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Sagradas Escrituras: Los orfebres amotinados

By Pbro. Mario Montes M. Octubre 08, 2022

Envió (Pablo) a Macedonia a dos de sus colaboradores, Timoteo y Erasto, y él permaneció en Asia un tiempo más. Fue entonces, cuando se produjeron graves desórdenes a causa del Camino del Señor. Un orfebre llamado Demetrio fabricaba reproducciones en plata del templo de Diana, proporcionando así abundante trabajo a los artesanos. Demetrio los reunió, junto con los que habían trabajos similares, y les dijo: “Ustedes saben perfectamente que nuestro bienestar depende de esta industria. Pero ahora ustedes mismos ven y oyen que no solamente en Éfeso, sino también en casi toda la provincia de Asia, ese Pablo ha conquistado y seducido a mucha gente, pretendiendo que los dioses fabricados por mano de hombre no son dioses. De esa manera, no solamente nuestra profesión está amenazada de caer en el descrédito, sino que el templo mismo de la gran diosa Diana corre el riesgo de ser tenido por nada, y aquella a quien adoran en toda el Asia y el mundo entero, terminará por quedar despojada de su prestigio”.

Al oír estas palabras, la multitud se enfureció y comenzó a gritar: “¡Viva la gran Diana de los efesios!”, y se produjo un gran desorden en la ciudad. Todos irrumpieron en el teatro, arrastrando a los macedonios Gayo y Aristarco, compañeros de viaje de Pablo. Pablo quería presentarse delante de la asamblea, pero sus discípulos se lo impidieron. Hasta algunos magistrados de la ciudad, que eran amigos suyos, le rogaron que no se expusiera yendo al teatro. Todo el mundo gritaba al mismo tiempo, ya que la confusión reinaba en la concurrencia, y la mayor parte ni siquiera sabía por qué se había reunido. Entonces hicieron salir de entre la multitud a Alejandro, a quien los judíos empujaban hacia adelante. Este, pidiendo silencio con la mano, quería dar una explicación a la asamblea.

Pero en cuanto advirtieron que era un judío, todos se pusieron a gritar unánimemente durante dos horas: “¡Viva la gran Diana de los efesios!”. Por fin, el secretario de la ciudad consiguió calmar a la multitud, diciendo: “Efesios, ¿qué hombre de este mundo ignora que la ciudad de Éfeso es la guardiana del templo de la gran diosa Diana y de su estatua venida del cielo? Siendo esta una verdad innegable, deben quedarse tranquilos y no actuar apresuradamente.

Esos hombres que ustedes trajeron, no han cometido ningún sacrilegio ni han dicho ninguna blasfemia contra nuestra diosa. Y si Demetrio y sus artesanos tienen una queja contra alguien, para eso están los tribunales y los procónsules ante quienes se pueden presentar las acusaciones. Si ustedes tienen que debatir algún otro asunto, se decidirá en la asamblea legal. Porque corremos el riesgo de ser acusados de sediciosos, a causa de lo que acaba de suceder, ya que no tenemos ningún motivo para justificar este tumulto”. Y con estas palabras, disolvió la asamblea (Hech 19,22-40).

 

Un Pablo “provocador”

 

Seguimos con San Pablo en su tercer viaje misionero y ¡miren lo que fue capaz de provocar! El relato de este acontecimiento de la vida del Apóstol, lo introduce San Lucas, diciendo: Después de esto, Pablo se propuso ir a Jerusalén pasando por Macedonia y Acaya. “Primero iré allí, decía, y luego tendré que ir también a Roma” (Hech 19,21), adelantando las dos próximas etapas del itinerario que realizará: Jerusalén y Roma.

Viene a continuación la revuelta de los orfebres (Hech 19,23-40). Después de mostrar que la fe en Jesucristo puede liberar de las ataduras de la magia (Hech 19,13-20), este episodio de la vida de san Pablo nos muestra la polémica entre el cristianismo y la religión griega tradicional que, bajo la apariencia de una piedad bien intencionada, era sostenida, en muchas ocasiones, por los beneficios que aportaba a sus prácticantes. Por otra parte, la diosa Artemisa, llamada también Diana entre los romanos, era según la mitología griega, hija de Zeus y Leto y hermana gemela de Apolo.

Siendo virgen, era considerada diosa de la fecundidad y representada en una imagen llevando muchos pechos y su veneración estaba muy extendida en Oriente. Su templo en Éfeso se contaba entre las maravillas del mundo antiguo y era uno de los centros bancarios de todo oriente. A su alrededor se desenvolvía un floreciente comercio religioso, que aquí vemos fue amenazado por la predicación cristiana, poco favorable a las imágenes (ver Hech 19,28; 17,29).

El acontecimiento tiene todas las trazas de ser histórico, aunque San Lucas lo utilice para subrayar la finalidad de su obra. Es uno de los pasajes de la Biblia más fácilmente actualizables. Hay detalles que suenan como si estuvieran describiendo modernas asambleas o manifestaciones (ver Hech 19,32). Igualmente la argumentación de Demetrio tiene un cariz del todo familiar. Se pone lo religioso como excusa, sincera o no, que encubre intereses económicos (Hech 19,25-27). Además de estos toques de realismo, que muestran cómo el cristianismo tropieza siempre con ciertos obstáculos, que forman parte de la naturaleza humana, el relato nos recuerda la repercusión del mensaje cristiano en lo material y cotidiano.

Como se ha indicado más arriba, es posible que San Lucas acentúe los aspectos positivos de la resolución judicial del conflicto (Hech 19,35-40). Hace ver cómo la autoridad ve objetivamente el cristianismo y no encuentra motivo alguno de peligrosidad en él, al considerarlo una religión lícita. Es uno de los momentos en que aparece con más claridad la intención lucana, de hacer ver las buenas relaciones existentes entre las autoridades del imperio y el cristianismo en estos primeros tiempos. Ya hemos visto en otras ocasiones que son hombres concretos quienes, por diversos motivos, ponen dificultades al mensaje cristiano, y no la oficialidad romana. Por su parte, el Papa Francisco enseña al respecto lo siguiente:

La difusión del Evangelio en Éfeso perjudica el comercio de los plateros -otro problema- que fabricaban las estatuas de la diosa Artemisa, haciendo de la práctica religiosa un verdadero negocio. Os pido que penséis en esto. Viendo disminuir esa actividad que producía mucho dinero, los plateros organizaron una revuelta contra Pablo, y los cristianos fueron acusados de haber llevado a la crisis el gremio de los artesanos, el santuario de Artemisa y el culto a esta diosa (cf. Hch 19,23-28)… (Catequesis del Papa Francisco, 4 de diciembre 2019, Audiencia General).

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