Setiembre es el Mes de la Biblia y siempre es una buena oportunidad para adentrarse en las Sagradas Escrituras. El Padre Jairo Francisco Cordero, párroco de Santa Bárbara de Heredia y especialista en Biblia, respondió a una serie de preguntas sobre La Palabra de Dios.
¿Cómo sabemos cuáles son los libros inspirados?
La certeza no proviene de que un libro cayera del cielo con una etiqueta de “inspirado”, sino de la tradición apostólica y la autoridad de la Iglesia asistida por el Espíritu Santo. En los primeros siglos, la Iglesia aplicó tres criterios principales para reconocer la inspiración:
-Apostolicidad: Que el escrito tuviera su origen en un apóstol o en su círculo cercano.
-Uso litúrgico: Que fuera leído de forma continua en las comunidades cristianas durante la Misa desde los primeros tiempos.
-Ortodoxia: Que su enseñanza fuera coherente con la “regla de fe” transmitida por Jesús.
Finalmente, fue en los Concilios de Hipona, Cartago y, de forma dogmática, en el Concilio de Trento donde la Iglesia discernió y fijó el canon oficial. Creemos en la Biblia porque confiamos en la Iglesia que nos la entregó.
¿Qué aspectos de la Biblia no deben interpretarse literalmente?
La Biblia no es un solo libro, sino una biblioteca con diversos géneros literarios (poesía, historia, parábolas, profecía, apocalíptica). No debe interpretarse de forma “literal” o fundamentalista. La Biblia puede tener errores en temas científicos, geográficos… Además, existen formas poéticas y alegóricas. Por ejemplo, los relatos de la creación (Génesis 1-2) no son manuales de biología, sino textos teológicos que enseñan que Dios es el creador de todo y que el ser humano tiene una dignidad única. También es el caso del lenguaje figurado. Cuando Jesús dice “si tu ojo te hace pecar, sácatelo” (Mt 5,29), habla mediante una hipérbole pedagógica, no ordena una mutilación.
¿Entonces no es un libro perfecto?
La Biblia no se equivoca. En el Concilio Vaticano II se proclamó que la Biblia es inerrante, es decir que no tienen ningún error, pero la materia sobre la que no tiene ningún error es sobre las cosas de la salvación. La biblia tiene otros elementos, informaciones históricas, geográficas, políticas… y va a tener errores de esa materia, puede haber errores históricos, científicos, geográficos, entre otros, pues la visión persona que escribe está condicionada por su tiempo, por su lugar y cultura, pasa por la realidad humana, por eso puede tender al error. Pero la Biblia tiene esa característica, no hay un error en absolutamente nada que tenga que ver con la salvación.
¿Por qué los Evangelios cuentan la misma historia con detalles diferentes?
Comprender esto cambia por completo la forma de leer la Biblia. Los Evangelios no son biografías modernas ni atestados policiales buscando una exactitud documental fría. Son testimonios de fe. Para entender sus diferencias debemos mirar cómo se construyeron. La investigación bíblica y la Iglesia nos enseñan que la formación de los Evangelios pasó por tres grandes etapas: las palabras y gestos del Jesús histórico, la predicación oral de los apóstoles tras la Resurrección y, finalmente, la redacción escrita entre los años 65 y 100 después de Cristo. Es en esta última etapa donde nacen las variaciones.
¿Cómo trabajaron los evangelistas?
No escribieron de la nada ni por dictado mecánico. Tuvieron fuentes. En la exégesis teológica hablamos del “problema sinóptico” para explicar por qué Mateo, Marcos y Lucas se parecen tanto y a la vez se diferencian. Hoy sabemos que Marcos fue el primer Evangelio en escribirse. Mateo y Lucas lo leyeron y lo usaron como armazón histórico. Pero, además, Mateo y Lucas compartieron una segunda fuente -que en teología llamamos la Fuente Q-, una colección de dichos y sermones de Jesús. A esto hay que sumarle las tradiciones propias de cada comunidad: Mateo conservó relatos que solo él tenía (como la visita de los Magos) y Lucas recogió testimonios exclusivos (como la parábola del Hijo Pródigo). Por su parte, Juan escribió décadas después desde una tradición teológica independiente, mucho más mística y simbólica.
¿Cada evangelista trabajó el material a su manera?
Exactamente. No fueron simples copistas, sino verdaderos redactores y teólogos. Tomaron esas fuentes y las adaptaron al perfil de sus oyentes. Mateo escribía a cristianos de origen judío, por lo que agrupó las enseñanzas de Jesús en cinco grandes discursos para presentarlo como el “Nuevo Moisés”. Lucas le hablaba a comunidades paganas y organizó todo el relato como un gran viaje hacia Jerusalén para resaltar la misericordia y la universalidad del mensaje.
¿Debemos ver esas diferencias como un problema para la fe?
Al contrario, son una riqueza. Piénselo como cuatro pintores retratando el mismo rostro desde ángulos y con luces distintas: la persona es la misma, pero cada lienzo resalta un matiz único. Las diferencias en los Evangelios no destruyen la verdad histórica; demuestran que el misterio de Jesucristo es tan inagotable que Dios necesitó cuatro miradas inspiradas por el Espíritu Santo para transmitírnoslo.
¿El Dios del Antiguo Testamento es diferente al del Nuevo?
No. Es el mismo Dios único, fiel y misericordioso. Lo que cambia es el nivel de la revelación pedagógica. Dios se reveló a la humanidad progresivamente, como un padre educa a un hijo según su capacidad de entender en cada época histórica. En el Antiguo Testamento vemos a un Dios que educa a un pueblo antiguo en un entorno rudo; en el Nuevo Testamento, en Jesús, Dios muestra su rostro definitivo. Todo el Antiguo Testamento encuentra su plenitud y correcta clave de lectura en la persona de Cristo.
¿Qué aspectos debe tomar en cuenta un católico al elegir una Biblia?
Dado que existen muchas ediciones, un católico debe prestar atención a tres elementos:
-Aprobación eclesiástica (Imprimatur y Nihil Obstat): Estos sellos se encuentran en las primeras páginas. Estas licencias garantizan que la traducción y las notas son fieles a la fe católica y que la edición contiene los 73 libros completos (incluyendo los 7 deuterocanónicos del Antiguo Testamento que las biblias protestantes no incluyen, como Tobías o Sabiduría).
-Calidad de las notas explicativas: Busca una Biblia de estudio con buenas notas al pie de página que expliquen el contexto histórico y teológico.
-Tipo de traducción según tu objetivo: Para estudio profundo y oración. Para lectura pastoral y ágil.

















