La peregrinación hacia Nuestra Señora de los Ángeles tiene un objetivo claro en cada uno de los romeros. No es una simple caminata, o salir con un grupo de conocidos hacia Cartago. Es un acto de fe colmado de fervor y piedad, como ofrecimiento a la Virgen para agradecer o pedir por tantos favores que necesitamos en nuestra vida.
Nos alegra contemplar a las familias que peregrinan pidiendo a la Madre de Dios su valiosa intercesión. La Virgen María, en el hogar de la Sagrada Familia, es referente, testimonio e inspiración para encomendar nuestros propios hogares.
El corazón de María está forjado en el amor de Dios, quien la eligió para que fuera la Madre de nuestro Salvador. Por eso, en su Inmaculado Corazón encontramos un testimonio muy valioso de cumplimiento y compromiso con su divina voluntad.
En estos días la invocamos con toda verdad como Amorosísima Madre, porque de su presencia solo obtenemos fortaleza y consuelo para responder al camino de Jesús y ser testigos de su Evangelio en medio del mundo. Vengamos todos a encontrarnos con la Madre del Señor, ella nos espera para animarnos en el camino de la vida.
Aprendamos de María a entregarnos y servir como ella lo hizo. Elevemos nuestra oración a la que nos mira y contempla asunta a los cielos. Ella nos espera y ora para que ninguno de nosotros perdamos nuestro camino de encuentro con el Padre.
Respondamos a su amor de Madre con el corazón confiado de hijos, como lo hizo el Señor. Que la peregrinación sea un signo de confianza y generosidad de nuestra parte, para aprender a responder con su ejemplo, colocando nuestro corazón en su Hijo Jesús. María sabrá colocar en el corazón de su Hijo nuestras súplicas, para que estos días sean de dicha y bendición.
Que hoy siempre, la Reina de los Ángeles los acompañe con su maternal auxilio.
















