Face
Insta
Youtube
Whats
Viernes, 28 Noviembre 2025
Image

Virgen Madre del Buen Consejo

By Charbel El Alam Monje de la Orden Libanesa Maronita Noviembre 27, 2025

El quinto domingo de Pascua de este año, mientras la Iglesia entera entonaba su canto de júbilo por el inicio del ministerio petrino del Santo Padre León XIV, ocurrió algo que, desde una mirada superficial, podría parecer apenas un detalle decorativo dentro de la solemnidad litúrgica. Sin embargo, para quienes intentamos ver a Dios también en los signos pequeños, ese momento reveló una presencia mayor: allí, cerca del Papa estaba, discreta pero elocuente, la imagen de la Virgen Madre del Buen Consejo.

Con seguridad no fue solo un gesto ornamental. Su presencia tenía un impulso suave, como el que tuvo en Caná de Galilea, donde la Santísima Virgen María no solo intercedió -“No tienen vino” (Jn 2,3)-, sino que también aconsejó con la claridad que brota de la sabiduría maternal: “Hagan lo que Él les diga” (Jn 2,5). En ese doble gesto -ver la necesidad y orientar hacia Cristo- se manifiesta la verdadera naturaleza de la Virgen del Buen Consejo.

Así también ahora, sin palabras ni protagonismos, la imagen se hacía lugar en el corazón de aquella celebración, como queriendo decirnos que Ella nunca se ausenta cuando el Espíritu Santo fecunda la Iglesia.

Fue en ese instante -mientras contemplaba por televisión esa imagen y participaba a distancia de la Eucaristía- cuando comprendí que había llegado el momento. No fue una emoción pasajera ni un impulso devocional: fue una moción clara del Espíritu. Supe que debía traducir al español el Treintanario en honor a Nuestra Señora del Buen Consejo.

Conocía este texto desde hacía años, en su versión francesa publicada en 1886 por el Priorato Benedictino del Sagrado Corazón, en Ventnor, Isla de Wight. Aquel librito, humilde en su forma pero inmenso en contenido, había sido parte de mi formación monástica. Lo conservaba como un tesoro íntimo. Pero no fue sino en este momento eclesial tan concreto que comprendí la urgencia de hacerlo accesible a los fieles de habla hispana.

Al rezarlo y traducirlo, línea por línea, experimenté una paz profunda. Era como si la misma Virgen guiara mi mano. Por eso, con alegría, comparto hoy no solo esta noticia, sino también una meditación inspirada en dos días concretos del Treintanario: los días 27 y 28.

El Día 27, el libro describe una antigua y emocionante costumbre entre los peregrinos que visitan el santuario de la Virgen del Buen Consejo: muchos escriben su nombre en un pequeño papel y lo dejan a sus pies. Un gesto sencillo, sí, pero lleno de sentido. Es como si cada uno dijera en silencio: “Madre, aquí estoy. Cuídame, guíame, no me olvides”.

Ese acto, aparentemente pequeño, es en realidad una oración y una entrega profunda. El nombre no es una etiqueta exterior: es la persona entera, con su historia, sus heridas, sus gozos y sus esperanzas. Al colocar el nombre ante la Virgen María del Buen Consejo, se expresa una adhesión libre y una confianza amorosa.

A la luz de la Palabra de Dios, este gesto tiene un peso bíblico muy íntimo: “Te he llamado por tu nombre, tú eres mío” (Isaías 43,1). “He aquí que te tengo grabada en las palmas de mis manos” (Isaías 49,16). “Regocijaos... vuestros nombres están escritos en los cielos” (Lucas 10,20).

Quien deja solo su nombre, sin palabras, realiza una plegaria silenciosa que permanece. Aunque el peregrino ya no esté físicamente en el santuario, su nombre continúa “escuchando” ante la Virgen. Es una forma de quedarse espiritualmente allí, bajo su mirada materna.

Muchos ofrecen velas, flores, votos. Pero el nombre es algo más profundo: es la vida misma. Es lo más personal que tenemos. Por eso este gesto, tan mínimo a los ojos del mundo, tiene una potencia espiritual inmensa.

En tiempos donde somos tratados como simples datos o cifras, escribir el nombre y ponerlo ante la Virgen del Buen Consejo nos recuerda algo esencial: somos conocidos, amados, mirados y acompañados personalmente por ella.

Por su parte, el Día 28 del Treintanario nos recuerda algo aún más sencillo, pero de enorme poder espiritual: la importancia de tener en casa, en la habitación, o dentro de un libro, una imagen de la Virgen del Buen Consejo.

Puede parecer una costumbre pasada de moda. Pero quien ha vivido la experiencia de rezar ante una imagen con fe sabe que el alma se pacifica, las decisiones se ordenan, y el corazón se ensancha.

Porque María no nos habla con discursos humanos, sino con una sabiduría que desciende de lo alto y se deja acoger en el silencio. Así lo expresa una de las meditaciones del Treintanario:

“Amemos, pues, la Imagen de nuestra Madre; rodeémosla de signos de un delicado afecto. Vayamos a Ella para aprender a orar, a trabajar, a sufrir; hagamos todo bajo la mirada de esta amada Madre, de esta sabia consejera; llevemos ante Ella a quienes amamos o nos han sido confiados, y enseñémosles a conocerla, a amarla, a invocarla”.

La advocación de Nuestra Señora del Buen Consejo nació en Genazzano, Italia, en 1467, cuando una imagen de María se manifestó milagrosamente en una pequeña iglesia agustiniana. Desde entonces, ha sido invocada por quienes buscan luz para decidir, discernir o simplemente vivir en paz. Su sabiduría no impone, sino que orienta. No distrae, concentra. No reemplaza la voz de Dios, la hace más clara.

Ojalá muchos redescubran estos pequeños gestos profundamente cristianos: escribir el nombre y dejarlo ante la Virgen, como quien entrega el alma entera en silencio, con humildad y sin discursos. Y quien escribe su nombre con fe, comienza un diálogo invisible pero real con aquella que, sin hablar, guía, orienta y acompaña.

Comparto la plegaria para el Acto de Consagración a Nuestra Señora del Buen Consejo:

“Oh María, oh Nuestra Señora del Buen Consejo, reconozco cuán grande es mi necesidad de unirme a aquellos que os invocan bajo este título. ¡Cuánta gratitud os debo por la gracia inestimable que os dignáis concederme al admitirme entre las almas privilegiadas que queréis guiar Vos misma! Guíame siempre, oh Madre tierna; quiero, con el auxilio de vuestras santas inspiraciones, practicar constantemente la verdadera piedad cristiana, permanecer fiel a todos mis deberes religiosos y perseverar sin cesar en el amor y el respeto a las verdades de nuestra fe y a las obligaciones que de ella se derivan. Con la ayuda de vuestra protección maternal, seré dócil a los avisos y consejos que me vengan de parte de Dios, y estaré vigilante para no dejarme seducir por las falsas máximas del mundo. Bendecid estas promesas, oh Madre tierna, y obtenedme la gracia de guardarlas fielmente durante toda mi vida”. Así sea.

 

Síganos

Face
Insta
Youtube
Whats
anuncioventa25.png
puntosdeventa
Insta
Whats
Youtube
Image
Planes de Suscripción Digital
Image
Image
puntos de venta
suscripciones
Catalogo editoria
publicidad
puntos de venta
suscripciones
Catalogo editoria
publicidad