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Águilas Doradas: fútbol, fraternidad y misión en la Copa de la Fe 2026

By Pbro. Elí de los Ángeles Quirós López Septiembre 10, 2026
El equipo de las Águilas Doradas representó al clero nacional en la Copa de la Fe 2026. El equipo de las Águilas Doradas representó al clero nacional en la Copa de la Fe 2026. Foto cortesía.

Durante cinco días, del 7 al 11 de setiembre de 2026, Medellín, Colombia, se convirtió en un punto de encuentro para sacerdotes que, procedentes de distintos lugares de América Latina, cambiaron por algunos momentos los espacios habituales de su ministerio por los escenarios deportivos, sin dejar atrás aquello que constituye la esencia de su vocación: el anuncio del Evangelio y el servicio al Pueblo de Dios.

La undécima edición de la Copa de la Fe reunió este año a 32 selecciones provenientes de países como Colombia, Ecuador, México y Costa Rica. Entre los participantes estuvo, por primera vez, una representación de sacerdotes costarricenses, integrada por miembros del equipo Águilas Doradas de la Diócesis de San Isidro, junto con sacerdotes de otras diócesis y regiones del país.

La presencia de Costa Rica en esta edición nació, precisamente, del descubrimiento de una experiencia que llamó la atención de uno de los sacerdotes vinculados al equipo Águilas Doradas. Al conocer la iniciativa y el sentido que animaba este encuentro, se estableció contacto con la organización, desde donde llegó posteriormente la invitación para participar en el evento.

Así, Medellín abrió sus puertas a sacerdotes que llegaron con sus uniformes deportivos, pero también con la disposición de compartir la fe, encontrarse con otras comunidades y descubrir que la fraternidad sacerdotal puede fortalecerse también alrededor de un balón.

El padre Wildeman Betancur Montes, párroco de San Benildo Romansón, en San Antonio de Prado, capellán del Colegio San José de La Salle y miembro de la comisión organizadora del evento, recordó que la Copa de la Fe, desde su primera edición en el 2013 hasta hoy, ha ido creciendo, abriendo sus fronteras y acogiendo delegaciones de otros países. “La Copa tiene como objetivo no solo competir por un premio, sino integrar y acrecentar la fraternidad sacerdotal”, señaló el padre Betancur.

Pero, detrás de cada partido, cada gol y cada celebración existe un trabajo silencioso que comienza mucho antes del pitazo inicial. Organizar un encuentro de estas dimensiones implicó meses de preparación y la coordinación de numerosos aspectos. Al respecto, el Padre Bentancur, dijo: “No solo es pensar en patear el balón, en disfrutar los goles y decir: ‘¡Gané!, ¡soy campeón!’. Montar un evento de tan grande magnitud requiere de planeación, ejecución, control y evaluación; no es un evento que se monta en una semana o un mes”.

Al respecto, “la logística de la Copa de la Fe 2026 implicó atender a 761 personas, coordinando hospedaje, transporte, escenarios deportivos, árbitros, primeros auxilios, refrigerios, hidratación y, además, el componente pastoral que caracteriza de manera particular esta experiencia”, acotó el Padre Wildeman. “La preparación del evento ha sido una experiencia bonita. Pensar en acoger y hacer sentir bien a los visitantes fue un reto desafiante y lindo”, expresó el sacerdote colombiano.

La Diócesis de San Isidro y otros sacerdotes de Costa Rica participaron por primera vez en la undécima edición del encuentro internacional que reúne deporte, fraternidad sacerdotal y evangelización en Medellín, Colombia.

La Copa de la Fe no pretende separar el deporte de la vida sacerdotal. Por el contrario, busca que ambos espacios dialoguen. Después de los partidos y de la competencia, los sacerdotes volvieron a ponerse al servicio de las comunidades mediante visitas a enfermos, jornadas de confesiones y celebraciones de la Eucaristía, así como tiempo de fraternidad, recreación y compartir.

Así, las Águilas Doradas llegaron a Colombia para competir, pero también para compartir. En los escenarios deportivos se encontraron con sacerdotes de diferentes países y culturas; en las parroquias, con comunidades concretas; y en la misión, con la dimensión esencial de un ministerio que no puede reducirse a las tareas cotidianas.

Los resultados deportivos fueron parte de la experiencia, aunque nunca su único criterio de valoración. Costa Rica enfrentó en esta semana a la representación de Florencia-Yopal, encuentro en el que cayó con marcador de 9 a 2; posteriormente, se midió ante la Diócesis de Cúcuta, cuyo equipo obtuvo la victoria por 8 a 0. En la última jornada clasificatoria, el encuentro fue pactado contra la Diócesis de Socorro y San Gil, a quien Las Águilas vencieron este jueves 10 de septiembre con marcador de 3 a 0.

En cuanto a los goles patrios, estos fueron anotados por el Padre Randy Gamboa originario de la Parroquia de Buenos Aires de la Diócesis de San Isidro y el Padre Joan Manuel Vega de la Diócesis de Limón en el primer encuentro, y el preciado hat-trick por parte del Padre Randy en la despedida del evento. 

Sin embargo, la lógica de la Copa de la Fe trasciende el marcador final. El juego limpio, el respeto por el adversario y la fraternidad entre los participantes constituyen elementos fundamentales de la competición. Ganar es importante en todo deporte, pero en este torneo la victoria adquiere un significado diferente cuando se vive desde el respeto y la comunión.

En una Iglesia llamada constantemente a construir puentes, el fútbol se convirtió durante estos días en un lenguaje común. No importaba únicamente el país de procedencia ni el resultado alcanzado en la cancha. Allí estaban sacerdotes de distintas diócesis, con historias y realidades diferentes, compartiendo una misma vocación y encontrando en el deporte una oportunidad para renovar los vínculos de fraternidad.

Finalmente, los organizadores quisieron rescatar dos elementos importantes: “dar a conocer la Copa de la Fe en muchos lugares y valernos de este evento para seguir evangelizando. Es la oportunidad para mostrar el rostro de la Iglesia que ilumina los escenarios del mundo y que sigue siendo una voz fuerte de esperanza y de amor”, precisó el sacerdote cafetero, al tiempo que subrayó otra dimensión: el cuidado de los propios sacerdotes; pues, en medio de las múltiples responsabilidades pastorales, administrativas, espirituales y humanas que acompañan la vida cotidiana de los presbíteros, espacios como este permiten respirar de otra manera, compartir con hermanos de ministerio y descubrir que también la recreación, el descanso y la sana convivencia pueden convertirse en caminos para renovar las fuerzas.

Más allá de los goles recibidos o anotados, de las victorias o las derrotas de una tabla, la verdadera ganancia está en encontrarse en otro lugar: en la posibilidad de compartir la fe, estrechar la fraternidad y recordar que el sacerdote también puede evangelizar desde escenarios inesperados. En Medellín, durante cinco días, el balón rodó sobre la cancha. Pero junto a él también caminaron la misión, la fraternidad, la oración y el deseo de una Iglesia capaz de salir al encuentro.

Las Águilas Doradas regresarán con la experiencia de haber llevado por primera vez el nombre de Costa Rica a la Copa de la Fe. Y quizá esa sea una de las imágenes más significativas que deja esta edición: sacerdotes que, sin abandonar su identidad, encontraron en el deporte un nuevo espacio para ser hermanos, servidores y misioneros.

Last modified on Jueves, 10 Septiembre 2026 09:43

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