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Mi Estrella del Mar

By Lic. Lisandra Chaves Julio 30, 2021

Yo reconozco que mi conversión es fruto de la oración de la Madre de Dios. Mi gran encuentro con Jesús se dio en la Basílica de la Inmaculada Concepción y mi primera oración de súplica fue en la Basílica Nuestra Señora de los Ángeles, sin embargo, donde siento que la Virgen me ha hablado más claro y fuerte ha sido en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en México. Aparentemente en mi vida no estaba la advocación de la Virgen del Carmen hasta que un día me encontré con una joven carmelita que ancló mi corazón al Carmelo.

Esa joven carmelita se llama Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz, Doctora de la Iglesia, cuyos escritos fueron como un amor a primera vista en mi alma. Hicimos un clic inmediato y desde que nos conocimos ya no pudimos dejarnos nunca. Con Teresita vino su familia entera, sus hermanos y hermanas carmelitas y también la Virgen del Carmen.

Cuando conocí la historia de la Virgen del Carmen y la entrega del escapulario a San Simón Stock me lo impuse de inmediato a través de un sacerdote y lo porto siempre conmigo, aunque no siempre de forma visible a los demás.

Muchas mujeres en la historia han seguido la devoción a la Virgen del Carmen a tal punto de vestir el habito café con el escapulario y ser parte de la orden de los carmelitas. Entre esas mujeres santas está mi querida amiga Teresita por quien llegué a amar esta hermosa advocación.

La Virgen del Carmen es también llamada la Estrella del Mar o Stella Maris ya que el Monte Carmelo en Israel funciona como un faro de referencia para las embarcaciones en el Mar Mediterráneo. Yo siento que ese fue el faro que salvó mi vida… no sé lo que sería de mí si la Virgen no hubiera rogado por mí, si no me hubiera tomado de la mano y no me hubiera llevado a su Hijo Jesús. Por eso ciertamente ella es la Stella Maris de los pecadores.

Para mí fue impactante saber que cuando exhumaron los cuerpos de los santos padres de Teresita, San Luis Martin y Santa Celia Guerin, sus escapularios estaban intactos, aunque todo lo demás había cedido a la descomposición y al tiempo.

He tenido muchos momentos de asombro relacionados con la Virgen del Carmen, quizás el más reciente estuvo en mi último viaje a México donde además de visitar a la Emperatriz de América la Virgen de Guadalupe, visité el Carmelo del Tepeyac donde las hermanas me llenaron de escapularios que ellas mismas confeccionan con pétalos de rosas sembradas allí mismo donde la misma Virgen María puso sus pies al presentarse a San Juan Diego y hacer brotar rosas para él. Esos escapularios son signos de protección materna y son muy preciados para mí.

Teresita del Niño Jesús no es mi única hermana y amiga de la orden carmelita, por ella me he acercado a otros como Santa Isabel de la Trinidad, Chiquitunga, Teresa de los Andes, Teresa Benedicta de la Cruz y varios más cuyo amor a la Madre del Señor es un don particular. Yo entiendo que Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz son los pilares espirituales del Carmelo, pero son quizás muy elevados para mí, así que mientras ellos hablan en lo alto del monte, yo me siento en la llanura a escuchar esas palabras traducidas de forma tan sencilla por Teresa del Niño Jesús, esa alma pequeña que pudo entender la mía de forma perfecta.

Portemos el escapulario de la Virgen del Carmen, es mi consejo. Cuando la Virgen por designio de Dios se ha presentado a nosotros siempre nos ha dado consejos importantes, el escapulario, la medalla milagrosa, el agua de Lourdes, la devoción a su Inmaculado corazón, el rezo del rosario diario… hagamos caso a la Madre de Dios, pues las mamás siempre quieren lo mejor para nosotros, Ella sabe por qué.

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