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Pastoral específica: crecimiento y gracia

By Joshua Abarca León II / Formando Discípulos Misioneros de Cristo Agosto 12, 2022

Soy seminarista de la Arquidiócesis de San José, oriundo de la Parroquia San Miguel Arcángel de Escazú, estoy en mi tercer año de formación, propiamente en el segundo nivel de la etapa Formando Discípulos Misioneros de Cristo, y es justamente en este año formativo en que se inicia la experiencia pastoral fuera de la parroquia de origen y en el cual se asignan a los seminaristas en una pastoral específica.

Para gracia y gloria de Dios y María Santísima en esta primera oportunidad fui asignado a la Parroquia Nuestra Señora de los Ángeles en Ipís de Goicoechea y en Pastoral Juvenil, como pastoral específica. Allí he tenido la oportunidad de conocer la misión y el papel que juega esta pastoral dentro del proceso evangelizador de nuestra Arquidiócesis, ya que sinceramente antes de ser seminarista no había tenido la oportunidad de pertenecer a una como tal.

En la parroquia, a este servidor y a mi compañero seminarista nos ha correspondido abrir dos nuevos grupos de Pastoral Juvenil post pandemia, particularmente en las filiales de San Miguel Arcángel en Rancho Redondo y en Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en Vista de Mar de Goicoechea. Esta tarea de arrancar desde cero ha sido muy valiosa y enriquecedora en mi formación porque así uno aprende, tal como hace el sembrador, a preparar la tierra, a cultivar la semilla, a regar y abonar lo sembrado, a aprender a cuidar el sembradío para que crezca con fuerza, sin desvío alguno y de frutos dulces “unos el ciento, otros el sesenta y otros el treinta por uno” (Cf. Mt 13, 8); uno aprende al compartir con los jóvenes a conocer el entorno y la realidad en la que viven, las necesidades que pasan, sobre todo hoy, cuando la crisis de la vida familiar afecta a tantos muchachos y en la que la parroquia puede brindar un espacio para formarse en la fe y crecer comunitariamente.

Uno de los momentos más significativos fue aquel encuentro en el cual se les vendó los ojos a los jóvenes y se les trató de perder y confundir en el camino con obstáculos hasta el final donde se iban a encontrar con Jesús Sacramentado. Ellos no esperaban ese maravilloso desenlace y quizás nunca habían tenido la oportunidad de encontrarse cara a cara y tan cerca con el Señor. Igualmente, una de las palabras de los jóvenes que más me ha calado, fue cuando uno de ellos describía a la Iglesia como “un hospital de enfermos” y enfermos no necesariamente físicamente sino del alma. Eso me hizo recordar el por qué llaman a los sacerdotes “curas”, porque ellos son el medio en que se manifiesta y revela el amor y la misericordia de Dios, ya sea en el sacramento de la reconciliación, en la visita a los enfermos, en el diario compartir con los fieles y muy especialmente en la Eucaristía.

Estas y muchas otras experiencias me hacen reflexionar sobre cómo estoy llevando este proceso formativo, sobre qué debo de mejorar y qué debo seguir impulsando; me afianzan a seguir perseverando y respondiendo sinceramente día a día como lo hizo María y a tratar de llevar a estos muchachos las palabras de San Juan Bosco: “No hay jóvenes malos, hay jóvenes que no saben que pueden ser buenos y alguien tiene que decírselos.”

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