que ella misma ha recibido y les envía a predicar. A predicar no a sí mismos o sus ideas personales, sino un Evangelio del que ni ellos ni ella son dueños y propietarios absolutos para disponer de él a su gusto, sino ministros para transmitirlo con suma fidelidad”. [2]

La Iglesia no predica sobre sí misma, su misión es presentar a Jesús. “Ella debe anunciarlo, mostrarlo y darlo a todos. “Todo lo demás, no es más que sobreañadidura”. [3]

 De Lubac, en tono profético, cuestiona también a la Iglesia de todo tiempo: “¿Se puede afirmar que predicamos siempre suficientemente el Evangelio?” y advierte, “todavía es más sutil el peligro de que, por torpeza, hagamos de la Iglesia una pantalla… Explicamos su papel irremplazable y establecemos su autoridad. Cuanto más menospreciada la vemos, tanto más nos empeñamos en glorificarla… pero esta predicación puede traicionar nuestros deseos. Porque, a veces, toma cierto tono de apología, casi diríamos que de reivindicación y de defensa judicial que descubre cierta secreta debilidad”. [4]

La autorreferencialidad es un vicio, una forma desvirtuada de cristianismo, una distorsión pura, una enfermedad que reaparece cuando la Iglesia se encierra en sí misma, “una supuesta seguridad doctrinal o disciplinaria que da lugar a un elitismo narcisista y autoritario, donde en lugar de evangelizar lo que se hace es analizar y clasificar a los demás, y en lugar de facilitar el acceso a la gracia se gastan las energías en controlar”. [5]

La gran virtud de la Iglesia debe ser no brillar con luz propia, sino brillar de la luz que viene de Cristo, su Esposo. “Cuando la Iglesia es humilde, cuando la Iglesia es pobre, también cuando la Iglesia confiesa sus miserias -pues todos las tenemos- la Iglesia es fiel.  La Iglesia dice: ‘! Pero, yo soy oscura, ¡pero la luz me viene de ahí!’ y esto nos hace tanto bien”. [6]

Al fin y al cabo, la Iglesia es también una instancia humana que corre el riesgo de encerrarse en la “seguridad” de los beneficios mezquinos: “Este poder manipulador puede ser económico, político, mediático, religioso o de cualquier género. A veces se lo justifica o excusa cuando su dinámica responde a los propios intereses económicos o ideológicos, pero tarde o temprano se vuelve en contra de esos mismos intereses”. [7]

La Iglesia no está inmunizada contra esta tentación que la lleva, incluso, a legitimar cierta métrica de influencia, y no es difícil constatar cómo en ella se exacerban las bajas inclinaciones y el populismo que criticamos en otros sectores.

  

[1]  Papa Francisco en el encuentro con el Comité de Coordinación del CELAM en el Centro de Estudios de Sumaré, Río de Janeiro, Brasil, JMJ Río 2013.

[2] Evangelii Nuntiandi, n.15.

[3] Henri de Lubac, Meditacion sobre la Iglesia, Desclee de Brouwer, Paris, 1958, p. 214.

[4] Idem, ps. 216-218.

[5] Evangelii Gaudium, n.94.

[6] Papa Francisco, homilía, 24 de noviembre del 2014.

[7] Fratelli Tutti, n.201.

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